Alicia despertó a las 6:00 am, antes de que el reloj sonara; había dormido muy poco a causa de los nervios. Se levantó de la cama, se duchó y, al salir de la ducha, buscó un atuendo para la entrevista. No sabía cómo vestir, así que tomó una falda negra y una blusa blanca de manga larga. Buscó unos zapatos, encontrando unos que casi no usaba. Estos eran negros con un poco de tacón. Secó su cabello para posteriormente cepillarlo. Buscó también entre sus cosas un poco de maquillaje y suspiró al solo encontrar un rubor, un delineador y un labial rojo quemado. Sin pensarlo más, se lo colocó. A Alicia no le gustaba maquillarse, no acostumbraba hacerlo, por eso la escasez de productos; finalmente terminó de arreglarse a eso de las 7:30. Se miró en el espejo, no agradándole mucho lo que veía, más cuando esas palabras resonaban en su cabeza.
"Has cambiado".
Bajó su mirada, un poco decepcionada.
--No puedo hacer nada, así soy.
Susurró un poco.
Tomó el currículum que estaba sobre la mesa de noche; le echó un ojo para ver si había puesto todo correctamente; realmente estaba casi vacío. Se sirvió una taza de café junto con un pan tostado que, al morder, el pan recordó que tenía casi dos días sin haber comido nada; no se había fijado por la tristeza que sentía. Trató de no pensar más sobre su desgracia, así que terminó su pan y su café. Alicia tomó una mochila y colocó algunas prendas para su hija. Finalmente salió de la casa a tomar el autobús.
Ahí estaba Alicia frente a esta empresa que era muy grande. El edificio era la casa matriz, ubicada en el centro de Los Ángeles, California.
"Caballeros Tours" era una de las empresas más grandes para realizar viajes, fundada y dirigida por el señor Rodrigo Caballero, pero hacía dos años él había fallecido en un accidente. Su hijo mayor, Axel Caballero, había tomado las riendas del negocio y estaba en busca de expansión.
Alicia entró y en la recepción preguntó por las entrevistas para el puesto de secretaria. La chica que atendía le respondió que estas eran en el 4° piso. Antes de agradecerle una voz, la llamó.
—Alicia.
Alicia volteó y vio a aquel hombre alto, cabello negro, ojos igual de negros e intensos. Era Luis y seguía siendo un hombre muy guapo.
—Hola, Luis. ¿Cuánto tiempo sin verte?
Respondió Alicia con una sonrisa.
Luis estaba ahí esperando la llegada de Alicia para explicarle las cosas de la empresa; además, tenía un deseo de verla. Hacía ya 10 años que no la veía; en esa época era novia de su mejor amigo, y luego se convirtió en su esposa. Un recuerdo llegó a su memoria: aquella noche lluviosa donde él la encontró sentada bajo la lluvia esperando a Gabriel. Su recuerdo se vio interrumpido cuando escuchó aquella voz preguntando por las entrevistas. Era Alicia; ella se miraba muy cambiada; había cambiado en estos 10 años. Se miraba más gordita; había perdido un poco aquellas curvas de su juventud, pero aún mantenía su belleza. Esa mirada, esos labios gruesos, se dirigió hacia ella y la saludó. En cuanto ella respondió con una sonrisa, su corazón tembló y se aceleró.
—¡Sí viniste!
Dijo Luis muy efusivamente.
—Sí, la verdad lo dudé, pero sí quiero trabajar.
Contestó Alicia con timidez.
—Qué bueno, mira, vamos, las entrevistas son en el 4.° piso.
—Ah, ok.
Alicia y Luis ya se iban rumbo a la escalera.
—Espera.
Se giró hacia la recepcionista.
—¡Muchas gracias!
Soltó y sonrió; la recepcionista también le sonrió. Alicia volvió hacia Luis y comenzaron a subir las escaleras.
—Ahora subiremos las escaleras porque el ascensor no está en funcionamiento.
Le aclaró Luis a Alicia.
—Ah, sí, no te preocupes.
Al llegar al cuarto piso, había varias chicas esperando sentadas su turno para la entrevista.
—¿Dónde dejo mi currículum?
Preguntó Alicia a Luis.
—Ahí, con la señorita que está ahí.
señaló Luis.
