—¡Un millón doscientos cincuenta mil! —gritó el primer hombre.Emma trató de acercarse lo suficiente como para poder escuchar la voz de su marido, la máscara no ayudaba mucho, al ser una máscara completa, la voz era ronca y parecía tener eco. Aun así, lo intentó, confiando en que su corazón no podía equivocarse.Su corazón no podía confundir al amor de su vida, no obstante, sus intenciones fueron interrumpidas por su madre.—No es una buena idea, cariño, deja que el subastador se haga cargo —indicó Natasha en tono bajo para no llamar la atención.Emma asintió.—No quiero perderlo —susurró para sí, mientras ambos hombres dirigieron sus miradas a ella, como si pudieran escucharla.Emma negó ligeramente con un movimiento de cabeza y se armó de valor para perder el cuadro, aquel cuadro que tal como lo recitaba en la inscripción era un pedazo de ella, un pedazo de su corazón, de su cuerpo y de su alma.El grito del hombre la sacó de sus pensamientos…—¿¡Quién da más!? —preguntó el subastad
Michael no se movió del estacionamiento hasta mirar con sus propios ojos cómo la policía se llevaba a Angélica presa, por fin esa mujer iba a pagar por sus delitos y el más doloroso era sin duda el atentado que había terminado con la vida del bebé de Emma.El hombre apretó los puños con fuerza, aunque no lo había demostrado, él se sentía devastado con aquella pérdida. Él nunca sabría si su primer nieto o nieta se parecería a su hija o sería la versión de su mejor amigo.—¿En qué momento se fueron ustedes dos a enamorar? —preguntó recargándose contra la pared.—¿Está usted bien, señor Collins? —preguntó su jefe de seguridad, el hombre que había organizado la caída de Angélica. De alguna manera ellos esperaban que hiciera acto de presencia esa noche y no se habían equivocado. Ella había acudido, pero no lo había hecho sola.—Estoy bien, hay que identificar al tipo que traía un traje parecido al de mi yerno, él no puede salir impune —ordenó.Los hombres salieron en busca de Richard, no o
Emma miró a su familia y luego miró a Ryan, él tenía una sonrisa dibujada en los labios. La joven sintió su corazón estrujarse dentro de su pecho, su cuerpo tembló y se mordió el labio mientras gruesas lágrimas corrían por sus mejillas espantando a todos, en especial a Ryan.—¿Cariño?—¡Emma! —gritó Natasha cuando la vio tambalear, ella se puso de pie rápidamente, pero fue Ryan quien la sostuvo y la llevó a la silla más cercana.Michael miró a Gerald, él se encogió de hombros y los gemelos estaban en la misma situación.—¿Embarazada? —susurró Emma casi ahogándose con sus palabras.—Es lo que tu padre opina —dijo Natasha acercándose a ella con un vaso de limonada.—¿Un bebé? —preguntó de nuevo.—¿Qué pasa, cariño? —Ryan tenía miedo de que Emma se hiciera ilusiones y al final no resultara ser un embarazo.—Nada, yo… no me he sentido bien, desde hace unos días, mamá lo atribuyó a una recaída por gastritis, podría ser, ¿no? —preguntó en medio de un suspiro.—Podría, aun así, podemos salir
La familia entera se quedó en completo silencio, quizá en estado de shock ante la actitud de Michael. El hombre parecía decidido a ir de compras, tanto que había emprendido el camino al estacionamiento sin esperarlos.—¡Espera, papá! ¡Espera! —gritó Emma caminando detrás de él con el resto de la familia pegada a sus talones.—¿Qué sucede? —preguntó el futuro abuelo muy sonriente.—Es muy pronto para ir de compras, quizá podamos ver primero qué habitación le daremos en casa —intentó Emma hacerlo entrar en razón.Emma agradeció el gesto de su padre, pero si dejaba que le comprara todo ahora, difícilmente Ryan y ella podrían comprar algo al bebé.—¿No quieres que le compre nada a mi nieta, estás celosa? —preguntó Michael frunciendo el ceño.—No, papá, no son celos, además no puedo estar celosa de mi propio bebé, pero aún tiene seis semanas, tiene el tamaño de un frijolito y no sabemos si será un niño o una niña —explicó la joven con calma y sin prisas.—Será una hermosa princesa, lo sé,
