Violet se miró al espejo después de haberse preparado, y se sorprendió al ver su reflejo. Su rostro estaba naturalmente maquillado, pero aún así se veía tan linda. La transformación era notable; el trabajo de Emma había dado sus frutos, y la satisfacción de su amiga se reflejaba en su sonrisa.—Emma, esto es... me encanta —exclamó Violet, abrazando a la joven con entusiasmo, quien le devolvió el gesto con el mismo fervor—. Gracias, en serio.Emma hizo un mohín, restándole importancia a su destreza. Aquel conjunto de falda y camisa con blazer que vestía Violet era parte de su colección personal. Aunque Violet tenía la posibilidad de vestirse con ropa más costosa, siempre había preferido lo sencillo. Sin embargo, no pudo rechazar el hermoso regalo que su amiga le había hecho, un conjunto de tres piezas en un delicado color azul claro.—¿Y bien? ¿Hay alguna novedad? —preguntó Emma, mientras terminaba de aplicar un intenso labial rojo en sus labios—. Me he enterado de que Sebastián trabaj
Dominic se apartó un poco, como si la realidad lo hubiera golpeado, mientras Violet sentía que el calor se extendía por sus mejillas. Se volvió hacia su amiga, tratando de ocultar la confusión que había invadido el momento.Ni ella misma sabía lo que había estado a punto de pasar si ella no hubiera interrumpido. "¿Acaso Dominic había estado a punto de besarla?" Pensó todavía más confundida.—Nada, solo... estábamos charlando —respondió Violet, su voz un poco más alta de lo habitual, sintiéndose repentinamente cohibida.Emma levantó una ceja, claramente escéptica, pero decidió no insistir más.—De acuerdo... —dijo, sonriendo débilmente—. Solo quería saber si venían adentro, mamá y papá se marcharon hace minutos porque se sentían cansados. Pero les dijo que nos quedaríamos otro rato para ver los fuegos artificiales.Violet respiró hondo, agradecida por el cambio de tema, y asintió, mirando de nuevo hacia el mar, que reflejaba las luces distantes de la ciudad.—Sí, claro. Vamos a dentro
Dominic tomó una respiración profunda, como si estuviera reuniendo el valor necesario para hablar. —Violet, sé que no soy muy bueno con las palabras, pero quiero disculparme contigo por ser tan grosero —su voz era firme, pero en su interior, un torrente de emociones lo asediaba.La joven lo miró, sus ojos llenos de curiosidad y algo de preocupación. —Dominic, no tienes que...—No, déjame terminar —interrumpió él, sintiendo que debía ser claro en su intención—. Sé que tus intenciones han sido buenas e intentas ayudarme. Solo te pido que trates de comprenderme. Nunca he sido de expresar a los demás cómo me siento y, cuando lo hago, no es de la mejor manera.Dominic mordió su labio inferior, sintiéndose incómodo y avergonzado. Había mantenido la vista fija en cualquier parte de la estancia menos en ella, como si los libros antiguos y las estanterías llenas de historias pudieran ofrecerle una excusa para evitar su mirada. Sabía que había sido borde, que sus respuestas habían sido más c
El trayecto al trabajo de Violet le resultó sorprendentemente breve, sintiendo que su destino estaba más cerca de lo que había imaginado. Quizás era la nueva conexión que había comenzado a forjar con Dominic, una sensación de comodidad que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. La cercanía que había entre ellos le agradaba, y había una amistad que creía haber perdido años atrás. Aunque el pelinegro aún se mostraba reservado, al menos hablaba un poco más sobre su vida personal. Le había comentado que tenía planes de retomar la terapia, lo cual alegró a Violet.—Haces lo correcto; me alegra mucho que busques ayuda, Dominic —dijo mientras posaba la mano en su hombro, en señal de apoyo. Él asintió, agradecido—. Sin duda, te sentirás mejor pronto.—Eso espero —suspiró, dirigiéndole una mirada de reojo.—Ya verás que sí —le aseguró la joven, animándolo—. Bueno, nos vemos más tarde. Gracias por el aventón.—De nada —respondió Dominic, guiñándole
