Panterita.

Miró a Haziel que ya estaba desgarrando el papel que envolvía el muñeco de felpa en forma de pantera.

—¿Te gusta, Hazz? —preguntó, viendo los ojitos de su hijo brillar de felicidad.

—¡Sí y se parece a papito! —exclamó Haziel, tratando de abrazar a la enorme pantera de felpa—. Gracias, papá.

—Oh, eso se parece a mí —Con una enorme sonrisa, Frufrú se acercó a él y le dio un pequeño beso en los labios—. Tienes buen gusto, cariño.

—Lo tengo, ¿verdad? —Ciñó a su esposo entre sus brazos, acercándolo hacia sí y lo besó. Un beso más largo esta vez—. Te extrañé, panterita.

—También te extrañé, Haniel —Podía quedarse todo el día solo mirando los ojos enigmáticos de Frufrú. Dios, amaba con todo su corazón y alma a su esposo—. Sabes que te amo y que eres, junto a nuestro hijo, lo más importante de mi vida. Y sé que muchas veces quieres llegar a casa y descansar después de un día agitado en el trabajo y lo siento si no es así. Haré lo posible por...

—Hey, aguarda, panterita —Colocó un dedo sobre l
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