—Entonces, yo tendré que acatar tus órdenes —concluí.—Para que la relación funcione deberás hacerlo —explicó—, en algunos casos.Sentí la impotencia burbujear en mi pecho, para subir poco a poco hasta mi cabeza y crear un caos.—No creo que funcione si lo que tengo que hacer es acatar tus órdenes como si fuese tu empleada —gruñí.—Lo estás malentendiendo —trató de explicar.—¿Malentenderlo? Lo que me dices es que la relación será según lo que tú desees y yo tendré que acatar todo sin rechistar.—¡Claro que no fue lo que quise decir! —exclamó, arrugando su entrecejo—. Sabes bien que si hacemos todo según como a ti te gusta, jamás podremos vernos y nos aburriremos en gran manera. No te gustan las fiestas, no te gusta socializar y odias los lugares públicos.Abrí la boca con impresión.—Entonces, para ti soy una aburrida.—No… cariño, yo no creo que seas una aburrida. Nada más que…—¡No me llames cariño, no soy tu cariño! —espeté.Adam puso los ojos en blanco.—Evie… por favor, no comie
20 de junio 2021.Querido, Davison. Todas las noches, cuando te extraño, escribo una carta. Al tenerla terminada, la leo e imagino que estás sentado frente a mí y es como si estuviéramos conversando; así, justo como esa tarde en la playa, donde pude tenerte frente a mí, después de todos estos años. Cuando puedo leerla, me imagino tu reacción con cada palabra y hasta los comentarios que me dirás. En la primera carta que escribí, me sentí avergonzada, era como si estuvieras observándome y te dieras cuenta de mis sentimientos repentinos despertados al aceptar que te amaba. Pero, después todas estas confesiones se volvieron en mi refugio. Se suponía que solo duraría tres meses el tiempo en que hablaríamos, pero los meses se convirtieron en años. Y las cartas se acumularon, hasta convertirse en todo un diario que mostraba mi vida. Una vida en la que nosotros y la distancia que nos separaba se convirtieron en los protagonistas. La carta que más recuerdo es la que te di en una playa co
“Si no vienes, iré a tu casa y te cogeré allí mismo” leí.—Es un idiota —solté y dejé el celular a un lado del escritorio. Pensé que hasta Adam Sanders tendría un límite, no sería capaz de hacer algo como aquello.Me concentré en leer el libro que llevaba estudiando toda la mañana. Mi madre no se encontraba en la ciudad, había viajado a supervisar las reparaciones de la vieja casa que había heredado de mis abuelos, justamente la casa que años después yo terminaría heredando y donde Hugo intentaría asesinarme.Natalie y Marco habían salido al cine, en una cita romántica y gracias a eso yo disfrutaba de una tarde de soledad, de esas que tanto me gustaban.Estuve un buen rato leyendo, alrededor de una hora, hasta que escuché que sonó el timbre. Alcé la mirada del libro, teniendo una premonición, ¿podría ser capaz Adam de llegar a mi casa?Sacudí la cabeza, él no sería tan loco, sabía perfectamente cómo era mi familia y el gran problema que podría ganarse si lo hacía. Aunque… él no es co
Después de volver a la casa, agotada por el largo día de trabajo, comencé a buscar las llaves de Adam por todo el apartamento, maldiciendo el momento en que acepté dejarlo entrar.Podía escuchar el ruido de fondo que hacía el televisor de la otra esquina de la sala donde mi madre y mi hermano veían televisión, pasaba en ese momento las noticias de la noche.—¿Qué tanto buscas? —preguntó mi madre.—Unas llaves, a Sebastián se le quedaron; o eso es lo que dice —mentí, me agaché para buscar debajo del mueble.—¿En qué momento llegó un amigo a la casa? —indagó mi mamá sin dejar de ver la televisión.—Hace dos días —respondí—, pero vino de paso a dejarme después de la fiesta.—Creo que las vi —intervino Marco—. Me parece que las dejé en la canasta de la cocina cuando limpié anoche.—¡¿En serio?! —solté emocionada, alzando la mirada, rápidamente me reincorporé y caminé a paso ligero hacia la cocina.Encontré las llaves en el mesón de la cocina, en un rincón, dentro de la canasta de paja don
