CLARA
La noche se despliega sobre Dubái, llenando el aire de misterio y promesas. La ciudad brilla intensamente, un mar de luces que iluminan la oscuridad. Sin embargo, mi mente está en un torbellino. Desde la reunión con Zayed, siento una inquietud que no puedo sacudir. No solo es atractivo, con una confianza que irradia poder, sino que desafía todo lo que creo saber sobre la dinámica de género en los negocios. Su mirada intensa y su voz firme han dejado una huella en mí que no puedo ignorar. Frente al espejo, me miro con determinación. No tengo interés en acercarme a él de una forma que no sea profesional. Decir que tenía otros compromisos fue una mentira. Simplemente no quiero ir más allá. Esta noche, después de cerrar un trato que podría cambiar el rumbo de Fontaine Consulting, quiero celebrar. Me visto de manera seductora con un vestido negro ajustado que resalta mis curvas y unos tacones altos que me hacen sentir poderosa. El escote es llamativo, lo suficiente para captar la atención. Me arreglo el cabello en ondas sueltas y aplico un maquillaje que acentúa mis ojos y labios. Quiero sentirme segura de mí misma, como la mujer de negocios que soy. Al salir del hotel, respiro hondo, disfrutando del aire cálido. La vida en Dubái late a mi alrededor y, con cada paso, la adrenalina se apodera de mí. Decido que esta noche voy a un bar local, un lugar donde pueda desconectarme de las tensiones de la semana. Al llegar, la escena es diferente a lo que esperaba. La mayoría de las mujeres están completamente cubiertas y acompañadas de sus maridos. Me siento como un pez fuera del agua. Este no es el ambiente vibrante de los bares de Estados Unidos, donde las risas y conversaciones llenan el aire. Aquí, la atmósfera es pesada y la separación entre hombres y mujeres es palpable. Encuentro una mesa en un rincón, pido un cóctel y trato de relajarme, pero no puedo evitar sentirme incómoda. Las conversaciones son discretas y controladas; la mayoría de las mujeres permanecen en silencio, mientras que son los hombres los que hablan. Algo que me resulta completamente patético. A pesar de todo, he decidido disfrutar de la noche. Bebo trago tras trago hasta perder la cuenta. Mientras me sumerjo en mis pensamientos, un grito rompe la monotonía. Un hombre se ha levantado de su mesa, su rostro rojo de ira. Está dirigiéndose a una mujer que lo acompaña, gritando palabras que no puedo entender, pero su tono es claramente abusivo. La mujer, cubierta con un velo, baja la cabeza, sometida y silenciosa. La imagen me irrita profundamente. Sin pensarlo, me levanto y me acerco a ellos. —¿Qué le pasa? ¿Por qué le habla de esa manera? —pregunto, sintiéndome como si estuviera cruzando una línea peligrosa—. No tiene derecho a tratarla así. El hombre gira hacia mí, su expresión de sorpresa rápidamente se convierte en desprecio. —¿Quién te crees para interferir en mis asuntos? ¡Malditos extranjeros! Se les olvida cuál es su lugar —responde, sus ojos desafiantes. Siento una oleada de ira. No puedo permitir que trate a esa mujer así, ni que insulte a alguien solo porque se siente más fuerte. —No te atrevas a lastimarla —respondo, cruzando los brazos con determinación—. Si ella siente temor de enfrentarse a usted, yo no. La tensión es palpable. El hombre se acerca más a mí, su rostro tan cerca que puedo sentir su aliento, cargado de hostilidad. —¿Te crees mejor que yo solo porque hablas inglés y te vistes como una ramera? —me observa con desdén—. Esta es nuestra cultura y nuestras costumbres. No tienes idea de lo que hablas. Así que cierra la puta boca y no interfieras en lo que no te concierne. Sus palabras me hieren, pero no puedo mostrar debilidad. —Tal vez deberías aprender que el respeto es un derecho universal, y no depende de dónde venga. Pero que va a saber un infeliz como tú que apenas sabe leer —replico, sintiendo que mi voz se eleva, llena de indignación. Mi corazón late con fuerza, y la adrenalina inunda mis venas. El hombre se ríe, pero hay una cruel amenaza en su mirada. —Si quieres hablar de derechos, deberías pensar en lo que te conviene. Aquí, las mujeres saben cuál es su lugar. —El desprecio gotea en sus palabras. —¿Su lugar? —río con sarcasmo—. Esta pobre mujer debería conocer cuál es su verdadero lugar, que