Los guardias me subieron a la parte trasera del auto con firmeza, aunque tampoco puse mucha resistencia. Sabía que patalear no serviría de nada. Damon se sentó a mi lado, silencioso y tenso, mientras los guardias ocupaban los asientos delanteros. El trayecto transcurrió en un mutismo sofocante. Aunque no me ha dicho una sola palabra, puedo sentir su enojo cargando el aire como una tormenta a punto de estallar. Lo miro de reojo: su mandíbula está apretada, las venas de su cuello marcadas como si estuviera conteniendo algo que en cualquier momento podría explotar. —¿No vas a decir nada? —pregunto finalmente, incapaz de soportar más este silencio lleno de amenazas. —¿Y qué quieres que diga? —responde con frialdad, su mirada fija en la carretera—. ¿Que eres una insensata que no mide las consecuencias? Eso ya lo sabes. Estoy cansado de repetirlo, así que esta vez tomaré medidas. Un escalofrío me recorre la espalda. —¿Vas a encerrarme? —mi voz es pura indignación. —Sí. La simpleza co
Camino de un lado a otro por la habitación, incapaz de quedarme quieta. Mis nervios están a flor de piel. No puedo devolver la lista ahora mismo; si Damon llega a encontrarme en su despacho, no tendré ninguna excusa creíble. No me queda más opción que esperar hasta mañana, cuando se vaya a la empresa y me deje el camino libre. Solo espero que no descubra la ausencia del papel antes de eso, porque si lo hace… no sé qué pasaría. Pero esto no puedo hacerlo sola. Necesito ayuda. Si intento salir de aquí, uno de sus guardias me seguirá. Necesito que alguien lleve la información a la policía por mí. Pienso en todas las personas que conozco, buscando a alguien en quien realmente pueda confiar. Y la primera persona que me viene a la mente es Tom. Ray resultó ser un traidor, pero Tom… él siempre fue diferente. El más confiable del grupo. El alma de nuestra pandilla. Siempre que teníamos un problema, él estaba ahí para ayudar. Jamás me falló. Agarro el teléfono y marco su número, que
Damon no se baja del auto. Sus hombres tampoco.El aire a mi alrededor se siente denso, pesado, como si una tormenta estuviera a punto de desatarse. Permanezco de pie, sin atreverme a moverme demasiado, midiendo cada uno de mis gestos. Un paso en falso y podría desencadenar su ira.Mi mente trabaja frenéticamente en busca de una salida. Si me atrapa, me encerrará en la mansión, y dudo que esta vez sea tan indulgente. Pero peor aún, no puedo permitir que descubra a dónde iba. Eso pondría en peligro a Tom y todo nuestro plan.Si Damon está aquí, significa que la policía nunca llegó por él.Mi estómago se revuelve.¿Qué hago? ¿Qué excusa invento?Lo mejor será seguirle la corriente. Que siga creyendo que solo intentaba escapar.—¿Qué pasa, mariposa? —su voz se desliza desde el interior del auto, burlona, venenosa—. ¿El gato te comió la lengua?Apretando los dientes, mantengo mi fachada fría. No puedo dejar que vea mi nerviosismo.—¿Qué quieres? —mi tono es afilado, sin un atisbo de emoci
Tengo miedo. Miedo de dar un paso más, de acercarme y descubrir algo horrible. Miedo de confirmar mis peores sospechas. Y ese miedo me paraliza, me atrapa en su red, impidiéndome avanzar.Pero lo peor de todo es que esto es mi culpa.Tom está ahí, atado y cubierto de sangre, porque yo lo metí en esto. Él no tenía nada que ver, era inocente, y ahora su vida está destrozada por mi egoísmo. Por pensar que podía ganar en un juego que no controlo. Por creer, estúpidamente, que Damon no era tan peligroso como aparentaba.Tal vez no somos tan diferentes. Tal vez, en el fondo, yo también soy un monstruo.Unos pasos tras de mí me sacan de mi ensimismamiento. Me giro y veo a Damon entrar con una calma irritante, como si todo esto no fuera nada fuera de lo común.—¿Tú hiciste esto? —pregunto, con la voz temblorosa.Él se detiene en el umbral, sin rastro de culpa en su rostro. Luego, lentamente, levanta las manos. Sus nudillos están destrozados, cubiertos de heridas y sangre seca.—Sí. Y lo disfr
