MadisonLuego de terminar la primera sesión de terapia con Alec (planeada con las recomendaciones del psicólogo), nos encaminamos a la casa de Patrick.No puedo mentirme a mí misma, por mucho que intente fingir que no pasa, cada vez que me conecto con él de alguna forma; como cuando tomé sus manos en el jardín de la casa; siento que mi corazón se acelera, el sudor nervioso me corre por la frente y mis mejillas se ponen tan rojas que podría freír un huevo en ellas.Vamos en el auto en silencio. No sé por qué de pronto a Alec se le ha metido la idea de visitar a Patrick, como si de pronto le importasen otras personas además de él. Lo más sorprendente de todo es que ha decidido traerle una sopa de pollo caliente, medicamentos, y un video juego de play station 4 para que pase el tiempo.—No sabía que conocías los gustos de Patrick —comento cuando veo el juego en sus manos.—¿Acaso crees que no hablamos en las noches? Él me ha estado cuidando desde que pasó todo esto —dice señalando sus pi
AlecSé que Madison trató de pretender que no sucedía nada, sin embargo, su actitud cambió de forma radical cuando estábamos por llegar al auto. Algo le llamó la atención en ese bar, solo, no pude determinar de qué se trataba. No le vuelvo a insistir en el tema, pero no soy tonto.Debería dejarlo por la paz, después de todo, tal vez ni siquiera sea nada; el problema es que no puedo hacerlo. Su manera de reaccionar me intriga demasiado.Volvemos a la casa ya más tranquilos. Luego de haber visto a Patrick, puedo saber que al menos lo he ayudado en algo.Ni bien entramos, no pasan ni cinco minutos cuando llaman a la puerta.—¿Quién podrá ser? —me pregunto en voz alta.—Voy a abrir —dice Madison.Da la vuelta en el pasillo y a los pocos segundos escucho la voz de mi abuelo al fondo. No puedo evitar girar los ojos con fastidio, la última vez que nos vimos no quedamos en los mejores términos.Vienen hablando muy animados, el tono de voz de mi abuelo es tan fuerte, que escucho la conversació
MadisonSon como las diez de la noche, todas las luces están apagadas y Alec y su esposa están durmiendo plácidamente en sus respectivas camas. Yo por otro lado, estoy calzándome el último zapato, lista para escabullirme en medio de la oscuridad como si fuera una ladrona.Me pongo de pie de la cama y me acerco a verlo dormir. Me costó trabajo esperar a que cayera profundo, porque al parecer, no podía conciliar el sueño. Veo su pecho subir y bajar de forma relajada, en definitiva, está bien dormido, aun así, paso mi mano rápidamente por el frente de su cara para comprobarlo.Un mechón de su largo cabello le cae en la frente, así que lo aparto con cuidado.—Lamento tener que ocultarte esto Alec, pero tengo que averiguarlo primero —susurro.Salgo por la puerta que da al jardín y pego una carrera hasta el otro lado de la casa para salir por el portón del garaje. Esta es la única oportunidad que tengo para encontrar a esa mujer, si es que sigue ahí, y descubrir de una vez por todas qué es
MadisonMe siento como en una de esas películas de acción y suspenso. Casi como cuando John Wick se infiltra en el hotel buscando a los que lo quieren asesinar para hacerlo primero.Por supuesto, lo mío no va a terminar en sangre y cuerpos cortados por todos lados. Solo quiero hablar con ella sobre esa noche.Avanzo por el pasillo lentamente, precavida de no toparme con ningún otro guardia. Si me llegan a pillar aquí, entonces ahí sí que pensarán que soy una acosadora. Llego hasta la puerta de los camerinos. Está abierta así que paso sin más y me escondo detrás de una cortina negra que cubre una pared de ladrillos.Hay tres chicas allí que se están cambiando, incluyendo a la rubia con la que quiero hablar: Cristal.—¿Por qué saliste así del escenario? ¿Qué pasó? —le pregunta una de ellas.—Me sentí mal, es todo —responde con la mirada perdida. Está poniéndose la ropa de salir, es obvio que piensa huir de allí.—¿Estás segura? Puedo acompañarte al hospital o a casa.—¡No! No te preocup