Me encontraba en mi habitación, repasando la agenda con todos los logros de la semana y las tareas aún no hechas. Después de haber dormido por cuarenta minutos, me sentía recargada para seguir con la larga jornada diaria que me esperaba al tener que arreglarme para llevar las llaves a Adam a su apartamento. Por la ventana de mi habitación se apreciaba el cielo azul, las grandes nubes que sobrevolaban lentamente el lienzo y también apreciaba algunos pájaros revolotear en las puntas de los árboles de mango y trupillos.El edificio donde vivía quedaba en una calle medianamente empinada, así que daba una vista del parque y la ciudad muy hermosa, sobre todo por lo tranquilo que solía ser la mayor parte del tiempo.Me gustaba cuando podía estar en casa en las horas de la tarde, cuando la oleada de sol de las doce a las tres de la tarde ya había pasado y comenzaba a llegar el frescor con la brisa tranquila que mecía los árboles. Solía abrir la ventana y corría las cortinas grises de la ha
El interior del apartamento de Adam tenía olor a lavanda, me recordaba a la casa de mi abuela dicho aroma, sobre todo me remontaba a mi infancia, cuando corría en pañales por el pasillo que conectaba el comedor con la cocina vieja.Pero al recorrer el interior de aquel grande apartamento, me desconectó con los recuerdos, el lugar no tenía ningún parecido con la vieja casa de mi abuela.El recibidor era de doble altura, conectado con un pasillo largo, donde el lado derecho había ventanales gigantes que miraban hacia el exterior, mostrando el pomposo paisaje urbano; caía la tarde, manchando con colores anaranjado, rojo y rosado pálido el cielo azul. Por encima del pasillo se veía la madera oscura expuesta que iba en línea recta y se conectaba con un super espacio de sala y comedor, donde el plafón estaba iluminado directa e indirectamente.Quería abrir la boca de la impresión, pero me contenía para así no darle gusto a Adam de presumirme su dinero.Ahora que no había ninguna fiesta, sin
El celular comenzó a timbrar a las diez y media de la noche, era mi madre Olga quien estaba preocupada porque no respondía los mensajes. Fue en ese momento que aterricé en la realidad. Parpadeé dos veces cuando aceleradamente contesté la llamada y me alejé hasta el corredor que conectaba con el recibidor.—Hola, mami —dije casi a susurro, intentaba arreglar mi voz y no arrastrar las palabras con la lengua, ya que el alcohol comenzaba a subir a mi cabeza.—¿Dónde estás? ¿Por qué no contestas mis llamadas? —preguntó mi madre por medio de la línea.—Ah, es que… estoy en casa de una amiga, tenía el celular en silencio —me excusé, intentando pensar en qué parte de mi mentira tenía algo de verdad, porque era cierto que hasta ese momento me acordé de que mi celular estaba en modo silencio.—¿Te vas a quedar en casa de una amiga?No sabía qué responder, normalmente cuando me quedaba con alguna amiga por la noche, nunca llegaba a casa hasta la tarde del día siguiente.—No lo sé… —respondí, me
11 de junio de 2020:Querida persona que lee esta carta (si es que existe). Debo confesar que mi mayor felicidad y maldición es mi costumbre de escribir cartas. Ahora mi intención es dejar de escribirle cartas a D, así que se las comenzaré a escribir a quien termine encontrando este escrito. Debo confesar el por qué mi cambio tan abrupto, sobre todo de la intensión de llenar la caja morada con más y más sobres, es que, ¿para qué la construí si no la lleno de cartas? En ella están mis momentos más preciados, conectado con los objetos, como el pétalo de la primera rosa que me obsequiaron; el papelito con el lindo mensaje que me regaló en la escuela el niño que gustaba de mí; la primera carta que escribí y las demás que llegaron como escapatoria para mi cúmulo de sentimientos. Nunca he tenido novio. He tenido intentos de relación, pero no un novio como tal. Esto no es malo, porque es un estilo de vida que he decidido tener. Me dije hace mucho tiempo que no soportaré vivir en una rel