—Los seguí sin que me vieran, apenas salieron del conjunto de departamentos, la muchacha iba discutiendo. Mi llamado esposo hizo un ademán y el hombre a su lado le entregó un pañuelo que fue inmediatamente colocado en el rostro de la jovencita, lo que la aletargó y ella siguió caminando a su lado como una muñeca sin voluntad. La llevaron a un callejón apartado, y una vez allí, vi a aquel hombre sacar un frasco de pastillas, y entregárselo a él, quien tomó algunas de ellas y obligó a la jovencita a tomársela mientras le decía:
—¡No admitiré bastardos en mi vida, y tampoco volverás a molestarme nunca más!. De todos modos, nadie va a extrañarte, niñita.
No supe que más sucedió, decidí volver a toda prisa al departamento, firmé los papeles dejándolos sobre la mesa, tomé algunas de mis pertenencias, lo que pude guardar en esos momentos en mi mochila, y salí corriendo. Iba a tomar el ascensor cuando lo ví salir de allí, me di media vuelta y bajé corriendo las escaleras para evitar que me alcanzara.
Salí de allí a duras penas, me oculté en un parqueadero cercano, estaba muy furioso con los papeles en la mano. Fue la última vez que lo divisé, apenas me sentí a salvo hice una llamada telefónica anónima a la policía, explicándoles lo que presencié que le hicieron a la jovencita en aquel callejón, les dí la información necesaria y me deshice de mi teléfono.
Después de eso volví a casa, él tampoco conocía a mis padres, ni sabía quienes eran, lo que fue una ventaja, aún así ellos me enviaron a la frontera con unos tíos donde me ayudaron a conseguir una nueva identidad. Después que naciste, volví a estudiar pero esta vez para auxiliar de enfermería, allí conocí a Román, inciamos una bonita amistad, cuando él se me declaró le confesé que tenía un hijo y me dijo que estaría feliz de formar un hogar junto a nosotros, porque no podía tener hijos. Así que unimos nuestras vidas, te dió su apellido y a cuidado de los dos siempre. De tu padre biológico nunca supe nada más y así es mejor, que haya quedado en el olvido.
Después de charlar, la mujer mayor sollozaba en brazos de su hijo, quien sentado junto a ella la consolaba.
—No se preocupe, madre, entiendo perfectamente cuánto sufrió en manos de ese demente. Aunque ese hombre no merece seguir con vida, es un monstruo sin corazón.
—Por ese mismo motivo nunca debes saber de quién se trata, no quiero que manches tu nombre ni tu buen corazón, hijo mío.
—Respeto su decisión madre, tranquila, me ocuparé de ustedes, mis verdaderos padres.
Los dos volvieron al interior de la Clínica. Christian agilitó los trámites para conseguir la sangre que su padre necesitaba. Y permaneció junto a su madre el día entero.
Isabela volvió a encargarse de sus pendientes al trabajo, y al contar con la autorización de su futuro suegro, salió de la corporación para volver a su hogar y se sorprendió: todo estaba tirado por el suelo, parecía que ingresaron buscando algo en particular. Pensó en denunciar el hecho a la policía, pero desistió al asegurarse que, aparte del descomunal desorden, no faltaba nada. Así que se tomó el tiempo necesario para dejar todo en orden.
Una vez finalizada su tarea, tomó una ducha, se alistó y fue a la cocina a preparar algo con que alimentarse. Estaba a punto de terminar su comida, cuando recibió un mensaje de un número desconocido, informándole que su madre había despertado y que se requería de su presencia en la Clínica. Tomó lo necesario y partió a toda prisa.
Una vez allí, les explicaron todos los pro y los contra del tratamiento al cual se someterá su madre. Isabela ya había firmado la autorización, por lo que antes de que iniciaran, pidió hablar un momento a solas con ella.
—Me siento dichosa de verte bien, y saber que podrás recuperarte— habló la joven abrazando a su madre, a la vez que suspiraba con preocupación.
—Estoy mejor, pero hija, este lugar se ve que es extremadamente costoso. ¿Cómo fue que terminé aquí? Seguro la cuenta lleva varios ceros, no debiste traerme a este sitio, hija, te endeudarás de por vida.
—Madre, usted solo debería pensar en salir de aquí con bien, nada más. Del resto ya me encargué, tranquila.
—Sólo voy a estarlo, si me aseguras que no hiciste nada indebido, de lo que podrías arrepentiré después.
—No, madre, creo que eso no pasará.
—¿Acaso hiciste algo malo, ni niña? Te metiste en algo ilícito o ... ¿tienes algún patrocinador?
—No madre, por supuesto que no, piensa demasiado, debe calmarse. Voy a contárselo todos, prométeme que lo tomará con calma, ¿de acuerdo?
