Capítulo 82: Inspiración en la CotidianidadA medida que comenzaron a trabajar en el proyecto, Mariana y Elena decidieron documentar sus días en París a través de la lente de sus respectivas artes. Era una forma de captar la esencia de la ciudad que las había acogido, un lugar donde cada rincón estaba lleno de historia y vida. Se aventuraron por las calles empedradas, explorando desde los mercados bulliciosos hasta los tranquilos jardines ocultos entre los edificios.Mariana y Elena capturaban escenas de la vida cotidiana: los vendedores de flores en la calle, con sus sonrisas brillantes y sus ramos coloridos, los cafés llenos de risas y conversaciones que se entrelazaban en el aire como una melodía. Mariana se sentía inspirada por la visión de Elena, su energía creativa era contagiosa. Cada día, después de largas jornadas explorando la ciudad, regresaban a su estudio, donde compartían lo que habían recolectado: fotografías, bocetos, ideas y reflexiones.Con cada pincelada, Mariana se
Capítulo 83: Reconocimientos y OportunidadesA medida que avanzaba el proyecto, la noticia de la colaboración de Mariana y Elena comenzó a extenderse como un rumor contagioso en el mundo del arte. Las redes sociales, los blogs y las conversaciones en los cafés parisinos amplificaron su trabajo conjunto. Un crítico de arte influyente, conocido por su ojo agudo y su estilo provocador, se interesó por la exhibición y decidió asistir a su inauguración. Para Mariana y Elena, esto era una oportunidad que podría cambiar el rumbo de sus carreras.Las semanas previas a la inauguración fueron frenéticas. Ambas trabajaron arduamente, eligiendo cuidadosamente cada pieza para mostrar la conexión entre sus dos disciplinas. Mariana pasaba horas en su estudio, dando los toques finales a sus pinturas, mientras Elena capturaba los momentos más inspiradores en su cámara. La tensión se sentía en el aire, pero también una emoción indescriptible. Era como si el arte que estaban creando las uniera más que n
Capítulo 84: Las Sombras del PasadoA medida que Mariana disfrutaba del reconocimiento por su trabajo, una mezcla de orgullo y ansiedad la acompañaba. Las luces brillantes de los elogios y el éxito iluminaban su presente, pero, al mismo tiempo, sombras del pasado se proyectaban en su mente. Recordó momentos difíciles que había enfrentado en su camino como artista: las dudas que la asediaban, la voz crítica en su cabeza que, a menudo, parecía más fuerte que cualquier ovación que recibiera.Una noche, mientras contemplaba las estrellas desde el balcón de su apartamento, el silencio le permitió reflexionar. La brisa suave acariciaba su piel, pero su corazón se sentía pesado. Sentía que, a pesar de los aplausos, algo en su interior aún no estaba en paz. Con una mezcla de ansiedad y determinación, decidió que debía compartir sus sentimientos más profundos con Alexander, su confidente y apoyo incondicional.— "A veces siento que este éxito no es real. Que soy una impostora," admitió Mariana
Capítulo 85: Un Encuentro InesperadoUna tarde, mientras paseaba sola por el vibrante barrio de Montmartre, Mariana sintió que el aire fresco y el bullicio de la vida parisina la envolvían en una burbuja de creatividad. Los artistas callejeros llenaban el ambiente con música y risas, y los colores de las pinturas que adornaban los muros hablaban de historias que solo el arte podía contar. Mientras caminaba, disfrutando del momento, una figura familiar cruzó su camino.— "¡Mariana! No puedo creer que seas tú," exclamó David, un viejo amigo de la universidad. Su rostro se iluminó con una sonrisa amplia, como si el tiempo no hubiera pasado. Se abrazaron con entusiasmo, un gesto que evocó recuerdos de largas noches de estudio y conversaciones apasionadas sobre el arte y la vida.— "David, ¡qué alegría verte!" respondió Mariana, sintiendo una oleada de felicidad. "He visto tu trabajo en línea, y es impresionante."— "Gracias. He estado aquí en París un tiempo y he estado trabajando como cu
