El trayecto al trabajo de Violet le resultó sorprendentemente breve, sintiendo que su destino estaba más cerca de lo que había imaginado. Quizás era la nueva conexión que había comenzado a forjar con Dominic, una sensación de comodidad que no experimentaba desde hacía mucho tiempo. La cercanía que había entre ellos le agradaba, y había una amistad que creía haber perdido años atrás. Aunque el pelinegro aún se mostraba reservado, al menos hablaba un poco más sobre su vida personal. Le había comentado que tenía planes de retomar la terapia, lo cual alegró a Violet.—Haces lo correcto; me alegra mucho que busques ayuda, Dominic —dijo mientras posaba la mano en su hombro, en señal de apoyo. Él asintió, agradecido—. Sin duda, te sentirás mejor pronto.—Eso espero —suspiró, dirigiéndole una mirada de reojo.—Ya verás que sí —le aseguró la joven, animándolo—. Bueno, nos vemos más tarde. Gracias por el aventón.—De nada —respondió Dominic, guiñándole
Sofía se encontraba sentada en su oficina, rodeada de documentos desordenados y una computadora que parpadeaba con notificaciones sin leer. La luz del sol se filtraba a través de la ventana, iluminando el espacio de trabajo, pero su mente estaba sumida en la oscuridad. Los ecos de la conversación con Sebastián aún resonaban en su cabeza, como un tambor que no dejaba de sonar. La ira que había sentido en su habitación ahora se había transformado en un rayo de determinación. Estaba decidida a actuar. Con las manos temblorosas, tomó su teléfono y comenzó a buscar información sobre Violet, la chica que había capturado la atención de Dominic. No había mucho de ella, salvo fotos con la familia Hoffmann y otras de pequeños. Mientras navegaba, su corazón latía con fuerza. Cada clic en la pantalla era un paso más cerca de descubrir la verdad. Pero no había nada, ninguna evidencia que confirmara las palabras de su hermano. Sin embargo, una imagen apare
Caminaron por el lugar, el aire impregnado del aroma de comida rápida y risas de los asistentes. Después de recorrer varios puestos, finalmente decidieron comprar hamburguesas para cenar. Una vez con sus bandejas en mano, comenzaron a buscar un lugar donde sentarse. Tras unos minutos de búsqueda, encontraron una mesa conveniente cerca de los juegos mecánicos, donde el sonido de las risas y los gritos de emoción se mezclaban con el aroma de la comida.Ambos se acomodaron, listos para disfrutar de sus hamburguesas. La conversación fluyó de manera natural entre ellos.—¿Qué tal el trabajo? —indagó Dominic, mostrando un interés genuino.—No ha sido tan agotador, la verdad. Y gracias a Sebastián he podido adaptarme rápido al ambiente —respondió Violet, una sonrisa iluminando su rostro.Dominic no pudo evitar fijarse en el brillo en sus ojos y, sin entender por qué, sentía un leve atisbo de celos al pensar en Sebastián, el chico que claramente había captado la atención de Violet. —Ya. Debe
Dominic, comprendiendo la gravedad de la situación, desabrochó el cinturón de seguridad de Violet con cuidado y la rodeó con su brazo en un abrazo reconfortante. Ella, agradecida, correspondió al abrazo, sintiendo cómo la calidez de su presencia comenzaba a calmar la tormenta que rugía en su interior. En ese momento, no se había dado cuenta de que él había apartado el auto, buscando un lugar seguro para detenerse ante la violencia de la lluvia que azotaba el exterior.Los minutos pasaron, y poco a poco, la intensidad de su ataque de pánico fue cediendo. Dominic se apartó un poco de ella, limpiando suavemente las lágrimas de su rostro con el pulgar, mostrando una ternura y atención que la hicieron sentir valorada.—Gracias —dijo Violet en un susurro, sintiendo que su voz aún temblaba.—¿Te sientes mejor? —preguntó Dominic, su expresión llena de preocupación.Ella asintió, y al ver esto, Dominic suspiró aliviado.—Creo que lo mejor será ir a la cabaña. Pasaremos la noche allí, ¿de acuer