Emma respiró de manera profunda antes de guardar el móvil, por fin, por fin Clarise Armchair había confesado ser la autora intelectual del robo de la joyería. No había poder humano que la salvara de pagar su culpa.—¿Cariño? —la voz de Ryan le hizo girarse en su dirección, estaban en la oficina de Corporación Collins aquella mañana, por la tarde estarían en el hospital para la operación de Henry.—Confesó —dijo Emma, el tono fue tan bajo que Ryan no alcanzó a escucharla.—¿Emma? —insistió.—Confesó, Clarise Armchair, confesó ser la responsable del robo en la joyería —Emma reprodujo el audio que Betsabé recientemente le había enviado—. Todas las cosas parecen estar cayendo en su sitio, ¿llamas a Miller o lo haré yo? —preguntó Emma ante el silencio de Ryan.—Lo haré yo, y le haré llegar las pruebas ahora mismo. No sé qué decir… quizá ¡Eres brillante! —le dijo luego de lo que pareció una eternidad.—Betsy se ha llevado todos los créditos, tiene todas las conversaciones grabadas desde que
Emma se apartó ligeramente de los brazos de Ryan, dejó que su mirada viajara de nuevo al cuadro de su bebé.—No puedo imaginármelo de otra manera, ¿sabes? Creo que era un niño y que iba a parecerse a ti —murmuró. Así era como Emma se imaginaba a su bebé cuando pensaba en él y sería así para siempre su pequeño ángel.Ryan se mordió el labio, era un hombre adulto y mucho mayor que Emma, no obstante ver el cuadro le hacía sentir pequeño y roto. Le hacía sentir dolor, pena y angustia. Ese tipo de tormento que no le desearía a ninguna pareja experimentar en la vida.—¿Estás bien? —se obligó Ryan a preguntar, abrazando a Emma por la espalda.—Estoy bien, gracias, Ryan, gracias por este hermoso regalo. Nuestro pequeño volvió a casa —susurró con voz ahogada.Ryan tragó el nudo que se había formado en su garganta y escondió el rostro en el cuello de Emma, gruesas lágrimas se derramaron de sus ojos.—Lo siento —dijo en tono tan bajito que por un momento pensó que solo se lo había imaginado.—E
Ryan sonrió ante la efusividad mostrada por Michael, no podía quejarse o pedir más de lo que tenía. En el fondo sabía que había recuperado a su mejor amigo y eso le reconfortaba el corazón, desde que se conocían nunca habían pasado tanto tiempo enojados. Aunque si lo pensaba mejor, los mejores años para discutir estaban por venir, porque estaba seguro de que su amigo y suegro sería un consentido empedernido con su hija y él… él también lo sería.—Ryan —le susurró Emma, y él apretón de dedos de su esposa, le hizo salir de sus reflexiones.—Te amo —le dijo.Ryan sonrió y bajó la cabeza para darle un beso en los labios. Un beso que habría enloquecido a Michael Collins en el pasado, pero hoy no había reparado en ellos, porque estaba celebrando con Natasha, los gemelos y Gerald, quienes habían permanecido en completo silencio, observando y compartiendo su felicidad.—Oficialmente, papá ha enloquecido y creo que no volverá a recuperar la cordura si después de la princesa vienen más —susurró
Clarise miró al hombre y sintió un profundo rencor por él, no obstante, la tenía en su poder; él la había rescatado de ir a prisión. Ni siquiera sabía cómo había hecho Richard para tener la información.—Entonces, ¿Qué quieres que haga? —preguntó la mujer acomodándose mejor en el sillón.—De momento, no me eres muy útil que digamos, tu condición es… poco favorable para mis planes, pero al mismo tiempo es una buena ventaja qué pienso aprovechar. Me he comunicado con algunos especialistas y están interesados en tu caso, por supuesto que eso implica mucho dinero, pero sí logro conseguir lo que quiero al final, el dinero será lo de menos —explicó Richard con una ligera sonrisa.—No estoy entendiendo —respondió Clarise.—No es necesario que entiendas, mujer, lo que quiero de ti es tu belleza, no tu inteligencia —Richard se carcajeó y Clarise supo que ese hombre no estaba bien de la cabeza y para su desgracia estaba en sus manos.—Te ayudaré, si tú me ayudas —dijo aceptando su destino.—Me