obviamente no es al lado de un animal como tú. Justo cuando el hombre levanta la mano para abofetearme, aparece Zayed, imponente y seguro. Su presencia ilumina la oscuridad de la escena. —¿Hay un problema aquí? —pregunta, su voz profunda y controlada. La tensión en el ambiente cambia instantáneamente, y el hombre retrocede, sintiendo la amenaza implícita en las palabras de Zayed. —No hay problema —respondo de mala gana. Los dos hombres intercambian miradas, y el silencio se hace pesado. —Esta mujer no te ha hecho nada —dice Zayed, su voz firme—. Si tienes algún problema con ella, tendrás que pasarlo por mí. El hombre, sintiéndose pequeño ante el desafío, finalmente retrocede y se aleja, murmurando insultos. Zayed se vuelve hacia mí, su mirada inquisitiva. —¿Estás bien? —pregunta, su tono ahora más suave. No puedo evitar sentir una mezcla de gratitud y frustración. —Sí, solo no soporto ver a alguien maltratar a otra persona —respondo, tratando de mantener mi dignidad—. Pero no necesito que nadie me defienda. Así que no agradeceré nada. —¿De verdad? —Su expresión es divertida, pero hay preocupación en sus ojos—. Debes tener cuidado, Clara. No estás en tu país, y este no es un lugar seguro para que una mujer esté sola, especialmente cuando destaca tanto. Me irrita su tono protector. —Sé cuidar de mí misma —replico, con más fuerza de la que pretendía—. No necesito que me diga cómo comportarme, señor Al-Nahyan. —Dime Zayed. Creo que ya me has hablado lo suficientemente grosera como para que sigas usando esa formalidad contigo —arquea una ceja. Lo ignoro y regreso a mi mesa, sintiendo su mirada sobre mí. Pido otra bebida, la adrenalina aún corriendo por mis venas. Él se sienta a mi lado, lo que provoca que me sienta incómoda. —No es la manera correcta de comportarse para una mujer —dice, su tono autoritario. —¿Y qué sabes tú de eso? —le respondo groseramente, sintiendo los efectos del alcohol comenzar a nublar mi juicio—. ¿Qué esperabas que hiciera? ¿Quedarme callada mientras ese bruto maltrataba a esa pobre mujer? Zayed observa mis ojos, como si tratara de ver más allá de la superficie. —Nuestra cultura es diferente a la tuya. Te convendría adaptarte mientras estás aquí —su mandíbula se mantiene apretada, dejando claro lo frustrado que está. —¡Oh, por favor! —digo, gesticulando con desdén—. No estoy para complacer a nadie. Además, ¿qué haces aquí? ¿Acaso me estás siguiendo? Recuerde que los asuntos de negocios son aparte de los personales. —Me doy cuenta. Veo que tu compromiso de esta noche era muy importante —Él se queda en silencio después de decir eso, y por un momento, me doy cuenta de que he ido demasiado lejos. —Estoy cansada, me voy al hotel —murmuro, sintiendo la mezcla de euforia y frustración que el alcohol ha desatado en mí. Pero Zayed no se mueve. —No, no irás a ningún lado —su figura me cierra el paso—. Estás bastante ebria. No es seguro que salgas sola en este estado y menos que atraigas más atención de la necesaria. —Llegué sola, me iré sola —replico, sintiendo que mi resistencia le causa demasiado malestar. Finalmente, se hace a un lado y me agarra del brazo, guiándome hacia la salida. —Vamos, te llevaré de regreso al hotel. —¡Me iré sola!—Antes de que pueda protestar algo más, me levanta y me carga en su hombro, tomándome por sorpresa. —¡Déjame! —grito, pero su agarre es firme—¡Esto es demasiado inapropiado! A pesar de mi resistencia inicial, me doy cuenta de que no tengo otra opción. Sus brazos son tonificados, demasiado fuertes para poderme soltar. Al llegar al hotel, después de un corto trayecto, me baja al fin. No sé si sentirme molesta o agradecida de haber llegado a salvo a mi habitación. —Voy a entrar —digo, mi voz un tanto tambaleante. —No creo que sea una buena idea que estés sola ahora mismo —responde, su tono más suave, casi protector. —Estoy demasiado ebria para pensar con claridad. Lo mejor será que nos veamos mañana- pongo mi mano en su pecho cuando veo que se acerca más de lo que debería. -Eres una mujer que despierta mis instintos más primitivos, eso me enoja y me atrae a partes iguales- su mano se desliza despacio por el escote de mi vestido recorriendolo de abajo hacia arriba con su mano y detallando con sus ojos oscuros de lujuria- Esto es demasiado sugerente no