El sonido constante de los autos y la mezcla de idiomas en las calles inundaron los sentidos de Mariana mientras salía del aeropuerto Charles de Gaulle. París, la ciudad que siempre había soñado conocer, se extendía ante sus ojos con una mezcla de encanto y vértigo. Para una joven de 25 años que había crecido en un pequeño pueblo, la idea de estar en la capital mundial del arte y la moda se sentía irreal.Con una maleta en mano y su portafolio de diseño de interiores al hombro, Mariana se repetía una y otra vez que debía mantenerse tranquila. Había trabajado duro para obtener esta oportunidad, un proyecto internacional en el que nunca imaginó que participaría tan pronto en su carrera. La empresa constructora de lujo "La Vie Élite" la había contratado como parte de un equipo joven para la renovación de una mansión histórica en los suburbios parisinos.Pero su emoción estaba teñida de nerviosismo. Ser la única latina, joven y sin grandes contactos, la hacía sentir fuera de lugar en un m
Al llegar a la enorme entrada de hierro forjado, se detuvo por un momento para admirar el edificio. La mansión era impresionante, con detalles arquitectónicos que reflejaban siglos de historia. Mientras avanzaba, una figura apareció en la entrada: Alexander.Era más alto de lo que había imaginado, vestido impecablemente en un traje gris oscuro, con el porte de alguien que está acostumbrado a dominar la situación. Su rostro mostraba una seriedad imperturbable, y sus ojos oscuros parecían observarlo todo sin realmente permitir que nadie lo viera a él. Había algo magnético en su presencia, una mezcla de misterio y poder que intimidaba a todos a su alrededor.— "Señorita García, bienvenido a París." —dijo Alexander con una voz baja y controlada.Mariana se tensó, sorprendida de que supiera su nombre. Su tono era educado pero distante, como si cada palabra estuviera cuidadosamente calculada.— "Gracias, señor Moreau." —respondió ella, intentando sonar más confiada de lo que realmente se se
Esa noche, mientras Mariana caminaba por las calles iluminadas de París, su mente no dejaba de darle vueltas al breve momento compartido con Alexander. Sentía que había algo más en él, algo más allá del hombre frío y distante que todos describían. ¿Sería posible que, detrás de su máscara, hubiera alguien con quien pudiera conectar? ¿O solo estaba viendo lo que quería ver?De regreso en su pequeño estudio, se sentó junto a la ventana que daba al bullicio de la ciudad. La vida nocturna parisina brillaba bajo sus ojos, pero en su mente solo estaba él. Alexander Moreau. Su nombre resonaba una y otra vez. ¿Por qué la afectaba tanto un simple intercambio de palabras?Sabía que estaba jugando con fuego. No solo por las diferencias evidentes entre ellos —su edad, su posición social, su riqueza—, sino porque él no parecía el tipo de hombre que dejara entrar a alguien fácilmente. Y aun así, había algo en su mirada, en esos segundos en los que había dejado de lado su profesionalismo, que la inqu
A medida que avanzaba el proyecto, la cercanía entre Mariana y Alexander se volvía más evidente para el equipo. Aunque sus conversaciones eran pocas y siempre en el contexto del trabajo, había algo en la manera en que se miraban que no pasaba desapercibido.Sin embargo, a pesar de los pequeños momentos de conexión, Alexander mantenía su distancia emocional. Cada vez que Mariana pensaba que estaban avanzando, él volvía a levantar una barrera invisible, como si temiera dejarla entrar en su mundo. En más de una ocasión, Mariana se preguntó si valía la pena intentar entenderlo, pero algo en su interior le decía que había mucho más detrás de su comportamiento.Un viernes por la tarde, después de una larga reunión, Alexander la detuvo justo cuando ella estaba por salir de la mansión.— "Mariana, me gustaría hablar contigo un momento."El tono de su voz era suave, pero firme, lo suficiente como para que ella sintiera un nudo en el estómago. ¿Había cometido algún error? ¿Había algo que no le