Alicia caminó un poco y, al llegar al escritorio, dejó el currículum junto a los demás. La secretaria le pidió que esperara su turno. Alicia regresó hacia donde estaba Luis.
—No estés nerviosa, va a salir bien.
Luis animó a Alicia.
—Me dijiste que despidieron a la secretaria ayer, ¿verdad?
—Sí, la razón no la sé, pero en lo que va de dos semanas ha despedido a 10 secretarias.
—¿A 10, en dos semanas?
—Así es.
Respondió Luis; en ese momento la secretaria que se encontraba recibiendo los currículums habló.
—¿Señorita Torres?
—¡Sí, soy yo!
Respondió Alicia tímidamente.
—Después de la señorita González, sería el turno de usted.
—Ah, está bien, muchas gracias.
Sonrió Alicia.
—¿Señorita Torres? ¿Acaso no pusiste que estabas casada?
Preguntó Luis, un tanto desconcertado.
Alicia solo bajó la mirada apenada; Luis entendió la situación.
—Ah, entiendo.
Dijo Luis tratando de no avergonzar a Alicia.
—Alicia, te tengo que dejar, tengo que regresar a mi oficina. Yo trabajo en el primer piso, en el área de contabilidad, pero te veo más tarde para ver cómo te fue, ¿sí?
Alicia nuevamente levantó la mirada y asintió suavemente; cuando Luis se retiró, suspiró de vergüenza. Ella no había negado lo de "señora Cruz" un día antes y ahora él se enteraba de que regresaba con su apellido de soltera. No terminaba ese pensamiento cuando sonó insistentemente su teléfono; era Gabriel quien llamaba.
Ella se dirigió a un pasillo para que no escucharan la llamada.
—¿Sí, Gabriel?
—Alicia. ¿Dónde estás? Vine a la casa y no estabas.
Alicia se alegró de que se preocupara por ella.
—Estoy en un asunto, nada importante. ¿Fuiste a la casa a buscarme? ¿Quieres verme? Si quieres voy a…
—¿A buscarte?
Gabriel comenzó a reír.
—No, vine por unos documentos que necesito, quedaron aquí. Se me hizo extraño no verte aquí, como siempre estás en casa sin hacer nada.
Esas palabras le dolieron a Alicia.
"¿Por qué él se aferraba a humillarla? "¿Por qué él había cambiado de esa manera?"
Alicia contuvo las lágrimas.
—Bueno, ¿entonces para qué me hablas?
—Porque debemos ponernos de acuerdo para hablar con Abril sobre nuestro divorcio. Sé que está en casa de mi madre, ¿qué te parece si mañana hablamos con ella?
—¿Estás seguro? ¿Quieres que le digamos que ya no estaremos juntos?
Respondió Alicia con dolor en su voz.
—Sí, ya te dije.
Respondió molesto.
—¿Por qué no entiendes? Te sigues aferrando, entiende, ya no te quiero, ya no quiero estar contigo, no me provocas nada, eres ordinaria para mí.
La palabra de Gabriel perforaba su corazón.
—Está bien, mañana hablaremos con ella. Adiós.
Colgó antes de que él siguiera hablando; ya no aguantaba las lágrimas, estaba a punto de brotar. Se dirigió al baño, donde se encerró en un cubículo, y al sentarse sobre el retrete cerrado, comenzó a llorar. Después de un rato recordó dónde estaba, así que se secó las lágrimas. Al salir de aquel cubículo, se dirigió al espejo y vio sus ojos que estaban un poco hinchados. Salió del baño para continuar esperando su turno, pensando que la chica González ya había tardado en su entrevista.
Finalmente, salió de la oficina. Aquella chica era alta, traía una minifalda, unas zapatillas doradas, era hermosa. Entonces Alicia volteó a ver a las demás y eran lo mismo; vestían hermoso. "¿Tal vez sí era ordinaria?" Se estaba arrepintiendo de estar ahí, pensó en irse, pero justo antes de eso alguien la llamó.
—Señorita Torres, sigue usted.
Dijo aquella secretaria, así que no quedaba de otra; entraría y daría lo mejor de ella.
—Ah, sí, gracias.
