34Eva Seis meses después...El sudor resbalaba por mi piel mientras ejecutaba una llave precisa contra uno de los guerreros, enviándolo con fuerza contra la lona.Mi loba no tenia comparación con nadie desde que Escarlata la desató de ese hechizo, pero de todas maneras no dejaba de entrenar.—¡Princesa Eva...! —gimió el chico con voz adolorida— eso dolió.Le tendí la mano con una sonrisa.—Debes cuidar tu derecha —le aconsejé al ayudarlo a ponerse de pie.—¡Van ocho chicos fuera! —anunció Trinity con entusiasmo.—¡Mi hermana es la mejor! —secundó Hans con orgullo.Les sonreí con más amplitud antes de llamar a mi siguiente aprendiz.—Kristen, ven aquí —la llamé y enseguida se levantó, había esperado su turno con paciencia.Mi hija menor trotó hacia mí con una gran sonrisa. Su coleta de caballo se balanceaba con cada paso, y su atuendo—un tutu combinado con mallas y una camiseta de unicornio en tonos rosa, morado y blanco—delataba su personalidad vibrante. Era su vestimenta favorita,
35EvaPor un instante, todo se volvió borroso. Sentí mi cuerpo tambalearse mientras la sangre se drenaba de mi rostro. Un zumbido sordo llenó mis oídos, y puntos negros comenzaron a danzar en mi visión.Escuché el grito de Isolde… o debería decir Melania. Pero en ese momento, nada de eso importaba.Ella no era solo una mujer amable que salvé hace meses atrás, la que había cuidado de mis hijas como una abuela amorosa. No era solo la figura maternal que, de alguna forma, había encontrado su lugar en mi vida. No.Ella también es la madre del hombre lobo que más detestaba en este mundo.Del padre de mis hijos.Del mismo hombre que nunca me respetó, que me destrozó de maneras que aún me costaba verbalizar. El que arrancó de mí cualquier resquicio de dignidad hasta dejarme hecha pedazos.El último pensamiento que cruzó mi mente antes de que todo se desvaneciera fue su rostro, su mirada gélida, su sonrisa cruel.Y luego… la oscuridad me envolvió.***La primera imagen que vi al despertar fu
36SerenaUn elegante bolígrafo dorado bailaba entre mis dedos antes de que lo llevara a mis labios, deslizándolo con suavidad mientras revisaba la red de lobos en mi teléfono. La pantalla brillaba ante mis ojos, reflejando cada nuevo reporte que aparecía.Nada.Ninguna noticia de la sucia esclava.Fruncí el ceño, cruzando una pierna sobre la otra mientras me recostaba en la lujosa silla de cuero de mi oficina en la farmacéutica. Desde lo alto del edificio, las luces de la ciudad destellaban como estrellas artificiales, pero a mí solo me importaba una cosa: Magnus.—Vamos, será mejor que te rindas —dijo Penélope con un suspiro exasperado.Levanté la vista para encontrarme con la mirada de mi mejor amiga, quien me observaba con una mezcla de resignación y fastidio, como si ya estuviera cansada de escucharme hablar del mismo tema.Pero no me importaba.—Penélope, él es el hombre que quiero para mí —dije con firmeza, sin apartar la vista del teléfono—. Fuimos novios desde siempre. ¿Por qu
37MagnusEsa noche estaba revisando el mapa está sobre la mesa, cubierto de marcas rojas y anotaciones que ya he repasado hasta el cansancio. La luz tenue de la lámpara proyecta sombras en los papeles, dándole al cuarto una apariencia más lúgubre de lo que ya es. He revisado cada ruta, cada posible escondite, cada lugar donde alguien podría haber visto a Eve o a mis hijas, pero todo sigue llevándome al mismo punto muerto.Aprieto la mandíbula y respiro hondo. Está en alguna parte. No puede haberse desvanecido en el aire.Tomo el bolígrafo y trazo una nueva línea, buscando una conexión entre los pocos rastros que han quedado de su paso. Casi todos son rumores, especulaciones. Una loba con niños, una mujer que prefiere no dar su nombre. Pero no hay nada concreto.—Dile que quiero verlo —exige una voz chillona detrás de la puerta.Reconozco el tono al instante, pero me niego a prestarle atención.—No está disponible —responde Jonathan, mi guardia de turno, con paciencia.—No me hagas rep