—No garantizo nada, pero prefiero saberlo de tu boca que enterarme por terceros.
La joven le explicó lo mejor posible la situación a su madre, quien la abrazó fuertemente mientras sollozaba. Isa trataba de mantenerse serena, para no preocuparla.
—No fue una buena decisión, pero espero que todos tu esfuerzo valga la pena.
—Madre, que dice, ¡nada es más importante para mí que su salud! así que veamos todo de la mejor manera, con optimismo, quizás, resulte algo bueno, sino, por o menos estaremos estables y cuidaré de usted y de mi hijo o hija.
—Está bien, haré lo posible por ayudarte y seguir a tu lado.
—Gracias, madre, se repondrá, ya lo verá.
Mientras madre e hija conversaban y se abrazaban, un hombre alto, cubierto con una capucha y usando una mascarilla negra, miraba con atención la interacción de las dos, mediante una cámara desde la sala de vigilancia de la Clínica.
—Vaya, vaya, quien lo diría, el mundo es un pañuelo. Y si volvimos a cruzar nuestros caminos, hay una razón grande para esto. Tú cambiaste mi vida como no tienes idea, ahora es momento de resarcir los daños. Y quiero que sepas cuanto te extrañé y cuanta falta me hiciste, mi niña.
Al pasar de los días, Karla fue aliviandose mejor de lo que esperaba. Aquella medicina la ayudó a estabilizar su salud y a desacelerar el crecimiento de su corazón. Logró salir de la Clínica un par de días antes de la boda.El día señalado, cuando todo estuvo listo. La hora se aproximaba, y Demián se preparaba para asistir al registro civil para concretar el matrimonio. Vistió un traje negro de tres piezas, que hacía juego con su expresión fría y seria.A pesar de haber aceptado este compromiso, se sentía insatisfecho. No tenía buenas expectativas sobre este, pues no se casaría con el amor de su vida.—Únicamente un año, un año pasa rápido — se decía a sí mismo, tratando de seguir con el plan.Cuando estuvo listo, viajó desde la mansión en la cual vivían sus padres hasta el registro, donde los pocos que fueron invitados aguardaban su llegada y la de la novia.Por otro lado, Isabella ya se hallaba lista, mirándose al espejo, se animaba una y otra vez para convencerse de que es lo mejor
Una vez que los novios partieron, Harold junto a su esposa agradeciendo la presencia a los invitados, quienes comenzaron a marcharse. Karla también tomó sus pertenencias y se dispuso a salir.—Cariño, esperaremos las buenas noticias de parte de esos dos—dijo Harold abrazando a su esposa, pero se vio interrumpido por el sonido de su teléfono. —En unos minutos estoy allá — apenas respondió y cerró la llamada. —¿Volverás a la oficina? Siempre tan adicto al trabajo, y Damián es igual, pobre Isabella, lo que le espera. —Calma, amor mío, te veré en la noche, despídeme de todos. Harold salió a toda prisa, y fue directo al edificio de la Farmacéutica. Karla se aproximó a Ashley apenas el esposo de esta se alejó, para también despedirse. —Señora Torres, por favor, no se retire aún, me gustaría conversar con usted sobre nuestros hijos, para saber que posibilidad hay de que ellos se entiendan, por supuesto si no está de apuro. —No tengo planeado hacer nada así que está bien, veamos
De nuevo en el bar. —Hermosa señorita, permítame presentarme, mi nombre es Alexander, ¿podría decirme el suyo? —Lo siento, pero no ... no estoy interesada en conocer a nadie, únicamente vine de visita a este lugar. —Bueno, yo conozco toda esta playa, podría llevarla a conocer todos los lugares que guste. —No quería sonar grosera, pero es preferible que no, además, soy una mujer casada. —¿Está segura? Porque yo no veo ningún anillo en su dedo, ni de compromiso mucho menos de matrimonio. —No salgo con ellos, por seguridad. —Comienzo a pensar qué solo son excusas. En el camino, Damián la llamaba insistentemente. Timbraba un par de veces y luego pasaba a buzón de mensajes. —¿Dónde se metió esta mujercita? Activó el rastreo por medio de su teléfono al de Isabella, y en unos instantes obtuvo su ubicación. —Vamos, ya sé dónde está — dijo mostrándole el lugar a su chófer. —No tengo por qué darle ninguna explicación, será mejor que me marche, con permiso — Isabella dijo
