Capítulo 285
—Ve al hotel a recibir a la gente de Grupo Horizonte —dijo Mateo sin levantar la mirada—. Luego prepara el lugar para el almuerzo de hoy y asegúrate de que todo esté organizado en el club para esta noche.

—Como mande usted, señor.

Lucía no podía rechazar las órdenes de Mateo.

Después de anotar la dirección del hotel, se dirigió al estacionamiento subterráneo para tomar el auto.

Justo cuando abría la puerta, una mano súbitamente agarró su muñeca, sobresaltándola.

Al instante siguiente, escuchó la voz de Regina:

—Lucía, tú me contrataste. ¿No conoces mi carácter? Lo que te pregunté no tenía ninguna intención oculta, solo quería sinceramente pedirte consejo. ¿Podrías interceder por mí ante el señor Rodríguez?

Regina no quería ser despedida así.

Había estado esperando en el estacionamiento, y había decidido que sin importar a quién encontrara —Lucía, Javier o Mateo— adoptaría una actitud humilde y les rogaría que la dejaran quedarse.

Lucía no sentía mucha compasión en ese momento:

—El seño
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