Pov Leina No podía quedarme aquí y esperar a que Bastian hiciera todo el trabajo por mí. La estrecha cueva en la que me encontraba estaba completamente a oscuras. Allá afuera parecía librarse una batalla feroz entre dos bestias. Cada rugido y aullido, mezclado con el de esa cosa, me hacían querer correr hasta allá. Ahora que sabía quién era, entendía más el peso que recaía sobre mí. No era una simple loba elegida; era la maldit4 hija de la mismísima Diosa. Podrían llamarme terca, testaruda y loca, todo lo que quieran, pero no era una cobarde. No iba a quedarme aquí como toda una princesa a esperar a mi caballero de reluciente armadura. Sabía pelear; estuve practicando durante bastante tiempo. Con ese pensamiento, me fui arrastrando hacia la salida que estaba sellada. Traté de empujar la piedra con fuerza para que se moviera, y lo hizo, pero no como yo quería. Con el corazón casi en la boca, retrocedí al ver varias garras querer entrar. Allí estaban de nuevo esos horribles chi
Pov Leina No era fácil para nada alejarse mientras la pelea me caía constantemente encima. Mi vestido estaba hecho jirones por arrastrarme tratando de esquivar a las dos enormes bestias que luchaban a muerte. —Ahhh…— grité cuando vi pasar aquellas garras oscuras a centímetros de mi cuerpo, y no eran las del Lycan precisamente. No sé si estaba alucinando o si estaba perdiendo la cabeza, pero juraría que el Lycan trataba de alejarlo de mí. Aunque la respuesta a eso era obvia: él me quería atrapar primero. Logré deslizarme hasta la zona despejada de las casitas, me levanté y corrí con las fuerzas que tenía en ese momento. Más atrás, el poderoso desastre de los cuerpos chocando contra las casas, persiguiéndome. Allí estaba el pantano; sombras pasaban sobre mi cabeza, y la luz de la luna era interrumpida por unos grandes murciélagos que ahora reconozco: son los del inmenso bosque. Dejé el control a Ava; por mucho, era más rápida y no había alternativa. Cuando sus patas tocaron la
Pov Leina—¿Tt… Thorin?— pregunté nerviosa; mi pecho subía y bajaba por mi respiración acelerada.No podía equivocarme, las insinuaciones de Bastian, de la misma sacerdotisa, y sus ojos siempre rondando cada vez que estaba con Bastian en mi celo.No estoy equivocada; eso quiere decir que lo que pensé aquel día… Miré de nuevo al Lycan frente a mí, que esperaba paciente, con sus orejas moviéndose de vez en cuando a los sonidos de nuestro alrededor.Ava no dijo nada, pero se relajó relativamente al saber que él es su compañero.«Oye, Ava, creo que le dijiste a tu propio compañero en su cara que era un monstruo despiadado, sanguinario, sin corazón y muy cruel».«Y a eso súmale que lo lancé a un pozo lleno de gusanos horribles», se quejó ella, mirando para otro lado.Me levanté con cuidado y, a los segundos, ya tenía aquella enorme presencia justo frente a mí, haciéndome tambalear. Parece que solo quería ver si estaba bien.No lo estaba del todo; me sentía muy débil, pero no podía decir lo
Pov Leina Me fui despertando de a poco; mi cuerpo parecía estar en algo sumamente cómodo y suave. Palpeé con mi mano dónde estaba; una tela de fina seda fue lo que toqué. A través de la rendija de mis ojos podía ver seda de color azul oscuro; más allá, las cortinas suaves se movían con la brisa. La luz de la luna entraba por el ventanal, iluminando parte de la habitación. Me incorporé un poco para ver dónde estaba y no reconocí absolutamente nada. La habitación es enorme, con muebles tapados con sábanas blancas. Por el suelo se deslizan las hojas y el polvo. Por lo que veo, nadie ha vivido aquí en mucho, mucho tiempo. La puerta doble se abrió y allí estaba mi Lycan, con una bandeja que dejó a mi lado, llena de frutas. —¿De dónde las sacaste? «Eso no importa, come algo, necesitas reponerte. Bastian dice que estarás bien.» Aparté la mirada de la bandeja para verlo. Ahora sí siento a Bastian y di un suspiro mental para no enojar al grandote. —¿Dónde estamos? —pregunté, mirando
