Poco después, la niña despertaba pidiendo alimento, lloraba sin pararse poniéndolos nerviosos a todos. — Sergey, la nena parece ser igual de impaciente que tú. Con decirte que a los tres meses de nacido, tú padre tuvo que darte un par de nalgadas porque te estabas ahogando al llorar. Te amabamos, por dios que sí, eras nuestro primogénito y nuestro único hijo, pero eras un niño muy difícil y malhumorado. El llanto de la niña no cesaba, no fue si no hasta que la enfermera trajo la mamila que su padre la alimentó y se calmó. — Que terrible que llore tanto, ¿Qué vamos a hacer si por las noches no se duerme, papá? — Pues la vamos a regresar aquí al hospital, Aleksey. No nos podemos quedar a un bebé que llore demasiado, ¿Cierto, papá? — A veces me preguntó que estaré pagando contigo, Alexandro. No vamos a regresar a la bebé al hospital aunque llore toda la noche. Ella es parte de nuestra familia, y con nosotros se va a quedar. — El CEO se escuchó firme, así a los trillizos les
Sergey no había cuidado a sus trillizos de recién nacidos. Pero cuidar a su nena era agotador. No los dejaba dormir una noche de corrido, y estaban siempre muy al pendiente de sus necesidades. Al cumplir el pequeño bebé Roby y la bebé Serena tres meses, asustaron a sus padres muchísimo por primera vez. Los CEOS habían llegado del trabajo, sus pequeños estaban despiertos, ellos acababan de comer, los quitaron de los brazos de sus madres para ayudarles a sacar el aire dándoles palmaditas en la espalda. Mientras lo hacían las palabras de cariño no faltaban hacia los hermosos niños. Cuando de pronto la niña y el niño vomitaron el costoso y fino traje de sus padres. — Isabella, ¿Qué le pasa a la nena? ¡Creo que se ha enfermado, volvió el estómago, debe de estar muy enferma, rápido, hay que llevarla a la clínica! El CEO estaba a punto de salir con la niña para subir de nuevo a su coche. Pero la voz de su esposa lo detuvo. — Sergey, la nena está bien, ella acaba de comer, est
El resto de la tarde los esposos Rossi estuvieron enfadados. No habían llegado a un acuerdo sobre lo que Griselda estaba pidiendo. El CEO se metió a bañar para cambiarse de ropa, su hijo lo había vomitado, después salió y se metió al cuarto del pequeño a jugar con él, por último lo arrulló cuando se quería quedar dormido. — Ahhh... ¿Y ahora como voy a hacer para contentar a tu bella madre? Ella quiere regresar a trabajar, pero ahora estás tú aquí, no podemos salirnos los dos de la villa y dejarte en manos ajenas, ¿Qué crees que debería decirle? Cuando el CEO volvió a la habitación, se encontró con que Griselda estaba leyendo un libro, ella estaba ya en pijama. — ¿Roby se quedó dormido? — Si, se acaba de quedar dormido, me traje el radio para escuchar si se despierta, también prenderé la pantalla para verlo. — Gracias, estaré pendiente. — Griselda regresó la mirada al libro, ignorando a su marido. — Tengo hambre, ¿Bajamos a cenar? — No tengo apetito, me quedaré aqu
Al día siguiente, las niñera se quedaron a cargo del pequeño Roby. El CEO dejó instrucciones precisas para su cuidado. El niño debía ser tratado como un príncipe, ya que era el tesoro de sus padres. Los esposos acordaron que el CEO llegaría primero a la empresa para tantear el terreno. Cuando a la empresa vieron arribar al elefante y atractivo hombre de profundos ojos azul violeta. Además de no poderle quitar la mirada de encima también les sorprendía su visita. El no solía visitar la empresa muy seguido, se sabía que era un hombre muy ocupado. — Buenos días señor Rossi. Bienvenido a su empresa. — El guardia de seguridad de la recepción daba la bienvenida a su jefe. — Buenos días. Señorita, avisé a todos los jefes de departamento que estoy aquí y que los quiero ver en la sala de juntas en... diez minutos. — Ordenó el CEO a la recepcionista. — Enseguida me pongo en eso CEO Rossi. Ismael no se quedó en la recepción, subió al elevador para ir al piso de gerencia. Tenía
