El frio comenzaba a calar en los huesos tan despiadadamente que parecía que aquella agonía no tendría final. La nieve entraba por aquella pequeña ventana y las crueles brisas invernales se colaban dejándola entumecida sobre aquella raída colcha que sobre el suelo había dejado para ella. Sus dedos comenzaban a verse azulados, estando segura con ello de que había caído en un estado de hipotermia. Y cada uno de sus pensamientos, iba dirigido a Ares Fenrir, aquel Alfa del que ella se había enamorado caprichosamente y debido a una obligación que le habían encomendado.¿Iba a morir en ese sitio? Congelada como una rata de campo que no había alcanzado a guarecerse hasta el regreso de la primavera. ¿Para qué había sido todo aquello? La respuesta era simple: para absolutamente nada. Deseaba que el llegase por ella, deseaba que Ares apareciera por aquella puerta de hierro y la tomara entre sus brazos para decirle que todo estaría bien…pero Adara sabia, que aquello no pasaría.“Eres bonita, me g
Amor, posesión. El deseo irrefrenable de tener a esa mujer para sí mismo. La obsesión que le generaba, la desesperación que sentía. Aquellos cabellos rubios que tomaba con brusquedad, aquella mujer debajo de el a la que tomaba sin piedad o remordimientos como un salvaje incapaz de frenar sus más bajos, oscuros y profundos deseos. La piel blanca se había enrojecido, y aquellas marcas de golpes y de arañazos, danzaban al ritmo del vaivén de sus feroces estocadas. Aquellos quejidos no eran de placer, si no, de dolor, y a Elijah poco o nada le importaba estarla lastimando. —Shh calla mujer, aún no he terminado — Aquella dama de compañía, apretaba las rojas sabanas de seda intentando soportar el dolor que aquel hermoso hombre le provocaba. Todas las prostitutas de aquel elegante burdel, ya lo conocían; el temible cazador que las visitaba dos veces al mes, y, si tenías la desgracia de ser rubia, te tomaría como una fiera salvaje sin ningún tipo de contemplación. No podía quejarse, no podía
Años atrás… Los helados bosques cercanos a Brasov eran terriblemente fríos aun en verano, su extraordinaria belleza y el sin fin de turistas que llegaban desde todo el mundo atraídos por ella, lo volvían un territorio adecuado para la caza, aquel solitario castillo que se mantenía oculto de la vista de todos, era considerado como un tesoro nacional y fuente innegable de turismo que cada año, atraía a un desfile de personas que llegaban con la ilusión de ser partícipe de alguna de sus muchas leyendas…aunque, por supuesto, y muy típico de la naturaleza humana, cuando se encontraban con una leyenda encarnada lo único que siempre atinaban a hacer era huir…aun cuando esto no les serviría para nada. Los guardias humanos que se mantenían vigilando el castillo, siempre se mantenían alejados de los oscuros recovecos y los traicioneros pasillos, las coloridas multitudes que solían visitar aquel antiguo lugar que databa del siglo XIV en primavera, solían siempre tener a uno o dos incautos que
Estar enamorado, es una sensación de plenitud y felicidad como nunca antes se ha experimentado. Amor desde el corazón, desde el fondo del alma, entregándose por completo a los sueños e ilusiones de un día, es el acto más puro e inocente que un ser puede cometer. Aquellos besos, aquellas caricias, eran todo lo que ella había soñado durante tanto tiempo, añorando el momento de una entrega en que solo el amor se haría presente, dejando los prejuicios y el dolor atrás…sin embargo, cuando era el desamor el que golpeaba, rompiendo ilusiones y sueños color de rosa, el alma quedaba fragmentada, sintiendo un dolor terrible e inimaginable.—Eres hermosa…Eufemia…Aquellas caricias que sentía suavemente como un roce sobre su erizada piel, aquel camino de besos que recorría su húmeda intimidad…aquel pecaminoso deseo que la hacía sentirse como una nube; tan ligera y tan libre, que no deseaba perder nunca.Ares, alguna vez, hacía ya demasiado tiempo, lo había sido todo para ella; aquel primer amor q
