—¿Si, pero él tardara mucho? Verás…
—Eleanor – la miró – la paciencia es una virtud… sé que tus padres han estado así, por pocos años… entiendo que estés desesperada por tenerlos de vuelta. Pero si no te calmas, tendremos que ir a visitarte a ti al hospital. Terminaras volviéndote loca.
—Tienes razón… – bajó la cabeza.
—Mira a Neville, años tratando de hacerlo, despacio, paso a paso… y ahora ve sus frutos y se siente tan bien…
—Me imagino… a él le dolía estar sin sus padres. – De pronto la puerta de calle se abrió. Todos se dieron vuelta para ver quién llegaba, pero eran varias personas. Emerson reconoció enseguida a la abuela de su amigo…. Todavía tenía ese viejo sombrero oscuro con el que se la había visto siempre, y el bolso rancio del mismo color. Ella venía tomada del brazo de un hombre algo calvo, y demacrado, el señor Frank Moore. Detrás de ellos, una mujer de cabellos blancos, Alice, abrazada a su hijo. Aquí todos abrieron los ojos. Neville no se parecía en nada al joven que conocieran en La Universidad de Cambridge. Tenía una seguridad al caminar y un porte tan masculino… Emerson no podía cerrar la boca del asombro.
—¡Neville! – Sophie se levantó como si tuviera un resorte y salió en encuentro de su esposo. Este la abrazó sonriendo y le dio un suave beso.
—Hola Sophie – dijo cariñosamente – Veo que tenemos visitas — dijo mirando a todos. – ¡Buenas tardes! ¡Emerson amigo! – abrazó al pelirrojo y después a todos los demás – Realmente esperaba que tu… – dijo acercándose a Eleanor. — ¡Te apostaras en frente de mi oficina del hospital apenas abrieras el periódico! – la abrazó
—¡Neville! Yo…
—Miren déjenme presentarles a mis padres — Se saludaron afectuosamente. Todos los Rose se quedaron sorprendidos y esperanzados, al ver a los padres de su amigo, hablar normalmente, y mantener una conversación coherente. Al cabo de un rato, Neville habló — Bueno, disculpen, pero mis padres deben descansar… abuela, Sophie ¿podrían acompañarlos? — Las mujeres asintieron y se llevaron a los padres escaleras arriba. – Y ustedes – dijo mirándolos seriamente. – síganme por favor – Los hermanos Rose y Farrah se levantaron y siguieron a Neville hasta un despacho, en el que tenía una cantidad importante de libros… la mayoría según pudo observar Eleanor de plantas exóticas y medicina moderna, así como vieja… algunos que parecían ser de hacia siglos, y diccionarios médicos. – Ustedes dirán… — los miró.
—Neville… sé que has hecho un descubrimiento muy importante… y nosotros queríamos saber… cómo lograste…
—Eso no puedo decírtelo Eleanor – dijo sonriendo. – te imaginarás que lo que he descubierto es, sin error a equivocarme el mayor logro médico hasta ahora descubierto… hacer que la gente que ha sufrido un daño que parecía incurable, se recupere sin más signos que el paso del tiempo… — suspiró.
—Realmente no queremos saber los ingredientes, Neville – dijo Emerson – Queremos saber si cabe la posibilidad de que mis padres…
—¿Se recuperen? – todos asintieron – en un cien por ciento – Todos sonrieron esperanzados – Sin duda, sus padres… y déjenme decirles que los he visitado muchas veces… son especiales – Todos lo miraron expectantes – En verdad…
—Mis padres, están como los tuyos estaban… no nos reconocen…
—Pero tienen idea de quien es Carlisle. – Eleanor lo miró duramente. – Sí, he seguido el caso de tus padres, y me han comentado de sus cambios de humor cuando él, los visita… es un caso raro… y mira que no es su hijo…
—El caso es… – dijo Eleanor interrumpiendo bruscamente. – Si existe la posibilidad de que mis padres vuelvan a ser los de antes de… lo que les paso…
—Si, pero déjame decirte que decir posibilidad me ofende – ellos lo miraron. Él sonrió. – ¡es un hecho! La medicina es efectiva con seguridad – la rubia no resistió mucho y se abrazó a Neville. Este se puso colorado.
—Gracias, Neville no sabes los felices que nos haces…
—Gracias Eleanor… pero suéltame, mi esposa es algo celosa ¿sabes? – todos rieron, ella se soltó.
