CAPÍTULO 65
La luz del alba rodeaba el vasto territorio de Kogan, mientras la brisa cantaba suavemente a través de la silenciosa madriguera. Jamás, en milenios de existencia licántropa, un lobo había aullado tantas veces de dolor.

La aflicción del alfa se extendía como una sombra sobre cada miembro de la manada. Elena y Lynn, una al lado de la otra, tenían las ropas y partes del rostro manchadas de sangre. Hiro, cercano a ellas, les ofreció algo de beber y comer, consciente de que nadie había pensado en alimentarse en horas, sin apartar la vista de la luna, Cristal.

Kalium vigilaba de cerca al grupo de lobos médicos que habían llegado hace un par de horas, asegurándose de que no excedieran sus límites. El territorio de los Real Blood era extenso; recorrer el dominio de Kogan podía llevar días a paso normal. Los médicos se dividieron en dos grupos: unos corrieron con la velocidad propia de su especie, procurando llegar en pocas horas, mientras el otro grupo mantuvo un ritmo acelerado, conservando f
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