EL PRÍNCIPE LYCAN Apreté los dientes, aguantando el dolor lacerante del collar. Al poseer intenciones asesinas contra mi dueña, me estaba suprimiendo sin piedad. Las gotas de sudor corrían por mi sien, pero las garras de mis manos iban acercándose implacables a ella, hasta que me detuve en el aire, dudando. Se alejó y cerró la puerta a su espalda, sin enterarse de lo cerca que estuvo de morir. Volví a arrojarme sobre la cama, tragándome el gruñido de dolor. Parecía que me habían desollado toda la piel. Lo peor era el vacío en mi mente y ese profundo agujero en mi pecho que no sabía cómo llenar. ¿Quién soy? ¿A dónde pertenezco? ¿Qué me sucedió realmente? Esa hembra parece conocerme, y solo por eso le daré una oportunidad de vivir… por ahora. No tengo recuerdos de nada, pero sí algo bien claro: no nací para ser el esclavo de nadie. ***** LORIEN Al cerrar la puerta, un escalofrío recorrió mi columna vertebral. ¿De dónde salió esa corriente helada? Girándome para o
LORIEN De un momento a otro, la posada se revolucionó. Algo sucedía en el piso de arriba y el pánico atenazó mi alma, pensando que podía tratarse de Soren. Corrí hacia las escaleras sin pensármelo dos veces, acompañada por más curiosos. —¡Se escaparon los animales, cuidado! —alguien gritó, y me pegué a la pared del pasillo, protegiéndome la cabeza cuando algunos bichos con alas pasaron chillando, sobrevolando escaleras abajo y armando un desastre. El pasillo estaba lleno de personas que salían huyendo de sus cuartos. Ellos iban en una dirección y yo en la contraria, luchando por llegar hasta Soren. Al pasar frente a la habitación contigua a la nuestra, vi marcas de garras y sangre en los tablones del piso, también plumas esparcidas por doquier. Mis ojos se desviaron hacia el interior y encontré algunas jaulas abiertas y el cadáver de un hombre en el suelo, devorado por alguna bestia. —¡Soren! — grité en pánico. ¡Por todos los cielos! La puerta estaba astillada, casi salida de la
LORIENAfortunadamente, el paso del posadero fue hacia atrás.No era lo mismo una Omega sola que una acompañada por un guerrero capaz de asesinar a esa furia salvaje.—Bien, pero lo quiero fuera de mi posada ahora mismo —me dijo hoscamente, dándome la espalda para marcharse.Me preguntaba si no nos iban a escupir la comida. Era increíble su cambio de actitud.La gente se fue despejando, excepto el boticario, que seguramente subió impulsado por el escándalo.—Aquí tienes el ungüento —me dijo, pasándome un frasco. Su mirada no dejaba de posarse en el cuerpo del animal.—Gracias, ya le pago…—¿Tienes pensado dónde venderla? —me interrumpió cuando fui a sacar las monedas de mi bolsillo—. Porque supongo que la quieres para eso, ¿no?—Bueno, sí… creo que en el mercado negro…—Yo estoy interesado. Se sacan muchos buenos medicamentos de ella y es difícil de hallar. Te doy 25 monedas de oro y el ungüento gratis.Me quedé asombrada ante su propuesta.Mi mente, llena de dinero, hizo los cálculos
LORIENAl final, se la quitó él mismo.La tomó en sus manos con sumo cuidado. Me extrañé, incluso, por la delicadeza con la que la acariciaba, como si fuese valiosa para él.—Busca… busca mi nombre, está bordado en una esquina por dentro —le indiqué, tragando. El corazón golpeaba acelerado contra mi pecho.Rezaba para que no se hubiese dañado, aunque, increíblemente, la herencia de mi madre estaba en perfectas condiciones.No importaban las circunstancias, esa cinta carmín siempre volvía a mí, y esta vez trajo con ella a un príncipe amnésico.—¿Lo ves? —le señalé las letras, que se quedó mirando fijamente—. Yo te la anudé en el cabello antes de que nos separáramos en el Bosque Oscuro…—¿Qué me sucedió entonces? ¿Por qué estoy así? No te recuerdo, ni nada de mi pasado… —Por primera vez, sus palabras sonaron vulnerables.Confieso que me dio lástima, él me salvó de ese ataque. Lo compré porque me sentía responsable. Pero nada de eso podía ser revelado.—No lo sé. Fui atacada por un insec