—Lo sé, es mi amiga… la conozco.
—Sólo tenemos que ver cuando podemos darles la medicina a nuestros padres… — Neville se puso serio de repente, cosa que hizo dejar de sonreír a todos.
—Bueno, eso es un problema… — Todos lo miraron. – Veras, mis padres no son los únicos en los que he probado la medicina… He experimentado con ratas y otros animales mamíferos para ver si el efecto era para todos por igual, y lamentablemente los ingredientes con los que la he preparado… ya no dispongo de materia prima. Lo siento.
—¿Qué problema puede haber? Sólo debemos comprarlos…
—Eleanor, si leíste el diario, yo he puesto a mi disposición mis honorarios para todos aquellos que quieran utilizarla… pero déjame decirte que los ingredientes…
—Por eso hemos venido – dijo Emerson – queremos ser parte de… eso. Queremos que nuestros padres sean parte de tu investigación…
—Bien…— dijo algo apagado— eso es bueno… pero aún sin mis honorarios, el tratamiento es algo caro…
—¿Qué quieres decirnos Neville? – dijo Farrah, ya que todos los hermanos al oír estas palabras enmudecieron.
—Es que… como les dije, ya no disponemos de materia prima para elaborar la medicina…
—Si – dijo Eleanor – y como yo te dije, podemos comprarlas…
—Eleanor – dijo tratando de que ella entendiera. – Mira, estos ingredientes, no se encuentran en cualquier botica… yo tuve que vender la casa de mi abuela para poder comprárselos a la tribu de Nepal en donde Sophie encontró uno de los ingredientes… una planta muy exótica, y como tal, casi a punto de extinguirse…
—¿Quieres decirnos, que no puedes realizar la medicina, porque es muy cara ¿Cuánto puede costarnos? – preguntó Ferdinand.
—Sé que esto puede ser algo…
—Neville, no nos importa tener que vender lo poco que tenemos… te aseguro que no escatimaremos en sacrificios, si de tener a nuestros padres con nosotros se trata… — dijo Emerson.
—Entiendo, muchachos, pero es… muy complicado conseguir una planta en especial. La flor exótica que tenía en mi casa, es fácil de conseguirla, yo mismo la he hecho reproducir y tengo una plantación considerable…
—Pero…
—La otra planta… la que compramos con Sophie en Nepal… es muy complicada conseguirla… hay una plantación en ese país, pero protegida salvajemente por una tribu y el gobierno de ese país, para evitar su extinción; y como hay muy pocos ejemplares…. Su precio es alto… demasiado cara a mi entender. Yo traté de reproducirla aquí… pero por alguna extraña razón, no he podido lograrlo… Sophie está investigando. Tal vez si tuviéramos la oportunidad…
—¿Cuánto? – dijo Eleanor – cuánto costaría ir allí y traer esa dichosa planta milagrosa? – lo miró.
—Si ustedes están dispuestos a aventurarse en esa empresa… tal vez podríamos quedarnos algún tiempo, analizando el suelo, para así poder reproducirla y evitar el encarecimiento de la medicina…
—¡Claro, lo típico ¿Para qué publican una cosa como ésta, si no está al alcance de todo el mundo?
—Eleanor cálmate – dijo Ferdinand, acercándose a su hermana y abrazándola – tal vez podemos costear… cuánto debemos darte para que puedas ir y…
—¿De cuánto tiempo estamos hablando para que hagas todo eso? –
—Bueno… de cinco a seis meses, en conseguir los elementos específicos… y tres meses más para la elaboración, y teniendo en cuenta que debe estar en reposo cinco meses…
—Mas de un año – suspiró Eleanor. — Al menos sabremos que papá y mamá estarán con nosotros para ese tiempo — miró a Neville. – ¿cuánto dinero necesitas?
—Bueno… según mis cálculos…— miró a todos nerviosamente – treinta mil euros. – los seis Rose y Farrah, lo miraron sin creer.
—Pero dijiste que donabas tus honorarios…— Dijo ofuscado Emerson.
—Emerson… Con mis honorarios serían cuarenta mil… — un silencio se apoderó de la oficina, sólo rompiéndose en la mente de Eleanor, quien se preguntaba con angustia, dónde demonios conseguirían tanto dinero.