crees? -Es un simple vestido- mi voz es apenas un hilo pues su cercanía me ha cortado la respiración. Acerca su boca a la mía pero antes de que pueda besarme, lo freno de nuevo esta vez puedo ver lo mucho que le irrita ser rechazado. ¿Cree que caeré a sus pies con esa frasesilla de cajón? -lo mejor será que se vaya ahora- doy media vuelta y entro al apartamento sin voltear ni un segundo a verlo. Estoy segura que Zayed es un hombre que está acostumbrado a que todas caigan a sus pies. Conmigo las cosas son a otro precio, yo no soy igual a las demás y eso debe quedarle claro.ZAYEDLa frustración y el deseo que siento por Clara me trastornan de una manera que nunca antes había experimentado. Es una mezcla de ira y necesidad, un fuego abrasador que me consume desde el interior. No puedo entender cómo esta mujer, una extranjera insolente, osa rechazarme y salir impune. Cada vez que me enfrenta, que se niega a sucumbir a mi voluntad, siento que pierdo el control. No soy alguien acostumbrado a no tener lo que deseo, y lo que siento por ella me desquicia.El recuerdo del pequeño encuentro en el bar me sigue atormentando. La imagen de todos esos hombres observándola, devorándola con los ojos, hace que mi sangre hierva. ¿Cómo puede vestirse de esa manera y esperar no llamar la atención? Es como si quisiera provocarme, hacerme perder la compostura. Cada mirada lasciva que recibe es como una puñalada en mi orgullo, en mi deseo por tenerla solo para mí.La puerta de mi despacho se abre de golpe, interrumpiendo mis pensamientos. Karim entra con la cabeza inclinada, c
CLARALa furia que siento cuando subo al auto no puede compararse con nada que haya sentido antes. La rabia hierve en mi interior mientras me siento en la parte de atrás del auto, el suave cuero me recuerda que estoy en un mundo donde los hombres se sienten con derecho a tocarme sin mi consentimiento. ¿Cómo se atreve a llegar a tanto? Cada fibra de mi ser tiembla, recordando el toque de su mano en mi pierna y su beso que aún quema como fuego abrasador. Ningún hombre jamás va a tocarme sin mi permiso. ¿Quién se ha creído?La ira de lo que ocurrió no me permite pensar con claridad. El trato con Zayed es económicamente jugoso, pero prefiero tirar todo por la borda a permitir que un hombre crea que tiene derechos que realmente no posee. Este trato significa mucho, sí, pero mi dignidad es más valiosa que cualquier contrato.Zayed es el típico hombre caprichoso, acostumbrado a conseguir todo lo que desea sin que nadie se atreva a negarse. Estoy decidida a que, conmigo, chocará contra un mur
ZAYEDLlego a la mansión con Clara en mis brazos, sintiendo el peso de su cuerpo inerte, suave y vulnerable. La droga que Karim ha puesto en su bebida la hará dormir durante un par de horas, lo que me dará el tiempo necesario para prepararme mentalmente. Sé que despertar a mi fiera salvaje no será fácil. No puedes capturar a un león y esperar que se mantenga tranquilo y obediente, mucho menos a Clara, que con cada paso demuestra ser un huracán dispuesto a arrasar con todo.La dejo cuidadosamente sobre la cama, notando cómo sus mechones de cabello se esparcen sobre la almohada. Su respiración es lenta y profunda. Incluso dormida, hay algo en su postura que parece desafiante, como si en cualquier momento fuera a despertarse y atacarme. Sus labios entreabiertos me provocan, pero ahora no es el momento. Me quedo observándola unos segundos más, asegurándome de que está bien asegurada, y cierro la puerta de la habitación tras de mí con un suave clic.Me dirijo a mi despacho, mi refugio, el
CLARADespierto sin mucho ánimo, envuelta en un calor infernal que me hace sentir como si estuviera en medio de un desierto. Mis sentidos se agudizan mientras trato de recordar lo último que sucedió. Las palabras de Zayed resurgen en mi mente como un eco persistente, encendiendo mi furia. No necesito ser adivina para saber que algo raro está ocurriendo, lo supe desde la pérdida de mi pasaporte y teléfono.Me siento en la cama, ignorando el mareo y la debilidad que me provoca. ¿Acaso el maldito fue capaz de drogarme? Puedo sentir los efectos en mi cuerpo, como si una sombra opaca me envolviera. No he llevado una vida de santa, sé exactamente lo que se siente estar bajo el efecto de una droga. Quizás por eso no me cuesta tanto levantarme de la cama.La habitación en la que estoy es tres veces más grande que mi apartamento en Manhattan, un lujo que no necesito y que me resulta insoportable. Las paredes están decoradas con intrincados patrones árabes, y los muebles son demasiado ostentoso
