La primera Navidad que Gema voló a casa, se extrañó al no ver a la señora Petrov esperándola. Ivanna adivinando la pregunta silenciosa que brillaba en sus ojos, le dijo que esta no se sentía bien y estaba descansando. De inmediato fue a verla para saludarla y le sorprendió lo envejecida que la encontró, según le comentó su mamá, su corazón estaba dando problemas.Esa Navidad por primera vez en muchos años no vio a Konstantin, él estaba en Oxford, tenía guardias muy seguidas, la residencia para un joven médico era muy exigentes por lo que rara vez iba a Londres. Respiró aliviada, sentía un poco de culpa por haberse marchado sin hablar con él, sin ni siquiera un adiós. Cuando le preguntó a Alexa si él había preguntado por ella, su prima le comentó que, aunque nunca había dicho nada, al parecer estaba resentido con ella por no contarle que se iba.―Yo pensaba que eran amigos, me extrañó que nos pidieras que no le contáramos nada de tu viaje.―No lo éramos tanto, y yo no quería contar nad
Gema miró la hora en su reloj y decidió que era muy temprano aún para salir, con nerviosismo se paseó por la sala, mientras Claudia la miraba con una sonrisa maliciosa. Po enésima vez miró el reloj y soltó un bufido exasperado, el taxi que había reservado más temprano aún no llegaría.―¡Por Dios! Gema siéntate, me duele el cuello de mirarte ―Pidió su amiga.Gema la fulminó con la mirada, pero le hizo caso y se sentó.―Quisiera que me hubiese dado más detalles de con quien cenaríamos, no sabía que ponerme ―Se quejó Gema.―No te preocupes por eso, estás maravillosa, elegante y sexy sin caer en lo vulgar.―¿Saldrás hoy?―No, me terminaré el libro de Bella antes de dormir.Una corneta les anunció que el taxi había llegado. Gema saltó de su asiento y caminó a la puerta.―Suerte ―Le alcanzó a gritar Claudia antes de que cerrara la puerta.Respiró profundo antes de bajarse del taxi para llegar al restaurante, habían quedado en verse allí. Después de cenar Jules la llevaría a casa, por primer
Su segundo año de la maestría fue más intenso que el primero. La presión de entregar una tesis de alto nivel, más sus salidas con Jules, la mantuvieron casi todo el año en los Estados Unidos.Acababa de entregar su último trabajo para terminar sus estudios cuando recibió una llamada de su madre.―Hola cariño ―saludó Ivanna con voz temblorosa.―Mamá, ¿qué ocurre? ―preguntó Gema ante la voz llorosa de su madre.―Es la señora Petrov, bebé, murió mientras dormía.Gema se dejó caer en el sofá y con una mano se tapó la cara, su llanto desconsolado asustó a Claudia que se acercó preocupada porque Gema nunca lloraba, era la persona más serena que conocía.―Lo lamento, cariño, sé cuánto significaba la señora Petrov para ti, espero que puedas venir al funeral.―Iré, mamá, necesito estar allí, lamento mucho haber estado ausente este año.―Todos lo entendimos, ella en especial, tenías asuntos que solo tú podías resolver.Acongojada, regresó a casa para el funeral de su abuela honoraria . Al llega
Alexa acababa de terminar la carrera de medicina y comenzó a hacer la residencia en Londres. Estaba comprometida para casarse el Día de San Valentín con un médico ruso. Había conocido a Nikolái, su prometido, a través de Alexander, era un joven médico de veintiocho años especialista en el hospital donde este trabajaba.La boda de Alexa fue un acontecimiento familiar, bonito y tradicional, que duró dos días y al que la familia Kuznetsov acudió al completo. Durante el primer día se celebró la ceremonia civil comenzando en la mañana con el rescate de la novia. Nikolái superó la yincana que idearon las amigas de Alexa y le entregó a su prometida un ramo de flores como muestra de su amor. Después de eso se celebró la ceremonia civil en un conocido hotel de la ciudad. Gema escrutó a las invitadas esperando ver a la rubia que vivía con Konstantin, pero al ver que no estaba presente pudo relajarse y disfrutar. El segundo día se celebró boda eclesiástica, Alexa lucía hermosa y muy enamorada d
