HUMILLACIÓN PÚBLICA.

HUMILLACIÓN PÚBLICA.

Mientras Julián intentaba tranquilizar a Elara, Victoria se deslizaba entre los invitados con una sonrisa que apenas disimulaba sus verdaderas intenciones. De repente, el murmullo del salón se convirtió en un estruendoso aplauso. Nathaniel, del brazo de su madre, hizo una entrada triunfal. Los invitados se giraron para admirar a la matriarca y a su hijo. Elara, de pie junto a Julián, sintió cómo la ansiedad se apoderaba de ella. Su corazón latía con fuerza, y un sudor frío recorría su espalda.

―No te preocupes. ―Julián se inclinó para susurrarle al oído con una confianza que ella no compartía. ―Mi madre va a amarte. Se ve dura, pero… la conquistarás.

Elara lo miró, confundida por su optimismo. Luego, sus ojos volvieron a la pareja que avanzaba a través del salón. Nathaniel, por su parte, había detectado a Elara junto a su hermano desde el momento en que entró. Sintió un nudo en el estómago al verla allí, tan cerca de Julián y tan lejos de él. Pero tuvo que mord
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