Los Rose estaban devastados cuando llegaron a la cocina de aquella casa que una vez fue la más alegre, luego de su visita a los Moore. Eleanor era la más afectada. Parecía que un desalmado le hubiera dado con un palo en la cabeza. Estaba aturdida y no escuchaba a sus hermanos. Como un animal de costumbres, puso la tetera al fuego para tomar un té. Perdida en su mundo interior, trataba de buscar la forma de encontrar tanta cantidad de dinero, pero no podía encontrarla, no había una manera posible de reunir ese dinero en poco tiempo…ni siquiera en un año entero trabajando todos.Una mano femenina pasó por delante de su cara y la hizo volver a la realidad. Farrah, la miraba preocupada. Había visto una esperanzada Eleanor, ir a la casa de su amigo, y ahora la rubia estaba como dos metros bajo tierra, de lo decaída que se mostraba. Farrah le apoyó una mano en el hombro y le sonrió. Ella sólo la miró, no entendiendo el gesto de su amiga. Farrah, hizo una mueca parecida a una sonrisa y fue h
Sabía que no se encontraría en su casa, así que se fue directamente a su oficina. Kalem trabajaba en una empresa de bienes raíces, que tenía algunos negocios con el mundo empresarial. Cuando llegó a la recepción, una bonita secretaria, la miró y con una sonrisa en los labios, le explicó a qué piso debía ir. Era la primera vez que lo visitaba en su trabajo. No le gustaba molestarlo… Pero esa ocasión lo ameritaba. Sus hermanos se habían complotado para pedirle ayuda a ese infeliz, sin tener en cuenta el dolor y el odio que Carlisle Stone causaba en su hermana. Subió al ascensor y a los pocos minutos llegó al noveno piso. La estancia era bastante acogedora. Se acercó a una de las tantas secretarias.—Buenos días señorita — dijo Eleanor. — podría decirme cuál es la oficina del señor Kalem Green? ——Es la última de la derecha — Eleanor le agradeció y se encaminó hacia el lugar. Al llegar, otra secretaria un tanto más bonita, la miró expectante. Ella se había quedado bloqueada… Kalem le hab
—Ah… — dijo la secretaria. — el señor… Creo que dijo Emerson Rose, ha estado esperándolo más de una hora. Dice que necesita hablar con usted…—Bien…— se acercó lentamente. Emerson distraído, no supo de la presencia de su amigo, hasta que no estuvo a más de tres metros y escuchó la voz de la secretaria. El pelirrojo se levantó de golpe y puso sus manos al costado del cuerpo. Hacía cuatro años que no se veían, y no tenía idea de cómo reaccionar ante él. ¿Qué debía hacer?… darle la mano ¿Abrazarlo? Afortunadamente para él, Carlisle fue el que habló primero.— ¡Vaya, Vaya! ¡Si no lo veo no lo creo! — río malignamente. — ¿qué te trae por aquí… Rose? — Emerson lo miró. Ni un hola, ni un cómo estás… ese no parecía su amigo. — Me perdonarás que no te salude efusivamente… — lo miró con rabia. — Si mal no recuerdo, ustedes no me despidieron afectuosamente…—Carlisle…—¿A qué has venido? — dijo en una voz gélida.—Necesito hablar contigo… es algo importante.—Importante… ¿tu, Emerson Rose hablan
—No puedes ser tan…—Déjame a mí, decidir lo que soy — dijo serio. — ¿Te interesa mi oferta? Al menos no te vas con las manos vacías. Tienes una oportunidad.—Carlisle…—A decir verdad… tu hermana la tiene. Solo quiero ver… — sonrió. — Qué tiene que decirme ahora…—No creo que venga — él soltó la puerta.—Dile que el destino de sus padres está en sus manos… que si ella no viene… será la culpable de que Molly y Leonard estén como vegetales de por vida… — la puerta se cerró dejando a Emerson totalmente desconcertado.Eleanor caminaba de un lado al otro de su habitación… hacía rato que Emerson había ido a entrevistarse con Carlisle Stone y todavía no llegaba. Trataba de pensar cómo reaccionaría si Carlisle aceptaba y les otorgaba el préstamo… ¿Cómo reaccionar ante eso? De seguro no podía dar marcha atrás a lo que pensaba… y si Carlisle aceptaba, se convenció que sería sólo por el gran cargo de conciencia que tendría… “Después de todo, mis padres están en esta situación por su culpa” “¡Ka
