De repente, los gritos en la recepción rompen el frágil silencio que había entre ellos, arrancándolos de sus pensamientos. El sonido de voces alteradas resuena por el pasillo, haciendo que Cristóbal retire la mano de la mesa con brusquedad, como si algo lo hubiera sacudido por dentro. Úrsula frunce el ceño, mientras la furia se acumula dentro de ella como una tormenta. La situación se le escapa de las manos más rápido de lo que puede controlar, su respiración se acelera, el calor de la ira se instala en su pecho, y sus dedos blancos por la presión se tensan alrededor de la taza de café como si fuera la única cosa que aún pudiera sostener, provocando que el líquido oscuro que hay dentro de ella, se agite levemente, como si también sintiera su odio. Observa a Cristóbal y cómo su actitud cambió en un instante. Él, tan accesible, tan vulnerable a sus manipulaciones, se desvanece ante ella como si nunca hubiera estado allí. De repente, una voz femenina rompe el silencio. –¡Le estoy p
Amara se toma un momento para respirar profundamente, su pecho agitado por las emociones que la arrastran sin piedad. Las lágrimas caen, pesadas como piedras, y sus manos tiemblan ligeramente. Liam observa, con una mezcla de preocupación y compasión, mientras ella trata de calmarse. Finalmente, toma un vaso de agua, lo sostiene con firmeza en las manos, y lo acerca a ella con un gesto lleno de cuidado.–Amara, toma un poco de agua – le dice con suavidad, mientras los ojos de Liam reflejan una ternura que atraviesan la angustia de la joven. –Te hará mal seguir llorando tanto sin hidratarte. Sé que es difícil, pero por favor, intenta calmarte un poco, por tu bien.Ella lo mira fijamente, con los ojos empañados en lágrimas que parecen no cesar. El temblor en sus labios es casi imperceptible, pero suficiente para que Liam lo note. Ella no toma el vaso de inmediato, sus dedos se aferran al borde de la silla como si fuera lo único que la mantiene anclada a la realidad.–No puedo, Liam…
Amara entreabre los labios, dispuesta a hablar, pero antes de que pueda pronunciar palabra, un médico de semblante serio se aproxima con rapidez. Sus facciones, endurecidas por el peso de incontables horas de trabajo, reflejan agotamiento. Pero sus ojos mantienen una compostura inquebrantable —Buenas noches—Su voz es grave, pausada, como si cada palabra pesara más de lo que debería. Cierra con un gesto mecánico la carpeta que sostiene entre las manos y, al alzar la vista, su mirada se detiene en Sophie. Por un instante, su expresión cambia sutilmente. La observa, quizá un segundo más de lo necesario, y sus labios se entreabren con un deje de sorpresa apenas perceptible. —Oh… hola. —Su tono es diferente ahora, más suave. Sophie, acostumbrada a este tipo de reacciones, le devuelve una sonrisa breve pero encantadora. —Hola. Pero Amara no está para juegos ni silencios incómodos. Con el pecho oprimido por la angustia, interrumpe la burbuja que se formó entre ellos. —Doctor, ¿hay
El implacable tic-tac del reloj se alzaba como un ominoso presagio, señalando la inminencia de una tragedia que acechaba en las sombras. En ese sombrío rincón del universo, el corazón de la señorita Amara latía con una ferocidad indomable, una tormenta en su pecho que no encontraba refugio en medio del caos desatado a su alrededor.–Señorita Amara, por favor, venga conmigo– ordenó el enigmático hombre, su voz resonando como un eco distante en el abismo de su terror. Sin embargo, ella estaba paralizada, sus extremidades temblando como una hoja en el viento huracanado de sus emociones desenfrenadas. Cada latido de su corazón era un eco retumbante de lo efímera que podía ser la línea entre la vida y la muerte en un instante.–No tenemos tiempo que perder. ¡Sígame rápido señorita!–insistió, elevando el tono de su voz mientras la amenaza inminente se cernía sobre ellos, con reporteros y policías a punto de invadir el lugar.La desesperación se apoderó del misterioso hombre, y sin titub
