La manada de Volkov se acercó, el paso de cada uno de los hombres resonando en el suelo con una pesadez palpable. El ambiente, ya cargado de tensión, se intensificó con cada paso que daban hacia Ari. Cinco hombres, contando a Rafael Volkov, la rodearon. Tres de ellos eran Alfas y los otros dos Betas, todos con una presencia tan imponente que casi parecía que el aire se volvía más denso con su cercanía. Y lo más inquietante, todos eran cambiaformas como ella. Ari no podía evitar notar la forma en que sus miradas se deslizaron sobre su figura, con lujuria y deseo evidente. Aunque mantenía su postura firme, una parte de ella se sentía expuesta, vulnerable ante la mirada de aquellos hombres que no veían en ella más que una propiedad para poseer. Sin embargo, Ari sabía que no era una prisionera. No iba a dejar que la domaran tan fácilmente. Rafael Volkov, el líder, observaba la escena con una calma inquietante. Sus ojos, oscuros y penetrantes, se fijaron en Ari con una intensidad que le
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