36SerenaUn elegante bolígrafo dorado bailaba entre mis dedos antes de que lo llevara a mis labios, deslizándolo con suavidad mientras revisaba la red de lobos en mi teléfono. La pantalla brillaba ante mis ojos, reflejando cada nuevo reporte que aparecía.Nada.Ninguna noticia de la sucia esclava.Fruncí el ceño, cruzando una pierna sobre la otra mientras me recostaba en la lujosa silla de cuero de mi oficina en la farmacéutica. Desde lo alto del edificio, las luces de la ciudad destellaban como estrellas artificiales, pero a mí solo me importaba una cosa: Magnus.—Vamos, será mejor que te rindas —dijo Penélope con un suspiro exasperado.Levanté la vista para encontrarme con la mirada de mi mejor amiga, quien me observaba con una mezcla de resignación y fastidio, como si ya estuviera cansada de escucharme hablar del mismo tema.Pero no me importaba.—Penélope, él es el hombre que quiero para mí —dije con firmeza, sin apartar la vista del teléfono—. Fuimos novios desde siempre. ¿Por qu
37MagnusEsa noche estaba revisando el mapa está sobre la mesa, cubierto de marcas rojas y anotaciones que ya he repasado hasta el cansancio. La luz tenue de la lámpara proyecta sombras en los papeles, dándole al cuarto una apariencia más lúgubre de lo que ya es. He revisado cada ruta, cada posible escondite, cada lugar donde alguien podría haber visto a Eve o a mis hijas, pero todo sigue llevándome al mismo punto muerto.Aprieto la mandíbula y respiro hondo. Está en alguna parte. No puede haberse desvanecido en el aire.Tomo el bolígrafo y trazo una nueva línea, buscando una conexión entre los pocos rastros que han quedado de su paso. Casi todos son rumores, especulaciones. Una loba con niños, una mujer que prefiere no dar su nombre. Pero no hay nada concreto.—Dile que quiero verlo —exige una voz chillona detrás de la puerta.Reconozco el tono al instante, pero me niego a prestarle atención.—No está disponible —responde Jonathan, mi guardia de turno, con paciencia.—No me hagas rep
38EvaDespués de hablar con Melania, fui directo al despacho de mi padre, Jasper. Toqué dos veces antes de recibir permiso para entrar. Al hacerlo, lo encontré concentrado en unos documentos. Dentro de poco sería la ceremonia de alfa de mi hermano. Me habían ofrecido la manada, pero rechacé la propuesta. Solo quería tranquilidad: llevar a las niñas al colegio, entrenar y seguir con mi vida. Así me gustaba.Sin embargo, ahora debía regresar, y era mejor planearlo.—Padre, ¿cómo has estado? —pregunté mientras me sentaba frente a su escritorio.—Estoy muy bien, hija, y todo gracias a ti y a esos brebajes mágicos.—No son mágicos —reí—, es medicina experimental —le recordé.—Eso, eso… —rió en voz baja—. ¿Qué te trae por aquí, princesa?Para todos, mi padre era un alfa serio y frío, pero con su familia se transformaba en un enorme oso de peluche.Respiré hondo antes de soltar la noticia.—Regresaré a mi antigua manada.La expresión de mi padre cambió de inmediato. Su rostro pasó por varios
39EvaSalimos de la manada Sombra Carmesí como lo habíamos planeado. El viaje fue rápido, demasiado para mi gusto, porque mi corazón latía fuerte con cada kilómetro que nos acercábamos. Pero mi exterior seguía frío, calculador. Observaba todo con ojos críticos.La manada se veía… bien, a simple vista. Pero si uno detallaba bien, había algo fuera de lugar.La entrada no estaba limpia. Las antorchas estaban apagadas o mal alineadas. Los lobos que caminaban por los alrededores tenían el semblante apagado, las ropas descuidadas, como si llevaran semanas sin preocuparse por nada más que sobrevivir.“Una manada sin Luna está condenada a la ruina” había escuchado esa frase antes y ahora la veía ante mis ojos.Pensé que Magnus habría corregido eso en cuanto me fui. Que habría convertido a Serena en Luna sin perder el tiempo. Pero seis meses después, yo seguía yendo a la cabaña de Escarlata para tomar tónicos que suprimieran tanto el vínculo como mi celo. Y eso me causaba una profunda curiosi
