En medio del bosque, cerca de la madriguera, la tercera beta, Clair, cerraba las puertas de las catacumbas. Al asegurarse de que los miembros más débiles de la manada ya habían salido, luego de que el peligro había pasado, selló las inmensas puertas. Se inclinó y tocó aún el costado de estas; la vegetación inmediatamente cubrió la entrada frente a ella, dejándola oculta.Ella inhaló y exhaló con fuerza varias veces; la angustia le oprimía el pecho. Su semblante caído reflejaba la preocupación que la carcomía por su luna. A través del vínculo de la manada, podía sentir la débil vitalidad de la figura más importante de todos.Sabía que la luna Lynn se esmeraba haciendo lo posible para que su luna sobreviviera a esas terribles heridas, que habían sido propinadas por su propia pareja descontrolada.Su cuerpo temblaba, sacudido por el enojo y la culpa. Como esmeralda, su deber era impedir que aquella terrible visión se hiciera realidad. Por eso, Clair se resistía a verla; temía que, con sol
Tou se movía con agilidad, logrando que los lobos de la manada de su hermano no lo detectaran. Sin embargo, lo estaban alejando cada vez más de la madriguera y de Cristal. A través de su vínculo, podía sentir la debilidad de Lynn; estaba exhausta tras sanar a los heridos que su hermano casi mata, además de a él mismo. No resistiría mucho tiempo.Esto sería desastroso para Cristal. En su estado, sin la ayuda de un licántropo con grandes habilidades médicas, seguirá debilitándose hasta morir.Tou sabía que debía actuar rápido. Agudizó sus sentidos, percibiendo a los lobos que intentaban rastrearlo. Analizó sus movimientos y comenzó a desplazarse con precisión, logrando evitarlos. Pero este era solo un grupo; sabía que había muchos más en la zona, listos para atacar._________________________________________________________________________________________________________________Luego de que Clair le indicará que su luna estaba fuera de peligro, Los betas Sam, Clair, Xander y Ahir, a pesa
Xander patrullaba las áreas cercanas a la madriguera junto a un grupo de guerreros, sus sentidos alertas y su determinación inquebrantable. No descansaría hasta encontrar a Tou o asegurarse de que había abandonado el territorio para siempre. De pronto, un escalofrío recorrió a todos al percibir la presencia del alfa Tou cerca de la luna. El pánico se propagó como un incendio, y sin pensarlo, todos corrieron con desesperación, temiendo que su luna estuviera en peligro.El aire se tornó denso con la presencia de su alfa. El rugido de Rax detuvo en seco a los guerreros a reconocer un llamado irrefutable, una orden que ninguno podía ignorar, y los miembros de la manada que estaban junto a Xander acudieron a su llamado.El quinto beta fue el único que no acudió a ese llamado, ya que sentía que el vínculo con su luna temblaba, como una cuerda a punto de romperse. No lo pensó dos veces y corrió directo hacia ella.Cuando llegó, su corazón se encogió al ver a la luna Lynn, envuelta en un mar d
La luz del alba rodeaba el vasto territorio de Kogan, mientras la brisa cantaba suavemente a través de la silenciosa madriguera. Jamás, en milenios de existencia licántropa, un lobo había aullado tantas veces de dolor.La aflicción del alfa se extendía como una sombra sobre cada miembro de la manada. Elena y Lynn, una al lado de la otra, tenían las ropas y partes del rostro manchadas de sangre. Hiro, cercano a ellas, les ofreció algo de beber y comer, consciente de que nadie había pensado en alimentarse en horas, sin apartar la vista de la luna, Cristal.Kalium vigilaba de cerca al grupo de lobos médicos que habían llegado hace un par de horas, asegurándose de que no excedieran sus límites. El territorio de los Real Blood era extenso; recorrer el dominio de Kogan podía llevar días a paso normal. Los médicos se dividieron en dos grupos: unos corrieron con la velocidad propia de su especie, procurando llegar en pocas horas, mientras el otro grupo mantuvo un ritmo acelerado, conservando f
