31MagnusLa lluvia caía sin tregua, empapándome hasta los huesos mientras cruzaba el umbral del gran salón. No me detuve ni un segundo para sacudirme el agua o saludar a Ciro; mis botas dejaron un rastro húmedo sobre el suelo de piedra, pero me daba igual. Había cosas más importantes de las que preocuparme.Apenas entré, cinco pares de ojos se posaron en mí. Cinco ancianos, cada uno representando a una manada distinta, conformaban el consejo que regía bajo reglas ancestrales. Solo el Rey Alfa tenía la autoridad para estar por encima de ellos.Uno de ellos, Ciro, estaba de pie detrás de mí, me rodeó y me dedicó una leve inclinación de cabeza.—Alfa Magnus, buenas noches —saludó con voz grave.—Ciro. —Le devolví el saludo con un leve movimiento de cabeza mientras avanzaba sin pausa—. Buenas noches. ¿Qué te trae por aquí?—Noticias alarmantes sobre esta manada. —Su tono fue pausado, pero firme.Me detuve frente a la mesa de madera maciza donde todos estaban reunidos. Mi ropa segu
32EvaMina corría libre por las praderas, su pelaje plateado brillando bajo la luz de la luna mientras el viento acariciaba su lomo. Sentía la energía vibrante de la naturaleza a su alrededor, la tierra húmeda bajo sus patas y el aroma de la hierba fresca llenando sus sentidos. Se revolcó en el césped con gusto, disfrutando del momento de libertad, hasta que un sonido llamó su atención.Un lobo marrón con manchas blancas emergió de entre los árboles, moviéndose con cautela, pero con una determinación inconfundible. En su hocico llevaba un conejo y, al acercarse, lo dejó caer a los pies de Mina.Ella ladeó la cabeza, observando el gesto con curiosidad. Entendía lo que significaba. En su forma de lobos, cazar y compartir la presa era un acto de afecto, una forma primitiva de cortejo, una manera de decir: te cuido, te protejo, eres mía.El lobo la miró con intensidad, sus ojos reflejando más de lo que sus palabras humanas podrían haber dicho.—Te extraño, nena —murmuró con un tono carga
33Eva—Querida, cámbiate los zapatillas a algo más cómodo, Escarlata vive en lo alto de la montaña —me señaló detrás de ella.—Oh, está bien —respondí, dándome media vuelta para salir corriendo.Cuando estuve lista de nuevo, bajé rápidamente y nos pusimos en marcha, no antes de dejar a las niñas con Annie e Isolde.—Mamá, ¿podemos ir contigo? —preguntó una de ellas con ojitos brillantes, aferrándose a mi falda.—Sí, queremos ir a la montaña también —insistió la otra, saltando en su lugar.—No, mis amores, es un camino largo y difícil. Quédense con Annie e Isolde, ¿sí? Mamá vendrá pronto —les di un beso en la frente.—Pero nos portaremos bien —suplicó la más pequeña, aferrándose más fuerte a mi vestido.—Por favor, mamá, nunca nos llevas contigo a ningún lado —dijo la otra con un puchero, mirándome con sus enormes ojos suplicantes.Suspiré, intentando mantenerme firme.—No es seguro para ustedes —insistí.—Podemos caminar despacio —dijo una, mientras la otra asentía con energía.—Y si
34Eva Seis meses después...El sudor resbalaba por mi piel mientras ejecutaba una llave precisa contra uno de los guerreros, enviándolo con fuerza contra la lona.Mi loba no tenia comparación con nadie desde que Escarlata la desató de ese hechizo, pero de todas maneras no dejaba de entrenar.—¡Princesa Eva...! —gimió el chico con voz adolorida— eso dolió.Le tendí la mano con una sonrisa.—Debes cuidar tu derecha —le aconsejé al ayudarlo a ponerse de pie.—¡Van ocho chicos fuera! —anunció Trinity con entusiasmo.—¡Mi hermana es la mejor! —secundó Hans con orgullo.Les sonreí con más amplitud antes de llamar a mi siguiente aprendiz.—Kristen, ven aquí —la llamé y enseguida se levantó, había esperado su turno con paciencia.Mi hija menor trotó hacia mí con una gran sonrisa. Su coleta de caballo se balanceaba con cada paso, y su atuendo—un tutu combinado con mallas y una camiseta de unicornio en tonos rosa, morado y blanco—delataba su personalidad vibrante. Era su vestimenta favorita,
