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CAPITULO 6 : INICIO.

Alicia miró su reloj y caminó hacia la parada del autobús. Después de esperar un tiempo a que este llegara, se subió, fue directo a la casa de su suegra y, al llegar, tocó la puerta. Su suegra abrió sonriéndole al ver que era ella.

—¡Hija!, pasa.

—Mamá, ¿cómo estás?

Alicia abrazó a Celeste efusivamente.

—Bien, hija, pero a ti no te veo bien, te veo un poco pálida. ¿Acaso no estás durmiendo bien? ¿Estás comiendo, verdad, hija?

—Sí, mamá, si estoy durmiendo y si estoy comiendo, no te preocupes.

En ese momento las lágrimas brotaron de sus ojos, no podía contenerlas, detestaba seguir llorando, pero no podía parar. El dolor siempre sobrepasaba su voluntad.

—Hija, no llores, me rompes el corazón. Ese hijo mío verá ahora que venga. ¿Cómo es posible que haga llorar a esos ojos tan bellos? No lo puedo permitir. Voy a hablar con él; me va a tener que explicar qué está pasando.

—No, mamá, no te preocupes, no le digas nada, él tomó su decisión. Yo ya no soy nadie para él y está bien, entiendo, solo que aún no puedo dejar de llorar.

—Es normal, lo amas... Hija, quiero que sepas que, pase lo que pase, siempre serás como una hija para mí, siempre contarás conmigo; solo quiero verte feliz. Le prometí a tus padres que cuidaría de ti mientras ellos no estuvieran aquí y eso fue ya hace 8 años.

—Lo sé, mamá, te lo agradezco, no sabes cuánto.

Los padres de Alicia habían fallecido hacía 8 años en un accidente. La madre de Alicia la amaba con locura y cuando emprendió un viaje le pidió a Celeste que cuidara de su amada hija hasta su retorno, pero eso nunca pasó. Celeste cumplió aquella promesa; además, comenzó a querer a aquella chica, ya que veía su alma noble.

Alicia limpió sus lágrimas.

—Mamá, ¿y Abril?

—Está tomando una siesta.

—Ah, OK. Mamá, ¿puedo pasar a ver a papá?

—Sí, claro, hija, vamos.

Entraron a aquella habitación donde una enfermera estaba sentada al lado de la cama donde estaba aquel hombre descansando. La enfermera se levantó del asiento y salió junto a Celeste, dejando sola a Alicia. Alicia tomó la mano de aquel hombre, la puso en su mejilla y cerró sus ojos.

—Papá, te quiero.

Alicia quería a Carlos como si fuera su papá, ya que, al igual que Celeste, siempre la trató como una hija.

—¿Qué haces aquí?

Preguntaron fríamente.

—¿Gabriel? Viene a ver a papá y a traer ropa para Abril, que se quedará hasta el domingo con mamá.

—Ah, ok, qué bueno que te veo para decirle a Abril sobre el divorcio ahora.

—Pero dijiste que mañana.

—Sí, no quería verte hasta mañana, pero, puesto que estás aquí, es mejor que sea de una vez; ya quiero acabar con esto.

—Está bien.

Respondió Alicia a punto de llorar, pero no le daría el gusto.

—Abril despertó, hija.

Entró diciendo Celeste.

—Mamá, dile que pase a la sala; Alicia y yo hablaremos con ella.

Dijo Gabriel. Alicia solo suspiró, sacudió la cabeza antes de que brotaran las lágrimas; debía ser fuerte por su hija.

Abril llegó a la sala.

—Hija, debemos hablar contigo sobre un tema un poco delicado, pero importante que sepas.

—¿Sobre qué, papi?

Abril preguntó extrañada.

—Tu mamá y yo ya no estaremos más juntos, dejaremos de ser esposos; a veces los esposos dejan de sentir el amor. Sí entiendes, ¿verdad, hija?

