Capítulo 8

El resto del viaje en el crucero fue sin inconveniente. Debido a la molestia que tenía Gabriel, pasó por alto el tener relaciones con Selene. Estaba buscando la manera de no tener que recibir al Sacerdocio o a sus esposas a su clan. El tiempo pasaba y más se frustraba en pensar en que su hermoso pajarito iba a volar lejos de su jaula de oro.

¿Qué pasaría si Nikolas y ella hablaban? Él no tenía el poder suficiente para enfrentar al mafioso, pero haría hasta lo imposible para que ellos no tuvieran el mínimo contacto. Sabía que Selene no lo amaba, pero tampoco iba a compartirla. Se la dió, así que ella le pertenecía y nadie se la tenía que quitar.

—Selene, ¿por qué simplemente no te conocí antes? —se lamentó el alemán, mientras las esposas de los tres mafiosos se instalaban en la habitación con su esposa.

Hasta al perro feo de Irlanda se habían traído a su casa.

—Gabriel, voy a llevar a mis amigas a que conozcan el albergue en donde suelo trabajar. Ahí están las mujeres del clan, así qu
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