En medio de la risa y la confusión, el ambiente se tornó súbitamente denso, cargado de una tensión palpable. Dominic y Violet se encontraron en el suelo, sus cuerpos tan cerca que podían sentir el calor del otro. Sus miradas se entrelazaron, y el mundo exterior se desvaneció, dejando solo el eco de sus respiraciones entrecortadas.Los ojos de Dominic, oscuros y profundos, reflejaban una mezcla de sorpresa y deseo. Violet, atrapada en esa mirada, sintió cómo su corazón latía con fuerza, como si cada pulsación resonara en el silencio que los rodeaba. Era un instante suspendido en el tiempo, donde cada parpadeo parecía un sacrilegio, un movimiento que podría romper la magia del momento.Ambos se perdieron en la profundidad de sus miradas, como si pudieran leer los pensamientos y sentimientos ocultos en el alma del otro. La conexión era intensa, casi eléctrica, y cada segundo que pasaba hacía que la distancia entre ellos se volviera insostenible. Dominic, inc
No supo en qué momento se había dormido; lo que sí supo era que había sentido movimientos a su lado que la hicieron abrir los ojos desorientada al no hallarse en su habitación. Sin embargo, pronto recordó dónde estaba.—N-no... —escuchó balbucear a su lado el pelinegro, quien sacudía la cabeza de un lado a otro mientras oprimía los ojos con fuerza.Estaba teniendo una pesadilla, y Violet, al verlo en ese estado, lo movió suavemente para intentar despertarlo.—Dominic —lo llamó, sintiendo su cuerpo helado bajo sus palmas.Estaba frío, aunque notó su frente perlada de sudor.—Dominic, despierta —insistió al no obtener respuesta.Finalmente, Enzo abrió los ojos, encontrándose con la mirada preocupada de Violet, quien lo observaba atentamente. Se sentó en la cama, y ella, con voz suave, le preguntó si estaba bien. Sin embargo, el nudo que sentía en su garganta le impedía hablar. Todo había sido tan real; fue como revivir aq
Esa mañana, ambos despertaron temprano, decididos a regresar a casa antes de que sus familias se percataran de su ausencia. No querían preocupar a nadie con un aluvión de preguntas que seguramente surgirían al verlos juntos. Aunque eran adultos y no debían dar explicaciones, la costumbre de no pasar la noche fuera de casa a menos que la situación lo justificara, les pesaba en la conciencia.La joven apenas podía contener los nervios al imaginar lo que sus tíos podrían pensar al enterarse de que había pasado la noche con Dominic, refugiándose en la cabaña debido a la tormenta eléctrica. Sabía que, al mirar a su tío Demian a los ojos, cualquier secreto entre ella y Dominic sería difícil de ocultar. Su mente se llenaba de inquietud, y sentía que no podría disimular sus verdaderos sentimientos, por más que intentara actuar con normalidad.Era cierto que los padres de Dominic nunca habían mostrado oposición a la cercana amistad que habían compartido en su infancia.
Las palabras de Sofía se repetían en la mente de Dominic una y otra vez, impidiéndole concentrarse en su trabajo. Estaba finalizando algunos detalles del proyecto cuando la conversación con su exnovia invadió su cabeza, despojándolo de cualquier tranquilidad.«Tengo dos semanas de retraso».Aquella noticia había caído sobre él como un balde de agua fría. No podía pensar con claridad al imaginar que Sofía estuviera embarazada. No estaba preparado para casarse y mucho menos para ser padre; solo esperaba que los resultados de la prueba fueran negativos. De lo contrario, no sabía qué haría en esa situación.Aunque no significaba que le daría la espalda a Sofía ni que se desentendería de la responsabilidad del bebé, no quería sentirse presionado a un matrimonio forzado que pareciera la solución conveniente para todos. Tanto su imagen como su negocio estaban en juego, y si la prensa llegaba a enterarse del posible embarazo de Sofía, sería el final de todo.