El amor de una madre es sagrado, el primero y verdadero que experimentamos en la vida, y aquel al que nunca podremos simplemente olvidar. Una madre, por su amado hijo o hija, es capaz de darlo todo, incluso, la propia vida. Aquella calidez, aquel sacrificio, la más noble de las entregas que se da por genuino y verdadero amor, uno incondicional.Eufemia observaba nuevamente oculta entre los pilares, a aquellas madres que junto a sus hijos habían llegado buscando un refugio para sus seres más amados. Observaba como aquellas, muchas de ellas, alguna vez la habían humillado por ser una mestiza, incluso, alegrándose cuando fue cruelmente expulsada fuera de la manada Fenrir con la esperanza de volverla a ver. Sin embargo, en aquellos momentos no veía a esas mujeres con rencor; la mayoría de ellas recientemente se había convertido en madres, y cuidaban con tanto amor y desvelo a sus hijitos, que ella no pudo odiarlas. Tocando su ya crecido vientre, la hermosa rubia sintió un nudo lastimándol
El viento sonaba fuerte y embravecido, moviendo violentamente las copas de los árboles. Aquella nevada, se había convertido en una tormenta helada que era capaz de estremecer a cualquiera. Ni una sola alma se alcanzaba a ver fuera de la mansión Fenrir, ni siquiera había guardias haciendo sus rondas. Era imposible salir con ese clima salvaje e inhóspito que, hacia fuera, y Adara, en silencio, agradecía enormemente el estar dentro con la calefacción y la chimenea encendidas…de haber pasado la noche en el agujero de ratas en donde Félix Farbauti la había puesto, no habría logrado sobrevivir.—Veo que estás muy entretenida viendo la tormenta, hubiera sido terrible si siguieras en los calabozos, habrían amanecido siendo una paleta de sangre pura en tono azulado y vaya problema que habría sido el sacarte tiesa de ese sitio —Mihai entraba en aquella habitación en medio de burlas dirigidas hacia la hermosa loba que a cambio lo miró con rencor. Aquel mestizo era realmente una enorme molestia,
El frio invernal calaba en lo profundo de los huesos, y el calor de la chimenea, en ocasiones, no era suficiente para calmar el frío que yacía en el alma. Aquella camisa tenía impregnado su aroma, aquel de bosque salvaje y amaderado que le traía recuerdos de esas pasionales entregas que hubo entre los dos. Ares se había marchado a pelear por lo que genuinamente le pertenecía, y Eufemia sabía que aquello sería peligroso. Estaba siendo vigilada; aquel Alfa no era un tonto, y suponía que ella intentaría escapar de una u otra manera…aunque esta vez, no quería huir de el para siempre. Sin embargo, su padre había iniciado aquel conflicto y estaba segura de que ella era la razón de todo; Noah debía de haberlo encontrado, y seguramente había legado a las tierras Fenrir con la intención de rescatarla, por ello necesitaba intervenir para así evitar un derramamiento de sangre innecesario.Sintiendo el aroma de su hombre en aquella elegante camisa, sintió la necesidad de verlo, de tenerlo a su la
El viento soplaba con fuerza, trayendo a su olfato aquel aroma conocido de las tierras en las que había crecido para convertirse en un líder. Su padre, el terrible Enegor Fenrir, era bien conocido por su crueldad, pero tambien, por su valentía, inteligencia y poderío para mantener sus tierras sin invasores durante su mandato como el Alfa. Las flores blancas crecían en aquella pradera que se hallaba en los límites de sus dominios, y aun cuando el peor invierno cayera en aquellas llanuras y valles inhóspitos, esas flores no dejaban nunca de crecer…y cubrían cada tumba de aquel cementerio.Ciclamen.Ese era el nombre de aquellas flores, y desde tiempos inmemorables, crecían sobre las tumbas de sus ancestros. Mirando aquel cumulo de tierra que se hallaba ya completamente cubierto de ellas, Ares se hincó un momento frente a él; había odiado a su padre durante casi toda su vida, sin embargo, en aquel momento en que estaba a punto de librar una batalla para recuperar lo perdido, tan solo pod