Damián abandonó la habitación, e Isabella cerró la puerta con seguro, aunque sabía que era inútil. No esperaba un trato cariñoso de alguien que no siente nada por ella, pero tampoco justifica la forma en que la trató. Tomó asiento en el suave colchón, cubriéndose de nuevo con la bata. Respiró varias veces para intentar recuperar la calma. —Cuánta razón tuve al creer que no existe el amor con finales felices, esos son cuentos de hadas, pero esto, sobrepasó mis límites — las lágrimas resbalaban por sus mejillas, las secaba con rapidez— Damián me trató como a una ... por culpa de un aparecido que ni conozco, mucho menos para siquiera considerarlo. Podrá ser un gran genio para los negocios, pero carece de empatía. ¡No entiendo como se atrevió a tanto! ¡es un patán!. Piensa que todos somos piezas en su tablero de ajedrez, que puede mover a su antojo, ¡pero voy a demostrarle que conmigo, se equivocó! Se puso de pie y caminó rumbo al baño. Miró su reflejo en el espejo, se sintió patética
Unos momentos después, Andres, el chófer de Damián, lo buscó para informarle que había visto a Isabella nadando en la playa cercana a la mansión. Damián agradeció y fue directo en su búsqueda. Al llegar, la pudo ver tomando el sol bajo una silla de playa. Traía un traje de baño de dos piezas, bastante llamativo, aunque algo conservador para su gusto. Dejaba a la imaginación sus atributos femeninos, que atrajeron su vista. Luego de observarla por unos instantes sin que ella se diera cuenta, se acercó y le habló: —Señorita Isabella, la estaba buscando, necesitamos hablar. Ella se levantó algo sorprendida, y lo miró con seriedad. —Señor Betancourt, mientras nos tratemos con respeto, no hay problema — le respondió con una actitud cortante. —Bueno, quería decirle que... ya que no vamos a permanecer mucho tiempo aquí, de hecho volveremos en dos días, deberíamos consumar el matrimonio, y asegurar a nuestro heredero. —¡Vaya! ¿por qué será que eso no me sorprende? Estaría raro en us
En su nueva habitación, Isabella guardaba sus objetos personales en su lugar. Quedó maravillada ante la opulencia de aquel sitio: la habitación era casi del mismo tamaño del pequeño departamento en el cual habitaba con su madre, la cama de dos plazas cubierta de sábanas de colores claros, al igual que la pintura de las paredes, parecía todo haber sido remodelado recientemente, tenía todas la comodidades necesarias. Además pudo apreciar que tras los enormes ventanales, había un gran balcón cuya vista daba al inmenso mar. —Es un sitio muy hermoso, mamá estaría muy feliz viviendo aquí, deberías preguntarle a mi esposo si puedo traerla— se extrañó por sus palabras — Bueno, después de todo es su hogar, no el mío, así que es normal que se lo pregunte... supongo. Mejor llamaré a mamá para decirle dónde estoy y saber cómo está ella. Así lo hizo, y pasaron largas horas hablando, Isabella le comentó lo sucedido y su madre la ánimo a tomar las cosas con calma. Antes de finalizar, Isabella le
Por su parte, Damián se despidió de su madre y salió de la mansión. Abordó su auto y fue rumbo a la suya. Unos minutos antes de llegar, se desvió del camino y fue a una playa cercana donde solía disfrutar de los encuentros con su amada. Sentía que la extrañaba, pero más que nada, quería dejar de lado aquella sensación de infidelidad hacia ella que lo embargaba. Bien podía aceptar la sugerencia de su esposa para la inseminación artificial, pero su orgullo de hombre se lo impedía.Miraba hacia el mar, perdido en sus pensamientos, cuando una llamada lo interrumpió: al contestar sintió que su corazón se saltaba un latido. Era su amada quien llamaba. Contestó de inmediato, y escuchó la dulce y melancólica voz de ella al otro lado de la línea.—Damián, mi amor, ¿cómo estás?Se mantuvo en silencio, aunque la emoción de escucharla lo carcomía.—Creo que estoy siendo inoportuna, así que te llamaré después — prosiguió la mujer dispuesta a colgar.—Mi reina, no cuelgues por favor — le habló— la
Al día siguiente, Isabella se levantó temprano. Fue a la cocina a ayudar a servir el desayuno para su esposo, pero, para su sorpresa, él ya se había marchado. Esta situación le pareció extraña. Aún así, en los siguientes días, cada mañana después que ella volvía del comedor, hallaba una flor distinta con una nueva nota, cada vez más romántica, allí estaba escrito bellas palabras que solo un enamorado le dedicaría a su musa. Una mañana ella fue como de costumbre a ayudar, y cuando se sirvió la comida, vio que Adelaida tomaba su plato, lo colocaba en una bandeja y se lo llevaba de la cocina hacia el comedor. —Señora Isabella, el señor la espera para tomar juntos el desayuno. Ella asintió y la siguió hacia el comedor. Allí, vestido con ropa informal, y con una expresión serena, la esperaba Damián. La saludó con un beso en la mejilla, y la ayudó a sentarse. —Bienvenida, esposa, espero que no le moleste compartir la mesa conmigo. Su expresión pasó de seria a risueña. Isabella esta