AlecSolo falta un día para el cumpleaños de Madison, y por alguna razón eso me tiene ansioso e incluso un poco incapacitado para pensar con claridad.Tengo cinco minutos intentando leer el documento frente a mí, pero no lo consigo. Veo las letras, mi cerebro las lee, mas, no soy capaz de interpretarlas.Arrojo la carpeta a la mesa y me estrujo los ojos con insistencia. ¿Por qué no puedo sacarla de mi mente ni un segundo?Me digo a mí mismo una y otra vez que se trata de mi maldita curiosidad. Esa noche que llegó tarde de la nada, y luego al día siguiente se va casi al medio día por más de una hora.No he podido dejar de pensar en lo que pudo estar haciendo en realidad. Ella me dio excusas, como era de esperarse, pero por supuesto que yo no me creí nada de lo que dijo. No dejo de preguntarme si se tratará de su prometido allá en Irak. Quizá volvió y no quiere decírmelo…—Eso no puede ser —digo en voz alta.Tocan a la puerta de la oficina dos veces, con un grito de “pase”, doy el permi
MadisonEstoy tan molesta que ni si quiera puedo pensar con claridad. No voy a perder el tiempo explicándole a Alec por qué debería darme el día libre, después de todo, ni siquiera debe saber que hoy es mi cumpleaños.Casi nunca quiere hacer nada, pero hoy al parecer tiene ganas de hacer de todo. Me ha hecho despertar temprano y además de lo usual, me ha pedido que me cambie yo también.—No puedes llegar con uniforme a donde vamos —asegura una vez más, mientras me miro al espejo.—¿Y a dónde vamos? No me has dicho.—Ya lo verás cuando lleguemos allá.Mi celular suena por quinta vez en la mañana. En su mayoría, amigos recordando mi cumpleaños, pero esta llamada en particular es especial, pues se trata de mi padre y mi hijo.—Ya vengo —le digo y salgo disparada del cuarto antes de que me pregunte de quién se trata.Me voy hasta el otro lado de la sala y recién contesto antes de que se cuelgue.—¿Hola?—¡¡Feliz cumpleaños!! —gritan al unísono en mi oído.—Gracias papá, Caleb —respondo co
Alec—Tengo algo más para ti —digo sacando la pequeña caja negra que compré hace tres semanas en la joyería.Ella me mira con sorpresa, la toma, pero no veo que tenga intenciones de abrirla.»Ábrela —le pido.Sus ojos se iluminan cuando ve el collar de alas de ángel. Esa había sido la recomendación que me ofreció la vendedora cuando le dije lo que ella significa para mí.—¿Esto es para mí? —pregunta.—Sí, es lo que representas para mí. Te has convertido en una especie de ángel de la guarda.Madison se ve realmente hermosa. Ahora mismo no quiero pensar en nada, solo quiero dejarme llevar y vivir este momento con ella. Le hago una seña para que se voltee y poder ponerle el collar. Queda perfecto en su cuello.—No sé qué decirte —comenta luego de girar, con las mejillas rojas.—No digas nada, no hace falta —aseguro.Estoy demasiado cerca de su rostro, y todo lo que deseo ahora es besarla. Tal como aquella vez, solo que ahora no tengo ganas de controlar estos impulsos. Siento mi corazón i
MadisonEsperar dos horas para saber el estado de mi hijo ha sido sin duda la peor tortura que he podido vivir alguna vez. Me siento terrible por haber ignorado y minimizado sus síntomas. Si su padre estuviera vivo, estoy segura de que me odiaría por haberlo descuidado.Tenemos toda la tarde aquí, Alec no se ha movido del hospital en ningún momento, sin embargo, ahora no tengo cabeza para pensar en él o en lo que sucedió entre los dos en ese karaoke, mucho menos tengo ganas de procesar lo culpable que me siento por casi haber cometido un grave error.El hecho de que no lo haya besado no anula que yo lo haya deseado, que quería besarlo, aun a sabiendas de que está casado; en especial después de lo que descubrí de su esposa y la clausula de infidelidad.No puedo ser cómplice ni partícipe de eso, sin importar lo que sienta de verdad, no puedo hacerle eso a Alec.Y por supuesto, tampoco puedo olvidar que soy una mujer comprometida, ¿cómo puedo si quiera pensar en otro hombre, cuando Liam