Alicia entró a aquella oficina que era muy elegante. Ahí estaba aquel hombre de pie, mirando hacia la ventana con las manos en la espalda. Era alto, aunque Alicia supuso que por la estatura de ella cualquier hombre era alto, pero él estaba midiendo 1.89. Su cabello era castaño obscuro y, para ser alguien al frente de una empresa, lo traía sin ningún producto para peinar; se miraba sedoso y hermoso, tenía un volumen por el tipo de cabello quebrado que tenía; era muy joven. Alicia había leído cuando buscaba la información de la empresa que estaba entre los 35 años el nuevo jefe de "Caballeros Tours", pero era la única información que había sobre él y tampoco indagó más.
—Señorita, tome asiento.
Ordenó la voz de aquel hombre. Alicia tomó asiento tal como se le ordenó y esperó a que él volteara y la mirara. Cuando lo hizo, vio aquellos ojos cafés oscuros y aquella boca, esos labios ligeramente rosas. Su nariz perfilada, su rostro era perfecto; era extremadamente atractivo. Él era el hijo del antiguo jefe. Era Axel Caballero.
—Mmm… Entonces, aquí dice que tiene 29 años y que no ha trabajado ni una sola vez en su vida. ¿No es así?
—Así es, pero…
Fue interrumpida por él.
—Si no ha trabajado, ¿para qué quiere trabajar? No cuenta ni con estudios; yo necesito a alguien competente. No sé si usted lo sea por su historial; no me parece que sea así. El único punto a su favor es el hablar inglés, por haber nacido aquí, pero la mayoría lo habla así, que no es tan especial tampoco.
Continuaba diciendo él sin una pizca de amabilidad.
Alicia en ese momento se levantó de la silla; estaba harta, primero su esposo tratándola de pisotear y luego este hombre que no la conocía también quería hacerlo. Alicia siempre fue muy tímida, nunca le contestó a nadie en su vida, pero esa mañana ya estaba cansada.
—¡Sí! No he trabajado. ¡Y sí, no terminé mis estudios! Pero eso no se pelea con mi competencia, señor, ¿usted piensa que porque tiene un puesto alto va a tratar de ofenderme?, ¡pues se equivoca!
El hombre quedó sorprendido.
—Señori...
No terminó de decir cuando fue interrumpido por ella.
—No he terminado aún. Yo soy muy competente, me gusta el trabajo, sé que aprendo rápido, pero eso usted no lo sabe… Fue un placer conocerlo, señor; que tenga un excelente día.
Alicia dio la vuelta y en ese mismo momento se arrepintió de haber dicho semejantes cosas, pero ya estaba hecho. Estaba a punto de abrir la puerta cuando la voz de aquel hombre sonó de nuevo.
—Señorita Torres, ¿en serio se cree usted competente y capaz de realizar este trabajo?
Alicia volteó con una risa burlona.
—No solo este trabajo, sino el que yo quiera.
No sabía por qué seguía contestando así, pero aquel hombre la había sacado de sus casillas.
—Está bien, me lo va a demostrar, entonces la voy a contratar. Empieza mañana temprano… Hasta luego.
Alicia quedó impactada y sin moverse.
—Bueno, ¿se va a retirar o no?
Alicia sacudió la cabeza.
—Hasta mañana, señor.
Alicia salió de aquella oficina aún sin entender por qué la había contratado si se portó como una grosera, pero estaba feliz, ya que empezaría a trabajar. Pensó en disculparse al día siguiente. Alicia se despidió de la secretaria y bajó las escaleras; en ese momento Luis la detuvo.
__ ¿Cómo te fue?
Preguntó Luis.
—¡Bien!, ahora seremos compañeros de trabajo.
Alicia sonrió; Luis no pudo evitar sonreírle también.
—¿Quieres tomar un café?
Preguntó Luis sonrientemente.
—No puedo, discúlpame, es que debo ir a hacer unos pendientes, pero te prometo que mañana sí, ya que por ti tengo un trabajo. Muchísimas gracias.
—OK, pero ya dijiste que mañana.
—Sí, lo prometo, me voy. Adiós.
—Adiós, hasta mañana.
Dijo Luis mientras Alicia salía de aquel edificio.