—Mmm, sí, papi.

Contestó un poco triste; AAlicia,hasta ese momento, no había dicho ni una sola palabra, luchaba por no llorar.

—Mami, ¿estás bien?

Alicia respiró hondo.

—Sí, hija, no te preocupes, mi vida, a pesar de esto siempre estaremos juntos. Tu papá siempre estará a tu lado y yo también; eso no cambiará jamás.

—Está bien, papis, lo entiendo.

Abril los abrazó a los dos, y el corazón de Alicia ya no podía más.

—Mami, ¿puedo ir a ver videos a la habitación?

—Sí, mi amor.

Alicia le sorprendió cómo lo había tomado Abril; le daba tranquilidad que su hija no estaba sufriendo como ella lo hacía.

—Bueno, no lo tomó tan mal, me siento más tranquila.

Alicia le dijo a Gabriel.

—Pues listo, terminado el asunto.

Dijo Gabriel dando la vuelta para irse.

—Espera.

Dijo Alicia, acercando su mano a la de él, pero la alejó con temor antes de tocarlo; Gabriel se dio la vuelta.

—Alicia, ya te dije que no. ¿Por qué no entiendes? ¿Por qué sigues insistiendo?

—Hijo, no seas grosero con Alicia.

Celeste reprendió a Gabriel.

—No te preocupes, mamá, no pasa nada, no es eso de lo que quiero hablar, ya me quedó claro; lo que pasa es que encontré un trabajo y comienzo mañana y… pues…

—¿Empezarás a trabajar? ¿Tú? Que no sabes hacer nada.

Él comenzó a reír.

—Ok, sí, solo dime tus horarios y nos acomodamos con la niña. Adiós.

Gabriel besó a su mamá y salió de la casa. Alicia quedó ahí parada sin poder terminar de hablar.

—¡Oh! Empezarás a trabajar, hija, qué gusto, eso te ayudará a despejar la mente y distraerte. No te preocupes de la niña, tú sabes que nos acomodamos.

—Sí, mamá, gracias.

—Y dime, hija mía. ¿Dónde trabajarás?

—Es una empresa que se llama "Caballeros Tours".

—¡Así! Sí la conozco, dirigida por Rodrigo Caballero; tu padre hace algunos años hizo acuerdos con ellos, pero desde hace tiempo ya no supe nada de esa compañía. Papá enfermo y exclusivamente me ocupo de eso.

—Sí, el antiguo jefe falleció y su hijo tomó el puesto.

—Si recuerdo que tenía dos hijos, ¿quién de ellos quedó a cargo?

—Axel Caballero.

—Ah, pues espero trate bien a mi hija amada.

Alicia pensó que si solo supiera que su primer encuentro no fue tan bueno y que no tuvo una buena impresión de él.

—Sí, mamá, ojalá.

Alicia se despidió de Abril dándole muchos besos y se fue a casa, se duchó y se durmió...

Eran las 6:00 de la mañana; cuando volvió a levantarse, tomó una taza de café, se duchó, se cambió. En esta ocasión, eligió un vestido blanco que llegaba hasta las rodillas y unos zapatos color plata, igual con poco de tacón. Ella no usaba tacones altos, tomó sus llaves y se dirigió a la oficina. Al llegar, encontró a la secretaria del día anterior.

—Hola, buenos días, soy Alicia Torres.

—Mucho gusto, me llamo Esmeralda Smith. Yo soy secretaria del área de recursos humanos. Este será tu escritorio; aquí está tu teléfono donde te hablará el señor. Caballero, cualquier cosa que necesites, me avisas; nos vemos.

Esmeralda se despidió de Alicia.

Alicia apenas estaba sentándose en su escritorio cuando el teléfono sonó.

—Señorita, ¿puede pasar a mi oficina?

Dijo aquella voz varonil.

—Sí, señor.

Respondió Alicia; sentía mucha vergüenza por lo de un día antes, así que pensaba disculparse.