40MagnusEs ella.Es real.Evelyn está aquí, frente a mí, con su aroma inundando mis sentidos y el vínculo rugiendo en mis venas como una bestia encadenada que lucha por liberarse. Mi lobo gime en mi interior, desesperado, ansioso. “No lo dañes esta vez, Magnus.”Su voz en mi mente es un ruego, pero también una advertencia. “No lo haré.”Porque esta vez… esta vez no la dejaré ir.Me bañé tan rápido como y bajé las escaleras de dos en dos para verla de nuevo sentada en la sala de nuestra casa. —Evelyn…Su nombre se rompe en mis labios, apenas un susurro que se pierde en la habitación. Pero ella no se estremece, no se acerca, no me da tregua.—Vine para hablar.Su tono es firme, contenido, como si estuviera sujetando un océano de distancia de mí. Luego, con un leve movimiento de su mano, señala hacia el sofá.—¿Sabes quién es esta mujer?Su pregunta me toma desprevenido.He estado demasiado absorto en ella, en sus ojos más claros, en su cabello que parece haber atrapado el brillo de
41EvaCuando salí de mi aturdimiento, me alejé de él de inmediato, como si su sola presencia pudiera quemarme.—Aléjate de mí, Magnus —le advertí con voz firme, sin mirarlo directamente.Él abrió la boca, pero no le di oportunidad de hablar.—Solo vine a traer a tu madre porque recuperó la memoria y me contó lo sucedido. Ya puedo irme.Sentencié mis palabras como un golpe de martillo, ignorando su supuesta mirada de dolor. No me importaba. No podía importarme. Me di la vuelta y caminé con determinación hacia la entrada. Un paso. Dos. Tres…Entonces, un tirón en mis pantalones de cargo me detuvo.—No me dejes… no otra vez.El sollozo ahogado de Kasius destrozó lo poco que quedaba entero en mí. Mi corazón se hizo añicos en mi pecho.Me giré lentamente y me agaché hasta quedar a su altura. Su carita estaba bañada en lágrimas, sus ojitos color miel suplicaban con un dolor tan profundo que me dejó sin aire.—¿Quieres venir conmigo? —pregunté en un susurro, con miedo a la respuesta.Kasius
42EvaCuando me guiaron a mi antiguo cuarto, me frené en seco.El aire en mis pulmones se sintió pesado, como si de repente me hubieran sumergido en agua fría.Ese lugar. Ese maldito lugar.No podía entrar allí.—No quiero ese cuarto. Pásame a uno de invitados —ordené sin dudar.La chica frente a mí apretó la mandíbula y, por un segundo, vi la chispa de rebeldía en su mirada. Estaba a punto de poner los ojos en blanco cuando Magnus habló.—¡Haz lo que tu Luna dice! —su voz retumbó en el pasillo como un trueno, helada y afilada.La chica se encogió de hombros y asintió de inmediato.—S-Sí, Alfa Magnus.Sabía que su autoridad bastaba para que todos obedecieran, pero eso no me importaba.—Hay una recámara tan grande como la mía donde puedes estar cómoda —dijo Magnus, esta vez con un tono más contenido, como si midiera cada palabra.No dudé.—Bien. Guíame.No iba a rechazar la oferta. Demasiado tiempo fui menospreciada. Demasiado tiempo fui esclava. Si alguien quería darme algo, lo acept
43EvaCuando regresé a la casa, Magnus me seguía, me agarra la muleca lo que hace frenar mi avance en el pasillo.—Mi madre está muy emocionada con la fiesta de esta noche —dijo, con una sonrisa tranquila, mientras sus ojos se clavaban en los míos, como si supiera lo que estaba por decirme.—¿Fiesta? —pregunté, desconcertada, frunciendo el ceño.—Sí. Para celebrar su regreso —respondió con una calma fingida que no me convenció—. No puedes marcharte, Evelyn. No después de todo lo que ha hecho por ella, ella querrá que estes presente.Era una trampa. Una muy bien elaborada.—¿Cuándo planearon una fiesta? —lo miré desconcertada achinando los ojos con sospecha.—Ayer… —respondió despreocupadamente— después de que te fuiste a dormir, no podía dormir y la encontré en la cocina —se encogió de hombros.Me sentí atrapada. Si me negaba, sería un insulto para Melania, que se había abierto a mí y había sido tan amable. Pero si me quedaba… sería una victoria para Magnus, y no podía permit