Las llamas de la chimenea parpadeaban suavemente en la sala, proyectando sombras cálidas sobre las paredes de madera. Jane y Luke permanecieron en silencio por unos minutos, solo sosteniéndose de las manos. No había necesidad de palabras, pero Jane sabía que debía hacer algo para distraer a Luke, aunque fuera por un instante, aunque eso también significara alejarse de sus propios pensamientos que la consumían. —¿Quieres salir un rato?— Preguntó en voz baja. Luke giró el rostro hacia ella con el ceño ligeramente fruncido. —¿Salir?— murmuró. —Sí, talvez... Ar a dar una vuelta, no sé, despejar la mente… porque estar aquí encerrados solo nos va a ahogar más.— insistió ella con una corta sonrisa. Luke suspiró, pasando una mano por su rostro. —Supongo que tienes razón… No quiero estar aquí sentado todo el día sintiéndome así.— Jane asintió y se puso de pie, jalándolo suavemente para que la siguiera. Se abrigaron bien antes de salir y la fría brisa de Angoo los recibió con una ráfaga
La mañana deslumbró con un cielo bastante despejado. Jane se despertó temprano, con la sensación de haber dormido apenas unas horas. Se quedó en la cama mirando el techo, tratando de ordenar sus pensamientos, pero su mente volvía a la misma pregunta una y otra vez: “¿Cómo le explico todo?”. Se llevó las manos al rostro y suspiró profundamente. Por ahora no era el momento para pensar en eso, decía. Se levantó y se dirigió a la cocina, donde encontró a su madre preparando café. El aroma llenaba la casa con una calidez reconfortante. —Buenos días, mamá.— saludó Jane, tratando de sonar animada. Su madre le sonrió con dulzura mientras servía una taza. —Buenos días, querida. Hoy estaba pensando en hacer algo especial para Luke. Tu padre y yo pensamos en preparar una comida sencilla, algo rústico pero acogedor. Ha pasado por mucho, y creemos que le haría bien distraerse un poco.— Decía alegremente la madre. Jane sintió una mezcla de alivio y aprehensión. Sabía que Luke necesitaba algo q
El frío amaneció más intenso de lo habitual en Angoo. La nieve acumulada en los tejados y las calles reflejaba la pálida luz de la mañana, mientras un silencio tranquilo envolvía el pueblo. Sin embargo, dentro de la casa de los padres de Jane, el ambiente era diferente. Jane se despertó sintiéndose agotada. Un dolor punzante en la cabeza, un dolor incómodo en la garganta y una sensación de debilidad la obligaron a quedarse en cama más tiempo del habitual. Cuando intentó levantarse, un pequeño mareo la hizo recostarse de nuevo, cerrando los ojos con algo de frustración. Su madre, quien había notado su ausencia en la mesa del desayuno, subió a verla. Abrió la puerta con sutileza y la encontró acurrucada entre las mantas, con el rostro pálido y los labios algo resecos. —Hija... Jane... Cariño ¿te sientes bien?.— Preguntó con preocupación, acercándose para tocar su frente. Jane abrió los ojos lentamente y negó con la cabeza. —Creo que... sólo necesito descansar un poco más mamá.— Res
Al día siguiente, la mañana trajo consigo una preocupación mayor para Luke y los padres de Jane. Su fiebre no había cedido, y ahora respiraba con dificultad, con la piel aún más pálida que la noche anterior. Su madre intentó despertarla con suavidad, pero Jane apenas reaccionó, murmurando incoherencias en su estado febril. —No podemos esperar más. Hay que llevarla a un hospital, al que está cerca del centro del pueblo, la veo muy mal.— Dijo su padre llevándose las manos a la cabeza, sueña de su preocupación evidente. Luke asintió de inmediato. Había pasado la noche en vela, refrescando su frente con paños húmedos y sujetando su mano entre las suyas. La idea de que su estado empeorara le era doloroso. En cuestión de minutos, prepararon todo lo necesario. Luke tomó su chaqueta marrón y la envolvió con cuidado en una manta gruesa antes de cargarla en brazos hasta el nuevo auto que había comprado el papá de Jane, era algo usado, pero nuevo para el veterano. Sentirla tan débil lo hiz