Era miércoles por la mañana, era una mañana soleada, Axel se despertó muy temprano como de costumbre, se duchó, se vistió con el traje negro que había elegido para esa mañana con la corbata color vino, después de estar listo, bajó a desayunar como era su costumbre antes de ir a la oficina, tomó su maletín y salió de aquella casa, se subió a su coche pensando que sería un día nuevamente largo y cansado, ya que una tarde antes había despedido a su nueva secretaria, el motivo del despido para cualquiera era simple y quizás sin importancia, pero para él no lo era, ella había tirado su bolígrafo esa tarde, se había agachado ante el mientras su busto salía a relucir eso le colmo la paciencia, por qué sabía que lo había hecho a propósito, ya con ella llevaba 10 en ese punto estaba cansado de elegir, suspiró con un poco de fastidió, ya que no es que le desagradaran este tipo de acciones simplemente el sabia que el trabajo era primero y que despues de la muerte de su padre tenia una gran respon
Alicia miró su reloj y caminó hacia la parada del autobús. Después de esperar un tiempo a que este llegara, se subió, fue directo a la casa de su suegra y, al llegar, tocó la puerta. Su suegra abrió sonriéndole al ver que era ella.—¡Hija!, pasa.—Mamá, ¿cómo estás?Alicia abrazó a Celeste efusivamente.—Bien, hija, pero a ti no te veo bien, te veo un poco pálida. ¿Acaso no estás durmiendo bien? ¿Estás comiendo, verdad, hija?—Sí, mamá, si estoy durmiendo y si estoy comiendo, no te preocupes.En ese momento las lágrimas brotaron de sus ojos, no podía contenerlas, detestaba seguir llorando, pero no podía parar. El dolor siempre sobrepasaba su voluntad.—Hija, no llores, me rompes el corazón. Ese hijo mío verá ahora que venga. ¿Cómo es posible que haga llorar a esos ojos tan bellos? No lo puedo permitir. Voy a hablar con él; me va a tener que explicar qué está pasando.—No, mamá, no te preocupes, no le digas nada, él tomó su decisión. Yo ya no soy nadie para él y está bien, entiendo, sol
Habían pasado ya tres meses desde que Alicia había firmado el divorcio con Gabriel, ella no había visto a Gabriel en todo ese tiempo a pesar de que ya se habían organizado con Abril, habían quedado de acuerdo en que él la tendría lunes, martes y miércoles y ella los días restantes, los días jueves y viernes, su suegra iría por ella a la escuela y ya Alicia pasaría por ella después del trabajo, los sábados Alicia salía más temprano, los domingos lo tenía libre así podía pasar toda la mañana y la tarde con Abril antes dejarla en casa de Celeste. Gabriel siempre que pasaba por la niña nunca bajaba del carro, ella solo lo miraba a través del cristal del auto, él no le dirigía la mirada, era como si no quisiera enfrentarla, en esos tres meses una sola vez lo vio que fue para lo del divorcio y dos ocasiones había hablado con él por teléfono solo para escuchar la misma letanía, del porqué la dejo, parecía que disfrutaba verla sufrir, realmente no entendía la actitud de Gabriel, ya que por ll
Alicia se levantó más temprano que de costumbre, ya que quería tener organizada su maleta para el viaje a Miami. Estaba emocionada por el viaje. Desde que se casó con Gabriel, no viajó más, ya que siempre había un pretexto nuevo para no llevarla a sus viajes. Ya que arregló todo lo de su maleta, ella se fue a la empresa.— Buenos días, Laura.Saludó a la recepcionista de la entrada. En su primer mes, Luis se había encargado de presentarles a todos los trabajadores y había empezado amistad con muchos de ellos.— Buenos días, Alicia.Respondió Laura con una sonrisa.—¿Cómo estás?— Muy bien, ¿ya llegó el jefe?—Sí, acaba de llegar.— Ah, ok, gracias, entonces mejor subo.Alicia llegó a su escritorio, vio varios papeles y uno de ellos era el contrato de la secretaria que quedaría de suplente en su puesto. Axel debía firmarlo. Así que Alicia lo tomó y tocó la puerta de la oficina.—¡Adelante!Se escuchó desde el interior de la oficina. Alicia entró y se dirigió al escritorio de Axel, en do