Alicia entró a la oficina y ahí estaba nuevamente ese hombre, esta vez sentado escribiendo en unos documentos. Realmente era muy atractivo, que era difícil no notarlo.

—Señor, buenos días.

Saludó a Alicia amablemente, pero aquel hombre no respondió. Alicia se encontraba de pie y, después de un rato, escuchó nuevamente esa voz.

—Siéntese.

Alicia se acercó al asiento que estaba enfrente de aquel escritorio.

—¿Qué, acaso no le enseñaron a responder?

Susurró Alicia mientras se sentaba.

Axel levantó la mirada.

—¿Cómo dijo? No la escuché.

Realmente sí la había escuchado, pero sabía que, si le decía eso, ella no tendría el valor de volver a decir lo que había dicho.

—¿Que si acaso no le enseñaron a responder un saludo? Eso es de mala educación.

Axel se había equivocado; ella sí mantuvo la palabra. Él solo sonrió.

—Buenos días... Señorita Torres, ¿verdad?

—Así es, Torres.

—Bueno, señorita Torres, le explico. Esta compañía es una de las más grandes en cuestión de viajes, ya sea de negocios o por placer. Con origen latino, mis padres lo fundaron con mucho orgullo. Ahora estoy buscando expandirla más y necesito a alguien que cumpla con mis exigencias. Así que lo que usted hará en este trabajo, prácticamente llevará mi agenda, realizará citas con algunos socios y organizará mis viajes. Tomará notas en mis juntas de trabajo y en lo que se vaya presentando. ¿Está claro, señorita?

—Sí, señor.

Respondió Alicia con una sonrisa.

Axel suspiró. Tenía curiosidad de cuánto tiempo tardaría ella en molestarlo, ya que la que más había tardado en tratar de querer algo con él había sido solo 2 días.

Había pasado dos semanas con esa situación; antes de eso, él mantenía la secretaria que su papá había dejado, pero para desgracia de él, tenía que jubilarse y ahí había comenzado su letanía.

—Bueno, señorita, puede regresar a su escritorio. Necesito que me haga unas llamadas y me las pase a mi teléfono. En su escritorio están los números, eso es todo.

Alicia se levantó.

—Sí, señor, ahora me pongo en eso, no se preocupe.

Alicia se dio la media vuelta; Axel volvió a sus documentos. Cuando escuchó una voz que lo llamaba.

—¿Señor?

Dijo Alicia sin aún voltearse.

Axel levantó la mirada. Ella volteó con una sonrisa y sus mejillas estaban coloradas; se miraba linda. De todas las mujeres que él había conocido, ella era diferente, Lucía, adorable con esas mejillas ruborizadas.

—Dígame.

—Quiero disculparme por lo de ayer, no fue mi día.

—Está bien, no se preocupe, pero no me vuelva a hablar así o la despediré.

—Gracias.

Se volvió a girar y salió de la oficina.

Axel quedó viendo hacia la puerta; en efecto, era la secretaria más rara que había tenido, era muy particular, no era como las demás. Ella vestía sencilla, no era llamativa, era bajita; incluso las otras tenían unas curvas envidiables, pero ella no, pero las demás carecían de carácter, personalidad, eran del montón. Además, esa sonrisa no la había visto; nunca era muy cálida y linda, y Axel dejó de pensar en eso.

"¿Por qué le doy tanta importancia a mi simple secretaria?

Reflexionó Axel.

Toda la mañana, Axel respondió llamadas; ya estaba algo cansado, eran las 11:00 y era hora del almuerzo.

—Señorita Torres, se puede ir a almorzar.

—Sí, señor, gracias.

Alicia se levantó de su escritorio agarrando su bolsa. Cuando ella bajaba, Luis iba subiendo.

—¿Luis?

—Alicia, vengo por mi café que me debes de ayer.

—Está bien, vamos.