Mi mente es un caos. Hay demasiadas cosas pasando al mismo tiempo, demasiados pensamientos que chocan entre sí. Pero, por más que intento enfocarme, la única imagen que se repite en mi cabeza es la de Tom, inconsciente, con el rostro destrozado por los golpes. No pude hacer nada por él. Ni siquiera llegué a tiempo para evitarlo.Damon me sacó del departamento sin darme opción, me hizo subir al auto, y aquí estoy ahora, sentada a su lado, mientras la ciudad pasa fugazmente a través de la ventanilla. Algunos de sus hombres se quedaron atrás. No necesito preguntar para saber que están "limpiando" la escena.El silencio entre nosotros es espeso, pero no voy a dejarlo así.—¿De verdad llevaron a Tom al hospital? —mi voz es pura desconfianza.—Sí —responde sin inmutarse.—¿Cómo puedo estar segura de que no lo van a rematar y tirarlo al Támesis?Damon sonríe con esa calma exasperante.—No puedes estar segura.Su indiferencia me hace hervir la sangre. Aprieto los puños sobre mis piernas, cont
Cuando llegamos a casa, ambos subimos las escaleras en silencio, cada uno dirigiéndose a su habitación. Sentía el cuerpo pesado, como si cada paso me costara el doble. No sabía si era el cansancio físico o el agotamiento mental lo que me estaba pasando factura, pero apenas alcancé el último escalón, un mareo me golpeó de lleno.Mis piernas flaquearon y me aferré a la baranda, llevando una mano a mi frente.—¿Estás bien? —preguntó Damon, su voz cargada de sospecha más que de preocupación.—Sí —respondí con sequedad, obligándome a seguir adelante.—Te ves pálida.Lo ignoré y traté de alejarme, pero el mundo a mi alrededor comenzó a inclinarse peligrosamente. Sentí que el suelo se desvanecía bajo mis pies. El impacto contra el suelo nunca llegó; en su lugar, unos brazos fuertes me sostuvieron con facilidad.—¿Qué haces? —susurré débilmente, apenas consciente de la calidez que me envolvía—. Suéltame.—No tienes fuerzas para caminar, déjame ayudarte.—No quiero tu ayuda… te odio —murmuré c
Damon sigue mirándome con esa intensidad que tambalea mi voluntad. Pero no voy a ceder. No esta vez.—¿Qué esperas para alejarte? —pregunto al fin, incómoda por su cercanía y por el revoltijo de emociones que provoca en mí.—¿De verdad quieres que me aleje? —su sonrisa se curva de forma pícara, como si conociera la respuesta antes de que yo misma la sepa.—¿Qué más podría querer? —respondo con firmeza, negándome a caer en sus juegos.—No lo sé, pero estás sonrojada.Su voz baja, casi cómplice, me hace sentir el calor extendiéndose por mi rostro, lo que solo provoca que Damon suelte una risita divertida.—Para ser tan bravucona la mayor parte del tiempo, eres realmente adorable. Tan dulce… Me dan ganas de morderte.—¡Oh, vamos! ¡Aléjate ya! —Lo empujo suavemente por los hombros, más para romper la cercanía que por intentar hacerle daño. Damon se aparta, pero sé que es porque él lo decide, no porque mi intento haya sido efectivo.Sigue sonriendo, incluso cuando frunzo el ceño.—Te estar
Al llegar a la salida de la mansión, Damon me espera junto a un hombre uniformado. Su cabello castaño claro y ojos café contrastan con su expresión seria, aunque hay algo en su mirada que no intimida del todo. No es la clase de presencia oscura e impenetrable que tiene Damon. Este hombre es diferente.Me detengo junto a ellos y el guardia hace un leve gesto de cortesía con la cabeza.—Anel, él es Killiam —anuncia Damon con su tono habitual de mando, señalándolo con la barbilla—. Será tu guardaespaldas. Es de mi entera confianza.—Hola —saludo sin mucho interés.—Hola —responde Killiam con formalidad.—Me voy —le informo a Damon, quien solo asiente antes de darse la vuelta e ingresar de nuevo a la mansión.Killiam abre la puerta de un auto negro y lujoso, claramente asignado para mis traslados. Sin necesidad de darle más indicaciones, se pone en marcha hacia el hospital.El trayecto es silencioso. No siento la necesidad de hablar con él y él tampoco parece interesado en iniciar convers