Kenneth.Tomé su cuerpo frágil en mis brazos. Ella volvió a darme esa mi mirada, y mi corazón dio un vuelco. Caminé hasta mi cama con ella, y la dejé caer sutilmente.Nuestras respiraciones agitadas y calientes se mezclaron al alzarme sobre ella. No entendía porque con otras mujeres me resultaba tan tedioso la jodida posición de misionero, siempre prefería tenerlas sobre mí o en cuatro, dándome una vista agradable, pero con la pelirroja en mi cama, jadeante, solo quería sentirla temblar abrazada a mí, con nuestros pechos unidos, mojados de sudor. Sin duda era mi posición favorita con ella porque se sentía… cómodo.Sus manos rodearon mi cuello una vez que me hundí en su coño goteante y palpante. Mi mano abrazó su cintura como me gustaba hacerlo y la apreté contra mí, empujando mis caderas de abajo hacia arriba con estocadas profundas, lentamente, perdiéndome en su cuello, escuchando sus gemidos, hasta que deposité mi carga dentro.Jadeante, la miré a los ojos. Ella sacudió la cabeza li
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