Axel estaba sentado en el aeropuerto; se encontraba esperando a Alicia. Vio su reloj; este marcaba la 1:15 de la madrugada. Suspiró con un poco de cansancio.—¿No acaso me dijo que a la 1:00 nos veríamos acá?A lo lejos vio a Alicia con su maleta; se notaba apresurada. Se acercó a él un poco agitada, se agachó poniendo sus manos sobre sus rodillas; trataba de recuperar el aliento. Axel esperaba que eso sucediera.—Disculpe, jefe, lo siento por venir tarde. Venía bien, incluso salí temprano para estar aquí a las 12:00, pero el taxi chocó con otro auto y en lo que llegó el seguro y mi declaración, se fue el tiempo. Apenas si pude zafarme de la situación; tuve que explicarle a la policía que tenía un vuelo.Axel se levantó de su asiento un poco preocupado por lo que había dicho Alicia con respecto a un choque. Rápidamente la vio de pies a cabeza buscando algún golpe. No se atrevió a tocarla, así que solo lo hizo con su mirada.—¿Pero está bien?—Sí, estoy bien, no fue grave el accidente,
Axel se encontraba sentado en una banca del parque que se encontraba justo al lado del hotel; recordó que al entrar a su habitación se recostó en la cama. Se sentía un poco cansado; había querido dormir durante el viaje, lo cual había conseguido, pero solo por unas horas, ya que se despertó por el sonido de pequeños ronquidos a su lado."¿Cómo puede roncar así una chica? "Tal vez estaba muy cansada".Entonces tomó un pantalón y una camisa tipo polo, se duchó y decidió ir a caminar, encontrando ese parque donde se sentó a observar las aves y las personas que estaban ahí.Axel suspiró y, al girar su mirada, vio a esa mujer con un vestido blanco con flores rosas y unas sandalias rosas iguales que esas flores; realmente era bajita. El cabello castaño hasta la cintura la siguió con la mirada. Ella caminaba observando a su alrededor. Observó que un anciano acompañado de una niña pequeña se acercó a ella y este le ofrecía algo, con lo cual ella negó con la cabeza. La pequeña niña jaló el pant
Y ahí estaba Axel, sentado nuevamente en una banca con un helado en su mano, preguntándose cómo había terminado en esa situación."Realmente no pude negarme, cuando ella sonrió y me dio el helado".Pensó Axel suspirando. Volteó a ver a Alicia y ella estaba comiendo su helado con las mejillas ruborizadas y la mirada perdida en los arbustos."¿Qué acabo de hacer? ¿Por qué tomé su mano? ¿Estará pensando que soy una atrevida? Estaba tan emocionada por el helado que no pensé y... "¿Ahora qué digo?"Alicia volteó a verlo solo para encontrarse con su mirada y una ligera sonrisa que le puso la piel de gallina. Ese día él se miraba muy bien; siempre lo había visto de traje y ese día lucía más relajado.—¿Acaso no le gusta el helado? Disculpe, no le pregunté si le gustaba, solo se lo di.—No se preocupe, si me gusta, está rico, solamente que no me acostumbro a comer cosas dulces muy a menudo.—¡Ah!Respondió Alicia desviando la mirada de Axel.Ambos estuvieron en silencio mientras comían el h
Alicia entró a su habitación después de esa reunión, se quitó su ropa, buscó entre su maleta y encontró su short y una camisa que había empacado para estar cómoda, se sentó en su cama recordando aquel pequeño instante que estuvo tan cerca de su jefe.''Realmente, mi corazón estaba muy agitado. ¿Qué me pasa el día de hoy?''Se levantó, se vio en un espejo y notó que estaba colorada de las mejillas al pensar en su jefe; finalmente sacudió la cabeza para ahuyentar sus pensamientos que involucraban a su jefe.—¿Qué haré? Estoy aburrida; además tengo hambre.Se dijo a sí misma.Alicia tomó el control de la TV, observó que había películas.—Hace mucho que no veo una película. Sí, eso haré.Alicia tomó el teléfono que estaba en la habitación y preguntó en recepción si podía pedir una pizza. La recepcionista amablemente le respondió que sí podía hacerlo.—Puede darme su pedido y yo me encargo.—¿En serio? Muchas gracias.Pasaron unos minutos cuando tocaron la puerta de la habitación; su pizza