35EvaPor un instante, todo se volvió borroso. Sentí mi cuerpo tambalearse mientras la sangre se drenaba de mi rostro. Un zumbido sordo llenó mis oídos, y puntos negros comenzaron a danzar en mi visión.Escuché el grito de Isolde… o debería decir Melania. Pero en ese momento, nada de eso importaba.Ella no era solo una mujer amable que salvé hace meses atrás, la que había cuidado de mis hijas como una abuela amorosa. No era solo la figura maternal que, de alguna forma, había encontrado su lugar en mi vida. No.Ella también es la madre del hombre lobo que más detestaba en este mundo.Del padre de mis hijos.Del mismo hombre que nunca me respetó, que me destrozó de maneras que aún me costaba verbalizar. El que arrancó de mí cualquier resquicio de dignidad hasta dejarme hecha pedazos.El último pensamiento que cruzó mi mente antes de que todo se desvaneciera fue su rostro, su mirada gélida, su sonrisa cruel.Y luego… la oscuridad me envolvió.***La primera imagen que vi al despertar fu
36SerenaUn elegante bolígrafo dorado bailaba entre mis dedos antes de que lo llevara a mis labios, deslizándolo con suavidad mientras revisaba la red de lobos en mi teléfono. La pantalla brillaba ante mis ojos, reflejando cada nuevo reporte que aparecía.Nada.Ninguna noticia de la sucia esclava.Fruncí el ceño, cruzando una pierna sobre la otra mientras me recostaba en la lujosa silla de cuero de mi oficina en la farmacéutica. Desde lo alto del edificio, las luces de la ciudad destellaban como estrellas artificiales, pero a mí solo me importaba una cosa: Magnus.—Vamos, será mejor que te rindas —dijo Penélope con un suspiro exasperado.Levanté la vista para encontrarme con la mirada de mi mejor amiga, quien me observaba con una mezcla de resignación y fastidio, como si ya estuviera cansada de escucharme hablar del mismo tema.Pero no me importaba.—Penélope, él es el hombre que quiero para mí —dije con firmeza, sin apartar la vista del teléfono—. Fuimos novios desde siempre. ¿Por qu
37MagnusEsa noche estaba revisando el mapa está sobre la mesa, cubierto de marcas rojas y anotaciones que ya he repasado hasta el cansancio. La luz tenue de la lámpara proyecta sombras en los papeles, dándole al cuarto una apariencia más lúgubre de lo que ya es. He revisado cada ruta, cada posible escondite, cada lugar donde alguien podría haber visto a Eve o a mis hijas, pero todo sigue llevándome al mismo punto muerto.Aprieto la mandíbula y respiro hondo. Está en alguna parte. No puede haberse desvanecido en el aire.Tomo el bolígrafo y trazo una nueva línea, buscando una conexión entre los pocos rastros que han quedado de su paso. Casi todos son rumores, especulaciones. Una loba con niños, una mujer que prefiere no dar su nombre. Pero no hay nada concreto.—Dile que quiero verlo —exige una voz chillona detrás de la puerta.Reconozco el tono al instante, pero me niego a prestarle atención.—No está disponible —responde Jonathan, mi guardia de turno, con paciencia.—No me hagas rep
38EvaDespués de hablar con Melania, fui directo al despacho de mi padre, Jasper. Toqué dos veces antes de recibir permiso para entrar. Al hacerlo, lo encontré concentrado en unos documentos. Dentro de poco sería la ceremonia de alfa de mi hermano. Me habían ofrecido la manada, pero rechacé la propuesta. Solo quería tranquilidad: llevar a las niñas al colegio, entrenar y seguir con mi vida. Así me gustaba.Sin embargo, ahora debía regresar, y era mejor planearlo.—Padre, ¿cómo has estado? —pregunté mientras me sentaba frente a su escritorio.—Estoy muy bien, hija, y todo gracias a ti y a esos brebajes mágicos.—No son mágicos —reí—, es medicina experimental —le recordé.—Eso, eso… —rió en voz baja—. ¿Qué te trae por aquí, princesa?Para todos, mi padre era un alfa serio y frío, pero con su familia se transformaba en un enorme oso de peluche.Respiré hondo antes de soltar la noticia.—Regresaré a mi antigua manada.La expresión de mi padre cambió de inmediato. Su rostro pasó por varios