—Bueno textualmente dijo “Dile que el destino de sus padres está en sus manos… que si ella no viene… será la culpable de que Molly y Leonard estén como vegetales de por vida…” —La rubia se tapó los oídos y no quiso oír más. Esa frase había caído en su mente como un hachazo y le había destrozado el cerebro. Se levantó rápidamente y se metió en su cuarto.— Por eso no quería que Eleanor estuviera aquí y se enterara de las cosas… — siguió Emerson — Es mejor dejarlo como está. Ella nunca irá, y no quiero exponerla a la furia de Carlisle.—¿Tan cambiado está?—Si no supiera que él es Carlisle, no lo habría reconocido…si hubieras visto sus ojos Farrah… te congelaban los huesos… no tiene sentimientos… está vacío por dentro.—No lo creo… sólo está dolido… Si Eleanor fuera…—¿Crees que odiándolo como lo odia irá? ¿Y Crees por alguna razón que Carlisle la tratará como antes? — río amargamente Emerson.Su novia no contesto. Ella sabía perfectamente de los sentimientos que Carlisle tenía por su
Tres horas estuvo sentada en la sala de espera…miraba el gran reloj que colgaba de la pared insistentemente. El no daba señales de atenderla. Ya varias veces había molestado a la secretaria, para preguntarle cuando iba a poder verlo. La mujer sólo se limitaba a decir que Carlisle estaba muy ocupado y que esperara. Se había leído todas las revistas que había en una mesita… Tomó al menos tres cafés. Ya estaba cansada de estar sentada y para peor tenía hambre. Miró el reloj otra vez… ya era mediodía… cuatro horas esperando, y él ni señales. “Sólo media hora más y luego te vas" Era la tercera vez que lo decía… pero se negaba a cumplirlo. Tenía que hablar con él, y quitarse ese problema lo más rápido posible.—¿Eleanor? — alguien la había conocido — ¿Eleanor Rose? — ella miró a quien le hablaba y sonrió realmente sorprendida.—¡Profesor Beckett! — dijo, y de un salto se acercó y abrazó a su antiguo profesor.—¡Te veo y no lo creo! — rió David. — ¡Estás hermosa!—No exagere profesor… — dijo
El la miraba de arriba a abajo. — ¿Qué haces Rose? ¿Sabe tu novio que estás aquí?—El no… no metas a Kalem en esto — lo miró a los ojos. — Y como si no supieras a qué vengo.—Bien… vas directo al punto… eso me gusta. — encendió un cigarrillo — ¿quieres uno?—No tengo esos vicios.—Mala suerte — el humo salió de su boca. Eleanor hizo una mueca de fastidio. — ¿No te gusta el humo? — ella negó. — te aguantas entonces… estás en mis dominios… aquí se hace lo que quiero.—Bien… dime qué quieres…—¡Wow, Rose¿Tanto te molesta mi presencia?—¿Para qué negarlo? — lo miró. — me enfermas… aún sigo pensando lo mismo de ti… así que…—¿Tienes el descaro de llegarte hasta aquí y decirme eso? ¡Mal chiquita, empezaste muy mal tu discursito!—¿Por qué no? El hecho de que me vea obligada a venir…—¡Nadie te obligó! — dijo cortante.—¡No seas tan cínico! Sabías muy bien que vendría… que haría cualquier cosa por ver a mis padres como antes…—¿Cualquier cosa? — ella se tensó. — ¿Qué tal si te pido un fin de
Eleanor Molly Rose era la típica chica inglesa. No muy alta, de cabello lacio, color rubio dorado y una piel muy blanca adornada por graciosas pecas alrededor de su pequeña nariz. Era demasiado delgada, pero, aun así, tenía una belleza especial. No era como las grandes beldades Evana Brown o su hermana Gabrielle, capaces de hacer desnucar un tipo, por sólo voltear a verlas, pero se defendía. No en vano hizo suspirar a varios chicos en la escuela. Tenía 23 años y una nada despreciable profesión, que, si bien no le daba grandes satisfacciones económicas, al menos la ayudaba para sobrevivir y ayudar en el mantenimiento de su casa. Porque, a pesar de ser una mujer independiente, todavía vivía en la casa de sus padres. Era algo más fuerte que su misma independencia, necesitaba estar ahí y recordar todas las cosas felices del pasado. Tenía un novio, desde la escuela. Quizás esto era lo más paradójico en ella. Desde los 16 años, se descubrió terriblemente enamorada del “tipo más odioso de la