El jefe del departamento de contabilidad, llegaba con unos apuntes importantes a la junta. Se trataba de un hombre que se tomaba muy en serio su trabajo, Sebastián Delfino era el mejor en su área. — Señor Delfino, ¿Duda usted de mis capacidades? Soy un gerente con mucha experiencia. — No lo dudo, pero si experiencia no sirve de nada si no la pone en práctica, así que... Bienvenida gerente Smith, puede contar con el departamento de contabilidad, trabajaremos codo a codo con usted. — Se lo agradezco, señor Delfino. Su ayuda me va a venir muy bien. apenas terminemos con esta junta me gustaría verlo en mi oficina. — Por supuesto, incluso llevaré los libros de contabilidad para que los revisemos juntos. Decir que la bella mujer no había impactado al contador sería mentir. El aura angelical, la belleza etérea, y la sonrisa de Griselda Smith, podían conquistar a cualquiera en solo unos minutos. El CEO permanecía sentado con la pierna cruzada y observando todo a detalle. Esta
Griselda de pronto se ahogó con su propia saliva. No se esperaba esa pregunta. — ¿Qué te sucede querida? Bebé un poco de agua. — Griselda bebió del líquido, ella recobró el aliento y al fin pudo responder. — Sebastian ha sido muy amable, quizás a media mañana fué que me dijo que no era tan viejo, que lo llamara por su nombre. — Ahhh... ¿Y él te tutea a tí? — Ismael hacía las preguntas correctas. — No, él es muy respetuoso, no deberías de estar pensando mal de él, es un excelente elemento. Su trabajo es impecable y prolijo. — Sé como trabaja Delfino, efectivamente es muy bueno en lo que hace, yo mismo lo contraté después de verificar sus cartas de recomendaciones. Al CEO no se le pasaba nada, no estaba contento pero no había nada que reclamar. Además de que su esposa era hermosa y llamara la atención del personal, no había de que preocuparse. Al llegar a la villa una de las niñeras ya estaba en la sala de estar con el bebé Roby vestido en un enterito azul con diferent
Isabella y Alina se reían discretamente, sus gruñones esposos solían darse hasta con la cubeta, ambos eran orgullosos y perfeccionistas, tenían más similitudes de las que ellos mismos no se daban cuenta. — Ahhhgrr... Eres bastante obstinado, jovencito, no debes obsesionarte con la pequeña Serena. Ambos son pequeños aún, todo puede suceder en un futuro. Por ejemplo, ¿Qué tal si mi nena no se enamora de ti? El niño sonrió, hizo un gesto de despreocupación frente al padre de la niña que le interesaba. — Soy un trillizo Montana, seré apuesto como mi padre y un CEO exitoso también. Estoy seguro que conquistaré el amor de Serena. Eso no es lo que me preocupa, acá entre nosotros. — El niño puso su manita cerca de su boca para susurrarle al CEO ruso. — No quiero que los trillizos Valentain me ganen a pactar un compromiso con usted, señor Sergey. Su nena es muy linda y seguro que la van a querer llevar a la familia de los Valentain. — ¡Nadie se va a llevar a mi pequeña a ninguna par
El abogado Adriano y su esposa Fiorela habían regresado ya de su luna de miel porque el embarazo de ella ya estaba muy avanzado. La joven oriental se veía bella con su pancita de embarazada. A sus pasados ocho meses, ya no podía moverse tanto, además estaba muy sensible y por todo lloraba. — Cariño, mis padres vendrán a comer hoy, quieren traer unas compras que hicieron para la bebé. — Que bien, estaré encantada de recibir a mis suegros, le pediré al chef que cocine algo especial hoy. El paladar de tu padre es difícil de complacer. — Ya no lo es tanto, ahora ya dejó de ser tan exigente con las comidas. Por cierto, estaré trabajando en unos documentos en el despacho, si necesitas algo solo ve a llamarme. — El apuesto hombre dió un beso suave a su esposa y otro a su barriga. Fiorela había sido tan feliz al lado e Adriano todos los meses que estuvieron viajando. Ese hombre conocía prácticamente todo el mundo. Tenía mucho que enseñarle y ella mucho que aprenderle. (...)