Luke sostenía la mano de Jane con firmeza mientras la camilla en la que yacía. Su piel estaba más de lo normal, y su respiración, aunque ya estable, era débil. A pesar de su propio miedo, Luke se mantenía fuerte para ella. Los médicos habían determinado que su estado requería atención más especializada de la que podían ofrecerle en la comunidad. La fiebre persistente, la debilidad extrema y la falta de mejoría hicieron evidente que debían trasladarla a un hospital mejor equipado. Después de una serie de llamadas, se organizó su traslado al estado de Washington, donde recibiría un tratamiento adecuado. Los padres de Jane estaban angustiados. Su madre, con lágrimas en los ojos, se aferraba al brazo de su esposo, quien trataba de mantenerse sereno, Luke insistió en ir con ellos. No pensaba dejarla sola a Jane ni por un segundo. —Tranquilo iremos todos quieren.— Dijo la madre de Jane.Se había dispuesto una avioneta para El traslado, el motor del avión rugió, y en pocos minutos, despeg
Una fresca mañana de invierno dónde los copos de nieve caían con desespero, se despertaba el joven Luke Van de Veer, cuyos padres eran originarios de Holanda Septrentional, pero poco después del nacimiento de Luke, sus padres optaron por viajar a Alaska. —¡Qué fresca esta la brisa!— Decía con una sonrisa seguido de un bostezo. Luke trabaja en su pequeña avioneta en las tardes como piloto, por lo general transportaba comida y otros recursos higiénicos del centro del pueblo a islas remotas del alrededor. El pueblo donde vivía Luke se llamaba Gustavuz, estaba cerca de un parque nacional, el pueblo por lo general no contaba ni con 700 personas, por lo cuál el trabajo de Luke era muy demandado e importante en la zona. El pueblo estaba ubicada en una parte costera, donde al norte contaba con grandes montañas que creaban un ambiente de película, los atardeceres en dicha zona eran tan bellos que en muchas ocasiones los pueblerinos se reunían en grupos pequeños, tomaban cerveza y luego cont
La mañana aún se mostraba fría y algo llorona por las pequeñas gotas de agua q caían del cielo, pero a la vez las nubes no parecían dispuestas a interrumpir el viaje. Luke se encontraba en su pequeña avioneta, ya con todo preparado para el vuelo hacia Angoo. Había hecho un último chequeo de combustible y del estado en general de la avioneta, buscando asegurar que todo estuviera en orden. El motor rugió suavemente mientras la avioneta comenzaba a deslizarse sobre la pista.Jane, quien se había acomodado a su lado, parecía ser tan enigmática como el paisaje que los rodeaba. Aunque había intercambiado algunas palabras con ella, el silencio seguía siendo el tono dominante. A lo lejos, el pueblo de Port Alexander se hacía más pequeño conforme ganaban altura, y las casas dispersas daban paso a los vastos bosques y las aguas congeladas del mar.—¿Primera vez volando en una avioneta?— Preguntó Luke, intentando romper el hielo mientras ajustaba los controles.Jane lo miró y sonrió, pero su exp
La avioneta tocó tierra con un suave tambaleo, y Luke soltó un suspiro de alivio al ver que todo había salido según lo planeado. La nieve cubría la pista de aterrizaje, y los árboles cercanos se balanceaban por el viento gélido que azotaba la costa de Angoo. El viaje había sido hasta cierto punto algo incómodo por las ráfagas de aire que habían.La aeronave se detuvo, solo el sonido del motor apagándose rompió la calma, y las puertas de la cabina se abrieron lentamente. Luke observó el pequeño pueblo de Angoo, sus casas dispersas en el horizonte, cubiertas por la nieve, y el mar agitado en la distancia. Era un lugar tranquilo, alejado del bullicio, donde la vida parecía transcurrir a un ritmo diferente. Un lugar ideal para aquellos que buscaban paz.—Bueno, hemos llegado.— Dijo Luke mientras desabrochaba su cinturón de seguridad y se giraba hacia los pasajeros—Espero que hayan tenido un buen vuelo.—El hombre mayor, quien había permanecido dormido durante la mayor parte del trayecto,