Sofía se encontraba sentada en su oficina, rodeada de documentos desordenados y una computadora que parpadeaba con notificaciones sin leer. La luz del sol se filtraba a través de la ventana, iluminando el espacio de trabajo, pero su mente estaba sumida en la oscuridad. Los ecos de la conversación con Sebastián aún resonaban en su cabeza, como un tambor que no dejaba de sonar. La ira que había sentido en su habitación ahora se había transformado en un rayo de determinación. Estaba decidida a actuar. Con las manos temblorosas, tomó su teléfono y comenzó a buscar información sobre Violet, la chica que había capturado la atención de Dominic. No había mucho de ella, salvo fotos con la familia Hoffmann y otras de pequeños. Mientras navegaba, su corazón latía con fuerza. Cada clic en la pantalla era un paso más cerca de descubrir la verdad. Pero no había nada, ninguna evidencia que confirmara las palabras de su hermano. Sin embargo, una imagen apare
Caminaron por el lugar, el aire impregnado del aroma de comida rápida y risas de los asistentes. Después de recorrer varios puestos, finalmente decidieron comprar hamburguesas para cenar. Una vez con sus bandejas en mano, comenzaron a buscar un lugar donde sentarse. Tras unos minutos de búsqueda, encontraron una mesa conveniente cerca de los juegos mecánicos, donde el sonido de las risas y los gritos de emoción se mezclaban con el aroma de la comida.Ambos se acomodaron, listos para disfrutar de sus hamburguesas. La conversación fluyó de manera natural entre ellos.—¿Qué tal el trabajo? —indagó Dominic, mostrando un interés genuino.—No ha sido tan agotador, la verdad. Y gracias a Sebastián he podido adaptarme rápido al ambiente —respondió Violet, una sonrisa iluminando su rostro.Dominic no pudo evitar fijarse en el brillo en sus ojos y, sin entender por qué, sentía un leve atisbo de celos al pensar en Sebastián, el chico que claramente había captado la atención de Violet. —Ya. Debe
Dominic, comprendiendo la gravedad de la situación, desabrochó el cinturón de seguridad de Violet con cuidado y la rodeó con su brazo en un abrazo reconfortante. Ella, agradecida, correspondió al abrazo, sintiendo cómo la calidez de su presencia comenzaba a calmar la tormenta que rugía en su interior. En ese momento, no se había dado cuenta de que él había apartado el auto, buscando un lugar seguro para detenerse ante la violencia de la lluvia que azotaba el exterior.Los minutos pasaron, y poco a poco, la intensidad de su ataque de pánico fue cediendo. Dominic se apartó un poco de ella, limpiando suavemente las lágrimas de su rostro con el pulgar, mostrando una ternura y atención que la hicieron sentir valorada.—Gracias —dijo Violet en un susurro, sintiendo que su voz aún temblaba.—¿Te sientes mejor? —preguntó Dominic, su expresión llena de preocupación.Ella asintió, y al ver esto, Dominic suspiró aliviado.—Creo que lo mejor será ir a la cabaña. Pasaremos la noche allí, ¿de acuer
En medio de la risa y la confusión, el ambiente se tornó súbitamente denso, cargado de una tensión palpable. Dominic y Violet se encontraron en el suelo, sus cuerpos tan cerca que podían sentir el calor del otro. Sus miradas se entrelazaron, y el mundo exterior se desvaneció, dejando solo el eco de sus respiraciones entrecortadas.Los ojos de Dominic, oscuros y profundos, reflejaban una mezcla de sorpresa y deseo. Violet, atrapada en esa mirada, sintió cómo su corazón latía con fuerza, como si cada pulsación resonara en el silencio que los rodeaba. Era un instante suspendido en el tiempo, donde cada parpadeo parecía un sacrilegio, un movimiento que podría romper la magia del momento.Ambos se perdieron en la profundidad de sus miradas, como si pudieran leer los pensamientos y sentimientos ocultos en el alma del otro. La conexión era intensa, casi eléctrica, y cada segundo que pasaba hacía que la distancia entre ellos se volviera insostenible. Dominic, inc