Una silueta se desplazaba con pasos lentos, rompiendo las sombras de los árboles en la oscuridad de la noche. La luz de la luna, apenas visible, delineaba una figura. El sonido de una respiración entrecortada y exhausta revelaba el agotamiento de Tou. Después de correr durante horas sin detenerse, finalmente había llegado a los límites de sus dominios.Recuperando el aliento con dificultad, Tou alzó el rostro hacia el territorio de su segundo hermano. Sus ojos se encontraron de inmediato con el ceño fruncido de Leandro, quien permanecía inmóvil, justo en el punto exacto donde se dividían los límites entre los dominios de Hiro y el suyo.Tou no necesitaba explicaciones. Sabía lo que su mirada y postura fija en él significaba. Cuando un guerrero de la manada detecta a un intruso cerca, su presencia es una advertencia silenciosa. «Da un paso y te atacaré». Para Leandro, Tou era una amenaza, sin importar su rango como alfa.Probablemente, el beta de Hiro ignoraba las verdaderas consecuenci
Una densa neblina se extendía sobre el sendero, ocultando casi por completo y dificultando su avance. Los escasos destellos de luz apenas lograban atravesar la bruma, sumiendo el paisaje en una penumbra inquietante. El viento silbaba entre las ramas, que crujían con cada ráfaga, revelando la presencia de un bosque denso y vibrante que parecía moverse a su alrededor.Cristal avanzaba con pasos lentos, con el temor reflejado en su rostro, sin tener idea de dónde se encontraba. La sensación de estar perdida la envolvía, y se preguntaba: ¿Cómo había acabado en este lugar?Continuó caminando, esperando alcanzar uno de los muchos árboles cercanos o algún camino que la guiara.De repente, un aullido resonó con fuerza por todo el lugar, haciendo que la neblina se disipara instantáneamente a su alrededor. Cristal se detuvo, mirando asombrada, reconociendo de inmediato el lugar extraño como familiar. Los árboles, de una tonalidad oscura, se alzaban imponentes, y la hierba que rozaba sus pies pa
Cristal, observando por la ventana, miraba cómo los rayos del sol se filtraban tímidamente, pintando suaves tonalidades doradas sobre los muebles de madera y las paredes de piedra.La luna, recostada en la cama, seguía con la vista los árboles que se mecían con la fuerte brisa de la mañana. Su rostro, tranquilo, contrastaba con la angustia que la había asaltado horas atrás.Durante la noche, Cristal despertó pidiendo agua y algo de alimento. Kogan, ansioso por estar a su lado, intentó acercarse, convencido de que esta vez ella no reaccionaría como antes. Sin embargo, su luna volvió a sumirse en el pánico.El alfa retrocedió de inmediato, alejándose de su vista para no alterarla más, pero ni siquiera eso fue suficiente. Lynn tuvo que administrar nuevamente el sedante para que pudiera dormir.Kogan se mantenía en silencio en el pasillo, cerca de la habitación de su luna. En varias ocasiones, se asomaba apenas lo suficiente para contemplarla sin que ella pudiera notarlo. No quería perturb
Sobre la cúspide de un precipicio, la imponente figura de un lobo alfa yacía inmóvil. Su espeso pelaje oscuro ondeaba con violencia bajo la brisa gélida, pero él no se movía. Sus ojos cerrados ocultaban el abismo de tormentos que lo consumía.Por 3 días, Kogan y Rax se habían refugiado en aquel lugar solitario. La intención inicial era calmar su mente, hallar una solución que no destrozara lo poco que quedaba de su alma. Pero la realidad lo golpeaba con brutalidad: no había salida ilesa de aquello.El pensamiento que había rechazado con desesperación al principio, ahora se enredaba en su mente como un veneno implacable. La idea de alejar a Cristal, de rechazarla para salvarla, se volvió una certeza dolorosa. Debía hacerlo. No importaba cuánto doliera.Recordó las veces en que, incapaz de resistir su presencia, se alejó a kilómetros cada vez que ella despertaba. Huía para no perderse en la necesidad de tocarla, de reclamarla. Pero la distancia no mitigaba su tormento. Los gritos desespe