Capítulo 35

Sus ojos seguían abiertos, fijos en el techo, mientras el pasado danzaba, casi burlón, frente a él.

Su corazón se llenaba de congoja, una sensación tan fresca como si hubiera cometido esos errores ayer.

«Elisa tocó desesperada la puerta de su departamento. Al abrirle, vio sus ojos enrojecidos y su ceño fruncido.

Llevaba un chaleco largo sin mangas de tela fresca color café. Las ojeras en sus ojos hundidos le daban un aspecto cadavérico.

—Te llamé muchas veces. ¿Por qué no contestabas? —le reclamó entre gritos llenos de veneno.

—Salí del país. Te lo dije. —Aunque no le debía ninguna explicación.

—¿Seguro? ¿No será que te escondías de mí? —Su mirada se estrechó, y una de sus manos se posó en su vientre.

—Te avisé con tiempo. Mi abuelo me quitó el celular —respondió con fastidio.

—¿Te quitó el celular? —el tono de Elisa adquirió un dejo de sorna, y una carcajada sarcástica salió de sus labios resecos—. ¿Tienes doce años?

Axel puso los ojos en blanco. Sus hombros se tens
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