38EvaDespués de hablar con Melania, fui directo al despacho de mi padre, Jasper. Toqué dos veces antes de recibir permiso para entrar. Al hacerlo, lo encontré concentrado en unos documentos. Dentro de poco sería la ceremonia de alfa de mi hermano. Me habían ofrecido la manada, pero rechacé la propuesta. Solo quería tranquilidad: llevar a las niñas al colegio, entrenar y seguir con mi vida. Así me gustaba.Sin embargo, ahora debía regresar, y era mejor planearlo.—Padre, ¿cómo has estado? —pregunté mientras me sentaba frente a su escritorio.—Estoy muy bien, hija, y todo gracias a ti y a esos brebajes mágicos.—No son mágicos —reí—, es medicina experimental —le recordé.—Eso, eso… —rió en voz baja—. ¿Qué te trae por aquí, princesa?Para todos, mi padre era un alfa serio y frío, pero con su familia se transformaba en un enorme oso de peluche.Respiré hondo antes de soltar la noticia.—Regresaré a mi antigua manada.La expresión de mi padre cambió de inmediato. Su rostro pasó por varios
39EvaSalimos de la manada Sombra Carmesí como lo habíamos planeado. El viaje fue rápido, demasiado para mi gusto, porque mi corazón latía fuerte con cada kilómetro que nos acercábamos. Pero mi exterior seguía frío, calculador. Observaba todo con ojos críticos.La manada se veía… bien, a simple vista. Pero si uno detallaba bien, había algo fuera de lugar.La entrada no estaba limpia. Las antorchas estaban apagadas o mal alineadas. Los lobos que caminaban por los alrededores tenían el semblante apagado, las ropas descuidadas, como si llevaran semanas sin preocuparse por nada más que sobrevivir.“Una manada sin Luna está condenada a la ruina” había escuchado esa frase antes y ahora la veía ante mis ojos.Pensé que Magnus habría corregido eso en cuanto me fui. Que habría convertido a Serena en Luna sin perder el tiempo. Pero seis meses después, yo seguía yendo a la cabaña de Escarlata para tomar tónicos que suprimieran tanto el vínculo como mi celo. Y eso me causaba una profunda curiosi
40MagnusEs ella.Es real.Evelyn está aquí, frente a mí, con su aroma inundando mis sentidos y el vínculo rugiendo en mis venas como una bestia encadenada que lucha por liberarse. Mi lobo gime en mi interior, desesperado, ansioso. “No lo dañes esta vez, Magnus.”Su voz en mi mente es un ruego, pero también una advertencia. “No lo haré.”Porque esta vez… esta vez no la dejaré ir.Me bañé tan rápido como y bajé las escaleras de dos en dos para verla de nuevo sentada en la sala de nuestra casa. —Evelyn…Su nombre se rompe en mis labios, apenas un susurro que se pierde en la habitación. Pero ella no se estremece, no se acerca, no me da tregua.—Vine para hablar.Su tono es firme, contenido, como si estuviera sujetando un océano de distancia de mí. Luego, con un leve movimiento de su mano, señala hacia el sofá.—¿Sabes quién es esta mujer?Su pregunta me toma desprevenido.He estado demasiado absorto en ella, en sus ojos más claros, en su cabello que parece haber atrapado el brillo de
41EvaCuando salí de mi aturdimiento, me alejé de él de inmediato, como si su sola presencia pudiera quemarme.—Aléjate de mí, Magnus —le advertí con voz firme, sin mirarlo directamente.Él abrió la boca, pero no le di oportunidad de hablar.—Solo vine a traer a tu madre porque recuperó la memoria y me contó lo sucedido. Ya puedo irme.Sentencié mis palabras como un golpe de martillo, ignorando su supuesta mirada de dolor. No me importaba. No podía importarme. Me di la vuelta y caminé con determinación hacia la entrada. Un paso. Dos. Tres…Entonces, un tirón en mis pantalones de cargo me detuvo.—No me dejes… no otra vez.El sollozo ahogado de Kasius destrozó lo poco que quedaba entero en mí. Mi corazón se hizo añicos en mi pecho.Me giré lentamente y me agaché hasta quedar a su altura. Su carita estaba bañada en lágrimas, sus ojitos color miel suplicaban con un dolor tan profundo que me dejó sin aire.—¿Quieres venir conmigo? —pregunté en un susurro, con miedo a la respuesta.Kasius