ZAYEDMi entrepierna duele como el maldito infierno. Jamás pensé que Clara fuera a ser un dolor de huevos tan literal. La miro mientras intenta escapar, pero su valentía me sorprende; no sólo logró golpearme, sino que también saltó por la ventana sin pensar ni un solo segundo en su propia seguridad. Es audaz, impulsiva y, en este momento, está en modo de huida.—No voy a quedarme contigo, Zayed. No podrás obligarme —me dice, con esos ojos encendidos de furia que despiertan mis instintos más bajos.La tomo del brazo, acercándola a mí. Ella intenta golpearme de nuevo, pero rápidamente le aprisiono las dos manos por detrás de la espalda. Su mirada sigue desafiándome, lo que hace más excitante este juego de dominio.—Haré lo que quiera y cuando quiera contigo. Este es mi territorio, y en él, lo único que harás es obedecer —miro su rostro, pintado de carmesí por la adrenalina de la huida, y me doy cuenta de que tiene un pequeño arañazo, seguramente causado por el árbol del que bajó.La mol
CLARAEl dichoso doctor ha venido a revisar mi tobillo. Aparentemente me lo disloqué al caer. Su voz calma y profesional me pone nerviosa, no por el diagnóstico, sino por la frialdad de todo esto. Como si fuera algo rutinario, como si no estuviera secuestrada. Dice que necesita tomar una placa para descartar una fisura, y trae consigo una máquina portátil de rayos X. Claro, porque Zayed puede permitirse cualquier cosa. Él no solo tiene dinero, tiene control absoluto. Mientras el médico prepara la máquina, mi mente no puede evitar vagar. No me falta el dinero, pero nunca me he dado esos lujos absurdos. Quizás porque siempre he valorado la libertad, algo que ahora no tengo.Zayed sigue allí, observándome. Lo siento, lo noto. Su presencia es abrumadora, una sombra constante sobre mí. Me mira con una intensidad que me incomoda. No es solo el hecho de estar atrapada, es la manera en que me observa, como si ya me tuviera, como si todo esto fuera parte de un juego que ya ganó. Nuestras mirad
ZAYEDEl teléfono yace destrozado en el suelo, una metáfora perfecta de la furia que aún hierve en mi interior. Cómo se atreve a admitir, con tal descaro, que otros hombres han visto su cuerpo, que han tenido acceso a algo que es mío por derecho. Mi mente no deja de retumbar con la idea de que ese maldito aparato, que ahora no es más que fragmentos, estuvo bloqueado. Entonces, ¿por qué llegó a mis manos sin ninguna protección? Eso sólo puede significar que alguien más tuvo acceso a él antes que yo.—¡KARIM! —grito con tanta fuerza que mi garganta arde. Mientras tanto, los gritos de Clara, procedentes de afuera, se filtran a través de las paredes como si fueran cuchillos. Los ignoro deliberadamente; ahora sólo me interesa resolver este problema. ¿Quién fue el bastardo que manipuló el teléfono antes de entregármelo? Si Karim lo desbloqueó, significa que tuvo la oportunidad de ver lo que yo vi, y eso me enciende aún más.—Soy yo, señor —la voz de Karim resuena del otro lado de la puerta,
DÍAS DESPUÉSCLARANo he podido llamar a mi familia. Aún continuo en la villa, y aunque mi tobillo parece estar mejor, no me siento capaz de correr. Cada vez que intento poner más peso sobre él, un dolor punzante me recuerda que todavía no estoy lista para escapar, aunque esa idea cruza por mi mente constantemente.Zayed se ha ausentado durante los últimos dos días, y por extraño que parezca, agradezco su ausencia. Sus constantes insinuaciones me han dejado en una montaña rusa de emociones, y lo peor es que mi cuerpo reacciona de manera traicionera. Siento como si estuviera perdiendo el control de mí misma cada vez que está cerca. El aire aquí es denso, el calor abrasador del mediodía está en su punto más alto, y la villa parece un paraíso que no logro disfrutar del todo.He comenzado a ver este tiempo como unas vacaciones forzadas, encerrada en un lugar de lujo al lado de un hombre arrogante y posesivo. Escuché algo sobre una cena importante con su familia esta noche. Al parecer, su