Konstantin respiró profundo y con paso decidido entró al salón donde se celebraría el banquete de bodas, lamentó mucho haberse perdido la ceremonia eclesiástica, pero tuvo una emergencia con uno de sus pequeños pacientes y no pudo dejarlo hasta que lo estabilizó. Ese era el precio que pagar por haber escogido esa profesión y que no cambiaría por nada del mundo, amaba ser médico. Una vez que traspasó las puertas paseó la mirada por el lugar porque sabía que Gema estaría allí. A pesar de todo el tiempo que había transcurrido desde la última vez que la vio en el funeral de la señora Petrov se sintió como el día en que la conoció: emocionado y ansioso.Su mirada la buscó hasta encontrarla, estaba hablando con Ivanna. Como si presintiera que él la miraba, Gema levantó sus ojos y sus miradas se cruzaron. Como siempre ocurría no podían dejar de mirarse, era como si al hacer contacto visual un hilo los encadenara y solo podían romperlo cuando alguien o algo tiraba de alguno de los dos. En su
Konstantin, salió del hospital agotado, tuvo guardia de veinticuatro horas y llevaba casi cuarenta y ocho horas sin dormir. Entre la pelea con Sophie, la emergencia de su paciente, la boda de su hermana y la guardia se sentía como si lo hubiera pisado un elefante. Sonrió con tristeza, se le estaba pegando las frases de sus pacientes, ninguno de sus chiquillos los había pisado un elefante, pero tenían mucha imaginación, Se preguntó que habría ocurrido con Sophie que no se presentó a la guardia, el jefe de residencia comentó que había tenido un problema familiar y tomó dos días de los que le debían de vacaciones. Entró a su apartamento sin ganas de verla, ni de pelear de nuevo con ella. Las luces estaban apagadas lo que le extrañó porque ya había anochecido. ¿Habría salido Sophie? Encendió la luz de la sala. Fue directo a la nevera, sacó una cerveza de las que ella tomaba, la destapó y le dio un trago largo. Arrugó la cara, pero se la tragó. No acostumbraba a beber cerveza, le gustaban
―¿Qué quieres ir a dónde? ―preguntó Gema sorprendida.―A un club de estriptis ―respondió Claudia con mirada divertida.―Hay tipos buenorros allí, pero ¿no te da un poco de repelús? ―indagó Gema fingiendo un estremecimiento.―No quiero ir a ligar a un club de estriptis para mujeres, quiero ir a uno para hombres ―afirmó categóricamente Claudia, aunque su sonrisa tenía un poco de picardía.―¿Y para qué demonios quieres ir a un club de estríper a ver a un grupo de guarras restregarse contra los hombres? ¿O acaso te has vuelto lesbiana? ―preguntó Gema con el ceño fruncido. Ante la pregunta de su amiga Claudia soltó una carcajada, negando con la cabeza.―No, no me he vuelto homosexual, voy a clases de Pole Dance[1]. Es un excelente ejercicio y me gusta ir a ver las rutinas y descubrir nuevos movimientos ―alegó su amiga cuando pudo hablar de la risa.―¿En serio? ¿Vas sola a esos antros? ―curioseó Gema con una sonrisa pícara ―No voy sola, casi siempre Thom me acompaña.Gema abrió la boca
Konstantin no se sentía cómodo en aquel sitio, no era que no hubiese ido anteriormente cuando era un joven y cachondo estudiante de primer año, pero sus colegas japoneses le pidieron ir y no tuvo forma de negarse. Los hombres estarían poco tiempo en el país, se irían en cuanto acabase el congreso. Debido a la fluidez del lenguaje, había sido a él a quien le tocó buscar una sala y una chica para un baile privado. Avisó a los japoneses que todo estaba preparado y se dirigieron hacia allá.Gema estaba furiosa, se había reconciliado consigo misma y decidido darle la oportunidad a Konstantin de demostrar que era la clase de hombre que ella necesitaba en su vida. Ambos habían tenido una semana bien ocupada, él con un congreso, ella con la compra de una compañía, pero habían hablado todas las noches. Largas llamadas nocturnas con palabras susurradas cuando ambos estaban en la cama. La noche anterior lo llamó pasada las doce y hablaron casi una hora, quedaron en verse el fin de semana cuando