12: Un Beso Robado

Viviana salió del salón con pasos fuertes, claramente furiosa. Seguro quería decir algo más, pero la firme orden de Damon la obligó a marcharse sin rechistar.

El silencio que quedó después fue denso. Damon se acercó a mí con movimientos cautelosos. Yo seguía en mi asiento, apretando mi mano adolorida contra mi pecho. La quemadura ardía cada vez más, la piel enrojecida y sensible. Las lágrimas rodaban por mi rostro sin que pudiera detenerlas, pero me negaba a romper en llanto. No le daría esa satisfacción.

Damon se sentó a mi lado sin decir nada y tomó mi mano con suavidad. Intenté apartarla, pero cualquier movimiento hacía que el dolor se intensificara. Lo miré en silencio mientras examinaba la herida con atención.

—Lauren —llamó con voz firme, y la sirvienta apareció al instante.

—Señor.

—Tráeme un botiquín y un medicamento para quemaduras.

Lauren asintió y desapareció tras la puerta. Aproveché la oportunidad para hablar.

—No necesito que hagas nada por mí —solté con frialdad—. Puedo
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