"Puedes ser la droga , yo soy el traficante Yo puedo ser el diablo y tu el pecador Puedes ser el cadáver yo el asesinoPor que todo lo que dices es música para mis oidos" RiuTenía que ser una broma, ¿no? Tanto tiempo conociéndola, y sabía que algo no estaba bien. Algo la estaba alterando de una manera que ni ella misma entendía, y eso la llevó a hacer esto.¿Dónde estaba?¿Estaba bien?¿Por qué se había ido?¿Por qué no me dijo nada de lo que estaba haciendo?¿Por qué no habló conmigo?Esas preguntas y muchas más daban vueltas en mi cabeza mientras corría entre los árboles del bosque, alejándome de la casa. Aquella casa, el lugar donde había reencontrado a mi bonita.La lluvia caía de manera incesante, mojando mi pelaje y evitando que los árboles del bosque obstruyeran mi camino. Mi forma lobuna me permitía correr mejor, más rápido, pero aún así sentía el peso de la preocupación.Mi lobo estaba un poco ausente, como si me dejara hacer lo que quisiera para despejarme, como si sup
—Hay una chica que amo mucho y se fue, no pude hacer nada para detenerla —dije, sentándome en mis patas traseras, mirando al horizonte. La tristeza se reflejaba en mi mirada, y mi lobo interior parecía tan triste como yo. Todo en el bosque parecía más sombrío esa noche.—¿Amor? —escuché una voz suave, algo sorprendida, como si estuviera reflexionando sobre esa palabra—. Escuché que entre los humanos el amor es el sentimiento más puro que hay...Suspiré profundamente, sintiendo el peso de sus palabras. Ella tenía razón, el amor era un sentimiento complicado, especialmente para nosotros, los seres sobrenaturales. El amor de los humanos parecía tan simple, tan directo. Pero, para nosotros, estaba marcado por el destino, por las fuerzas divinas que no podíamos entender completamente.—Pero está mi pre-destino, que ya la encontré, y aún así me siento mal porque ella se ha ido. Amo a mi pre-destino, pero es algo difícil de explicar —agregué, sintiendo el nudo en mi garganta. ¿Era amor lo qu
Ella parecía una chica ordinaria, o al menos eso creían todos. Vivió los primeros tres años de su vida junto a sus padres hasta que murieron en un accidente de auto. La encargada de un "internado" —si es que podía llamarse así— la salvó de la explosión del auto y la llevó a ese lugar. Se creía que el resto de su familia había muerto en el accidente, aunque, tras la investigación, solo se encontró un cuerpo calcinado entre las llamas. Ese internado, llamado "Apartados Por La Luna", era un sitio donde los seres sobrenaturales que coexistían con los humanos acudían para escoger un niño o niña. Al cumplir la mayoría de edad —o la edad recomendada según el caso—, esos niños eran entregados a su dueño, comprador o incluso a su pareja destinada. Dos semanas después de su llegada, un Alpha de una de las manadas más poderosas visitó el internado junto a su hijo de doce años. Buscaban una compañera de juegos para él, pero encontraron algo más. El joven Oshin Itreque reconoció de inmediato a
"No quiera a nadie atado a mi vida... Pero apareciste tu en ella y no te pienso soltar" Otro día más amanecía en el orfanato "Apartados por la Luna", un lugar tan antiguo como desconocido para la mayoría de los humanos, pero bien sabido por las criaturas sobrenaturales que habitaban en las sombras del mundo. No tenía registros oficiales ni en archivos del gobierno ni en iglesias ni en asociaciones de caridad, pues no era un orfanato común. Ubicado en un valle aislado, rodeado de densos bosques y montañas, el edificio principal se alzaba como una mansión de piedra oscura, con enormes ventanales cubiertos por cortinas gruesas y una arquitectura gótica que le daba un aire lúgubre y solemne. Se decía que había sido construido hace siglos por un linaje de brujas que, en su tiempo, se encargaban de criar a los niños abandonados por humanos y sobrenaturales por igual. Pero con los años, el orfanato dejó de ser un refugio y se convirtió en un mercado regulado por un sistema que solo unos p
—Gracias —dijo la niña, con una sonrisa tímida pero sincera, mirando a Oshin, quien observaba en silencio. Esa sonrisa le provocó un vuelco en el corazón, una calidez inexplicable que lo envolvió por completo. Se agachó hasta quedar a su altura, observándola con detenimiento, como si el rostro de la niña fuera la obra de arte mejor esculpida por los mismos dioses del Olimpo. Algo en su mirada, algo en la tristeza que reflejaba, lo conmovió profundamente. —Me llamo Oshin —se presentó él con una mezcla de emoción y dulzura—. ¿Y tú, pequeña? —preguntó suavemente, tratando de descifrar la mirada de la niña, buscando en ella algo más que una simple respuesta. —Fumiko —respondió ella sin dudarlo, mirándolo fijamente—. ¿Vienes a traer a alguien? —preguntó con curiosidad, como si la presencia de él en ese lugar fuera una anomalía, algo fuera de lugar. Su voz, aunque suave, llevaba una cierta intensidad, como si ella misma estuviera intentando encajar las piezas de un rompecabezas incompleto.