Comenzó a reír.

Luis vio la sonrisa más hermosa que jamás había visto; era la misma que recordaba de aquellas épocas donde eran estudiantes y ella era la chica más linda que sus ojos habían visto desde que la vio. Vio en ella esa luz y esa timidez.

—¿Te pasa algo, Luis?

Alicia preguntó.

—No, nada, vamos aquí, enfrente hay un café. Podemos ir a almorzar ahí; casi todos los de la empresa desayunan.

—Ok, vamos.

Alicia y Luis tomaron asiento cerca de una ventana y ordenaron jugo y unos huevos al gusto.

Al terminar el almuerzo, regresaron a la oficina, se despidieron en el primer piso y ella subió las escaleras. Al llegar a su escritorio, vio que el correo había llegado; eran unos documentos que necesitaban la firma del jefe. Alicia tomó los documentos, tocó la puerta de la oficina y le dieron pase.

—Señor, le traigo unos documentos que debe firmar; son para hoy.

—A ver, déjeme verlos.

Axel los tomó y comenzó a leer; Alicia se dio media vuelta para retirarse.

—Esperé, no le he dicho que se vaya o ¿sí?

—No, señor, disculpe.

Alicia pensó que su jefe era un poco irritable. Axel firmó los papeles y volvió a entregárselos a Alicia.

—Por cierto, señorita, no hemos hablado de los horarios de esta empresa. La entrada es a las 8:00 de la mañana, la salida a las 6:00 de la tarde, la hora del almuerzo a las 11:00 de la mañana, la hora de la comida a las 2:00 de la tarde. Debe avisarme si se irá a almorzar y comer; los días sábados la salida es a las 4:00 y el domingo es descanso.

—Ok, señor. Este...

Alicia titubeó un poco.

—¿Hay algún problema?

Preguntó Axel.

—Señor Caballero, quería pedirle una consideración. ¿Será que puedo venir 10 minutos después de la hora de entrada? Solo algunos días y prometo compensarlo con la hora de salida.

—¿Qué, acaso no tiene reloj para despertar temprano para venir al trabajo? ¿Y por qué solo unos días?

—Sí tengo reloj, sí puedo levantarme temprano para trabajar.

Contestó un poco molesta Alicia.

—Lo que pasa es que la hora de entrada de la escuela de mi hija es de 7:30 a 8:00.

—Entonces, ¿tiene una hija?

—Sí, señor.

—Bueno, ¿y por qué solo unos días? ¿Acaso su hija no va todos los días a la escuela?

—Sí,va todos los días a la escuela, solo que mi expo... digo, mi exesposo la tendrá unos días él y unos días yo.

—Está bien. Pero ya dijo que lo compensará con la salida.

—Sí, señor, muchas gracias.

Alicia salió de la oficina. La tarde pasó de lo más tranquila. A las 6:00 de la tarde, Alicia tocó la oficina de su jefe; él le dio el pase.

—Señor, me retiro, ¿necesita algo más?

—No, señorita, puede irse, gracias.

—Que pase buenas noches, señor, hasta mañana.

Axel suspiró. Pensó que por fin podría trabajar sin tener encima a una mujer que estuviera tratando de estar con él; hasta ahora todo pintaba bien.

Alicia salió de la oficina, tomó su bolso y bajó de las escaleras, se despidió de Luis con una sonrisa, se fue, llegó a su casa, se duchó, tomó el teléfono y habló un poco con su suegra y con su hija, que estaba muy feliz de estar con su mamá Celeste. Alicia le dijo a su hija que la amaba, que se portara bien, y se despidieron con un “te quiero”. Se tiró a la cama, escuchó sonar nuevamente el celular, percatándose de que era Gabriel. Estaba demasiado cansada para aguantarlo, dejó que el celular sonara y solo se durmió. Por fin pudo dormir esa noche después de días de estar en la soledad de su habitación.

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