30. Lluvia... sin rastro

30.

Magnus

La lluvia cae con fuerza, cada gota estrellándose contra mi piel como un recordatorio de mi fracaso. El olor a tierra mojada invade mis fosas nasales, ahogando el único aroma que realmente me importa.

Perdí su rastro.

Intento calmar mi respiración, pero es inútil. Mi lobo gruñe dentro de mí, su angustia reflejada en la mía. La idea de Evelyn allá afuera, sola con las niñas, me consume. Tantos peligros fuera de la manada. Annie no es una guerrera experimentada. Todos en las manadas saben algunos movimientos básicos de defensa, pero no es completamente obligatorio. Solo Eve sabe pelear. ¿Y si se encuentra con un peligro del que no puede escapar? ¿Cómo saldrán de eso?

Me reprocho una y otra vez por no haber hablado con ella esa noche. Esa maldita noche.

Maté a esos bastardos sin dudarlo, pero no porque fueran su amante. No. Fue porque la tocaron. Porque querían abusar de ella. Porque lo habían hecho antes con otras lobas y yo no lo sabía. No lo supe y eso es inaceptable.

Un gr
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