"Las almas que se encuentran y se reconocen nunca se sueltan. Ni con la distancia, ni con el silencio, ni con el tiempo, ni con las vueltas que da la vida" Ya era hora de que Fumiko se retirara con su nueva "familia" hasta que cumpliera los 17 años. El joven futuro alfa era mayor que ella y, en pocos años, se transformaría. Al saber que ella era su Luna y tenerla cerca, él se volvería insoportable, con una necesidad de estar siempre junto a ella que podría ser peligrosa. Él no controlaría completamente sus instintos, y la cercanía podría incluso hacerle daño a la pequeña, quien todavía era una niña en todos los sentidos. El día anterior, pasaron todo el día juntos. Jugaron, hablaron, se rieron y, en muchos momentos, se quedaron en silencio, simplemente disfrutando de la compañía mutua. Era un tipo de paz que pocos podían comprender, esa tranquilidad que se encontraba solo en la presencia de alguien especial. El chico, con su energía habitual, mostraba un lado suave y tranquilo cuando
—¡Padre! —gruñó el chico, aferrándose con todas sus fuerzas a la pequeña, como si su vida dependiera de ello. El hombre, al ver la resistencia de ambos, adoptó una postura más firme. Tomó del brazo a su hijo con una fuerza inesperada, haciéndole un gesto silencioso para que soltara a Fumiko, y así, poder llevársela al destino que le habían asignado. —Déjenla —gruñó el padre con una voz dura, pero cargada de impotencia, al observar cómo las manos de su hijo, ahora vacías, se soltaron por el brusco movimiento que su propio padre ejecutó para deshacer el lazo entre ellos. Los ojos de Oshin seguían fijos en Fumiko mientras ella era arrastrada hacia el interior del lugar, pero los gritos y lágrimas de la pequeña no dejaban de atormentarle. La desesperación de Oshin aumentaba con cada paso que ella daba en dirección a lo desconocido. Fumiko estaba gritando con toda su fuerza, la angustia creciente en sus ojos cada vez que comprendía más y más lo que estaba sucediendo. Si la subían al coche
"Aunque todo este en contra, yo luchare por ti y al final estaremos juntos disfrutando todo lo que nos negaron en su momento..." Todo parecía ir de mal en peor por todos lados. La vida de Fumiko se había transformado en un mar de sombras, donde cada rincón de su nueva habitación le recordaba que estaba lejos de Oshin. No podía encontrar consuelo en nada. Las paredes de su cuarto, pintadas de un rosa pálido que intentaba emular la ternura de la niñez, solo servían para acentuar la soledad que la envolvía. Cada día, al despertar, sentía como si el peso del mundo la aplastara aún más, ahogando su alma en un profundo vacío. No comía, no salía de su habitación. Las horas pasaban lentamente, pero su dolor no disminuía. Se refugiaba en sus lágrimas, como si cada gota fuera una forma de liberar la angustia que la consume, pero aún así, nada parecía aliviar su sufrimiento. El eco de su llanto llenaba la habitación vacía, sin que nadie pudiera comprender la magnitud del tormento que sentía por