CAPÍTULO 69
Sobre la cúspide de un precipicio, la imponente figura de un lobo alfa yacía inmóvil. Su espeso pelaje oscuro ondeaba con violencia bajo la brisa gélida, pero él no se movía. Sus ojos cerrados ocultaban el abismo de tormentos que lo consumía.

Por 3 días, Kogan y Rax se habían refugiado en aquel lugar solitario. La intención inicial era calmar su mente, hallar una solución que no destrozara lo poco que quedaba de su alma. Pero la realidad lo golpeaba con brutalidad: no había salida ilesa de aquello.

El pensamiento que había rechazado con desesperación al principio, ahora se enredaba en su mente como un veneno implacable. La idea de alejar a Cristal, de rechazarla para salvarla, se volvió una certeza dolorosa. Debía hacerlo. No importaba cuánto doliera.

Recordó las veces en que, incapaz de resistir su presencia, se alejó a kilómetros cada vez que ella despertaba. Huía para no perderse en la necesidad de tocarla, de reclamarla. Pero la distancia no mitigaba su tormento. Los gritos desespe
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