Pov Leina (NOTA: EN LOS SIGUIENTES DOS CAPÍTULOS SE HARÁ REFERENCIA A ESCENAS UN POCO EXPLICITAS ENTRE EL LYCAN Y LEINA, PUEDE SALTARSE LOS CAPÍTULOS SI SE SIENTEN INCOMODOS.) «Leina, mi hembra, te necesito». Su voz ronca en mi cabeza me erizó el cuerpo de deseo. «Está bien, solo… deja salir a Bastian y…». Solté un gritito cuando sus colmillos rasparon mi piel. Al parecer, eso no le gustó. Me llevó de regreso adentro y me reí durante todo el camino hasta ser lanzada en la enorme cama, que ni se inmutó cuando el enorme Lycan se subió sobre ella. Su nariz me fue recorriendo las piernas. Olvidaba por completo que llevaba puesta una simple camisa sin nada debajo. No sé en qué momento las cosas se fueron subiendo de tono, pero ahora me veía cayendo en un vórtice excitante y peligroso. Su lengua húmeda lamía mis piernas, subiendo cada vez más hasta llegar a mi V. Empujaba su nariz entre ellas para que le diera acceso, aunque yo aún dudaba de si llegar tan lejos. La tela fue a
Pov Leina Sus garras se aferraron fuerte a mis caderas y mi vientre se sacudió ante lo que vendría. Abrí mis labios en un gemido silencioso a medida que su miembro se iba adentrando poco a poco, centímetro a centímetro, estirándome para él. Se alejó, saliendo por completo, volviendo a entrar un poco más en mi interior, que no dejaba de palpitar mientras apretaba su pene grueso. Podía sentir sus músculos tensos, el vibrar de su pecho conteniendo las enormes ganas de embestirme a su ritmo. La luz amarilla de las velas se iba apagando, iluminando nuestros cuerpos que se entremezclaban de a poco en la enorme cama. La brisa fría que entra por la ventana no era capaz de apagar el fuego entre ambos que nos quemaba y nos hacía arder de deseo. Su cuerpo me cubrió con cuidado de no lastimarme mientras empujaba un poco más en mi interior. Su lengua seca el sudor que se desliza por mi espalda, dándome escalofríos con su aliento. Los músculos se tensan cada vez más a medida que sale y ent
Pov NarradorReiner se encontraba ansioso; desesperado, podría decirse. Su talón golpeaba constantemente el suelo para tratar de calmarse.Había hecho todo lo que podía para llegar a Leina, pero era casi imposible cuando estaba bajo el dominio de un Rey salvaje.La pequeña caja aún rodaba entre sus dedos. Quería regalársela aquel día antes de irse, y todo para qué: para descubrir que llevaba el olor de otro Alfa en ella.Tiró la caja con fuerza hacia la pared, volviéndola añicos, y las perlas del collar saltaron por toda la habitación.La joven mujer que se encontraba a un lado saltó del susto; llevó la mano a su vientre instintivamente para proteger a su cachorro.Sus ojos se llenaron de lágrimas al darse cuenta de que Reiner no era ese chico dulce que la enamoró; solo era una fachada para tenerla en sus manos.—Reiner, cálmate, es su compañero; tú mismo dijiste…—¡Cállate, perra! ¡Nadie pidió tu opinión! El único motivo por el que sigues con vida es porque llevas a mi hijo. Jamás se
Pov LeinaMe sacudí las manos y miré la habitación que ahora sí había quedado más decente.Quité por completo el polvo, saqué las hojas secas y quité las sábanas blancas de los muebles.Solo faltaba el candelabro lleno de telarañas sobre mi cabeza, pero eso es trabajo de otra persona.Unos brazos fuertes y tatuados me abrazaron por detrás, dejando pequeños besos desde mi cabeza hasta mi cuello.—Se ve perfecto.—Gracias, amor, es lo mejor que puedo hacer.Bajamos hasta el comedor que limpiamos entre los dos. Decidimos pasar algunos días aquí solos, alejándonos del mundo y sus problemas.La mesa es inmensa, demasiado, diría yo. Al final, están nuestros platos con un desayuno preparado exclusivamente por Bastian.«Yo también ayudé, nena, no solo él».«Gracias por eso, Thorin, te ganaste un besito de recompensa de Ava».Sonreí al verlo enrollarse con Ava, que ya está mucho más relajada con su grandote.Y pensar que hace unos días lo creía un monstruo despiadado. Diosa, creo que aquí la m