No obstante, con el pasar de los días las cartas cesaron y hoy en día la Casa de Modas Laveau se yergue majestuosa como un faro de prestigio y distinción, una entidad aclamada y altamente remunerada en cada rincón del planeta. Con su sede principal estratégicamente anclada en la ciudad de Milán, esta marca icónica ha tejido su presencia en una red global, extendiendo sus tentáculos a múltiples países. Una noche, el pequeño departamento que Amara había comprado para “momentos especiales” se encontraba en un manto de sombras, y el aire estaba cargado de una mezcla embriagadora de perfume y deseo. Amara se encontraba perdida en una vorágine que prometía ser inolvidable, aunque sabía que al amanecer solo sería un recuerdo borroso en su mente. Los dedos de un hombre, cuyo nombre apenas se esforzaba en recordar, rozaban su piel con una intensidad que bordeaba la desesperación. La risa de ambos resonaba en el espacio reducido, mezclándose con el ritmo entrecortado de sus respiraciones.Pe
Sin pronunciar palabra, Amara salió de la oficina de su padre. Cerró la puerta con un golpe seco que resonó en los pasillos, un eco que no solo marcaba el final de la conversación, sino también el inicio de una batalla personal. Sus pasos eran firmes, rápidos, como si el sonido de su caminar pudiera disipar la ira que le quemaba por dentro.Frente a la puerta de su habitación, se detuvo, jadeando ligeramente. De alguna manera, sentía que el aire estaba más denso, como si sus pensamientos pesaran más que nunca–¿Cómo pudo hacerme esto? –murmuró, empujando la puerta con la palma de la mano. El vestíbulo de su cuarto parecía el único lugar donde podía encontrar algo de calma, pero, al entrar, la frustración la golpeó nuevamenteSe sentó en el borde de la cama, mirando al vacío. ¿En qué momento su vida había dejado de ser solo suya?. Cada rincón de la casa parecía recordar su rol como la hija obediente, la heredera de la Casa de Modas Laveau. Pero ella quería más. Necesitaba más.–¿
El rostro de Cristóbal, quien en algún momento fue un interés romántico en mi vida, se tensa al ser confrontado con la responsabilidad que intenta esquivar. –Amara, eso es algo que corresponde al departamento de diseño. Yo solo tengo a mi cargo la distribución– murmura en un intento de deslindarse del asunto. Sus palabras resuenan en mis oídos como un eco de la desilusión que alguna vez sentí por él, pero en un instante, un pensamiento intrigante cruza mi mente: ¿podría convertirse en un prospecto de marido conveniente, uno que podría mantener bajo vigilancia constante? La tentación de usar su posición para mis propios fines me visita fugazmente, pero rápidamente la desecho. No permitiré que mis objetivos personales se interpongan en la misión que tengo entre manos. Mis ojos se estrechan en una mirada desafiante mientras respondo. –Estás cometiendo un error al pensar de esa manera. Nuestra empresa se caracteriza por la eficiencia y tu respuesta solo demuestra una carencia de ello– a
Su expresión muestra una mezcla de intriga y satisfecha. –Explícame un poco más, Amara– solicita, con un gran interés chispeando en sus ojos. –¿Cuál será el propósito que comunicaremos a los asistentes de esta celebración?– interroga, su mirada clavada en mí. –Nuestro objetivo principal será exhibir al mundo nuestras nuevas y audaces colecciones de vestidos de gala. Queremos que los modelos, vistiendo nuestros diseños en alfombras rojas y eventos de alto perfil, generen una demanda masiva de nuestros productos. Aprovecharemos esta oportunidad para destacar la elegancia, exclusividad y calidad que la marca Laveau representa. Transformaremos nuestra casa de moda en una joya codiciada, el epicentro del glamour. Será el evento del año, y todos querrán formar parte de él. Pero lo más destacado es que nos adelantaremos a la competencia, presentando nuestras creaciones más innovadoras. Esto creará un impacto resonante y revitalizará nuestras ventas. Además, nos abrirá las puertas para esta