LORIENCasi me da un patatús en el acto. Demasiadas emociones seguidas para mi pobre corazón de ex esclava.—¿Bañarnos juntos? —repetí como idiota, ganando tiempo para inventarme una excusa.Estaba comprobando eso de que una pequeña mentira seguía creciendo y creciendo hasta volverse una montaña que te aplastaba.—Si somos pareja, podemos ahorrar tiempo…—La tina es muy chica y el cachorro está presente, no creo que sea correcto. Te avisaré —le dije de carrerilla, dando la espalda y prácticamente huyendo a la habitación.No sé qué se quedó haciendo. Estaba aún malherido, supongo que se aplicó más medicina.Cuando entré en la habitación, ya Soren me esperaba.No quería que lo bañase, era un cachorro independiente, pero aproveché para tallarle la espalda y susurrarle que debía seguirme la corriente con mi historia.Lo bueno es que todo se había confabulado de manera casi perfecta. Dije en la manada que había abandonado a mi cachorro por mi mate, y ahora el príncipe podía cumplir ese rol
LORIENMi expresión debería ser un poema, incluso juraría que vi el destello de burla en el fondo de sus ojos.Sin dar mayor explicación, se quitó de golpe las viejas botas, pateando el pantalón y girándose luego para entrar en la tina.Su grueso miembro fue sustituido por las duras nalgas, así, inclinadas en mi cara, sin pudor ninguno.Bajé la cabeza, estirando mi falda para disimular mi vergüenza, preguntándome qué rayos seguía haciendo aquí.Cuando di un paso para marcharme, volvió a retenerme.—Quítame la restricción del collar —prácticamente me ordenó, su enorme cuerpo embutido en la pequeña tina, con las piernas flexionadas.Dudé por un segundo. Con el collar podía controlar un poco su violencia si intentaba atacarnos, pero mantenerlo como esclavo no me ayudaría a ganarme su confianza.Además, nunca podría tener un esclavo, odiaba la esclavitud.Sentándome en el borde de madera, me incliné hacia su cuello, recordando las instrucciones que me dio el comerciante.Me abrí una herid
LORIEN“No, no, no, ¡no podía perder a mi gallo de la suerte!”Espabilé de golpe, cerciorándome de que Soren estaba bien y dormía en su camita.Me envolví en la manta, asomándome a la ventana que daba a las montañas. El amanecer casi se cernía sobre nosotros y algunos gallos se escuchaban a lo lejos.Oí algo arrastrarse en la sala y salí corriendo descalza, el corazón latiéndome de prisa, pensando en que debí vigilarlo mejor.La próxima vez sería yo quien lo abrazara como pulpo en la cama.Pero vi una sombra voluminosa pegada a la puerta de entrada y di un suspiro de alivio.—Gre…—Sshh —me interrumpió, poniéndose un dedo en la boca y dándome una mirada ceñuda a través de la estancia con precaria iluminación.Me acerqué lentamente, sin hacer ruido, parecía estar espiando algo fuera de la puerta.Me hizo espacio y también me dispuse a curiosear. En el pasillo se escuchaban murmullos y pasos que iban y venían.Era todo muy confuso, pero en medio de los sonidos amortiguados, escuché muy
LORIENEl día fue avanzando y nosotros rodando por el camino.Pensé en que era una lástima que no pude aprovechar para comprar cosas necesarias en la casa.Sin embargo, al descender en la zona cerca de la manada, se me ocurrió una idea.—Si te soy sincera, en la casa no hay ni un pan mohoso para comer —comencé a hablarle mientras avanzábamos por la arboleda—. ¿Crees que puedas cazar algún animal salvaje?Le propuse. Aunque era por la tarde, si lograba atrapar algo, al menos llegaríamos con la barriga llena.—Sí puedo, pero primero debo buscar un arma. Cachorro, busca una rama gruesa —le ordenó a Soren como si fuese un perrito, y lo más simpático es que fue a rebuscar por los alrededores.Casi podía ver la colita moviéndose detrás de sus pantaloncillos.Hacer un arma llevaría tiempo, no era prudente cazar de noche y menos con las manos vacías.De repente, recordé la daga que llevaba y no había tenido tiempo de vender.—¿Esto te serviría? —le dije, sacándome el arma de entre los vuelos