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31: Permítete enamorarte.
Kenneth.Tratarla como terminaba tratando a las demás, era lo único que venía a mi mente para poder quitarme ese sensación de ansias en el estómago y el anhelo de tenerla incluso cuando ya estaba cerca de mí.Pero entonces había dolor al verla ir, y tampoco quise sentir eso. La estaba hiriendo con mi forma seca de hablarle. No tenía que importarme, pero lo hacía, por eso es que hice lo posible por conseguir la pastilla. Había caminado varias cuadras alrededor de Osprey y no podía creer que no hubiera una jodida farmacia. Entonces, una idea amarga llegó. Tuve que doblegar mi orgullo ante Christian pidiéndole el jodido helicóptero para ir a Miami y comprar los anticonceptivos.Luego, preocupándome demasiado por cómo entregarle todo así de forma seca, compré algunas cosas para ella e incluso una estúpida cajita rosa para meter los anticonceptivos. Ver la caja en mis manos me hizo sentir de nuevo aterrado, entonces mis impulsos me llevaron a llamar a Sasha, la rubia del hipódromo, así que
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32: Repugnante.
Lauren.—¿Está bien, señor Sinclair? —cuestioné mientras lo acomodaba en la silla bajo el toldo.Mi jefe suspiró.—No te preocupes Lauren, es mi culpa. Dejé pasar todo por mucho tiempo. Pensé que algún día le darían una oportunidad, pero me equivoqué.—Me parece que Christian y su amigo Connor son racistas —expresé, todavía con rabia.Estaba decepcionada de Christian. Pensé que el otro día solo me estaba defendiendo de Kenneth, pero esta vez había sentido el odio y veneno en sus palabras, queriendo hacer sentir mal a Kenneth por ser adoptado y su color de piel.Me hubiera gustado restregarle en la cara que estaba siendo follada con gusto por Kenneth todos los días, algo que a él nunca le permitiría.—Debí suponer eso desde hace mucho tiempo —murmuró, con pena.Pero yo todavía tenía tanta rabia. Realmente quería hacerle algo malo a Christian y Connor.—Nadie merece ser juzgado por su origen o color de piel. Además, el color de Kenneth es… bonito.Sentí que me ruborizaba tras decirlo. Mi
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33: Especial.
Lauren.Me sentí abrumada cuando él me metió a la bañera después de ponerla a llenar con agua fría. Casi grité por el ardor, pero luego me relajé. Kenneth me sugirió que no usara jabón, y mi corazón saltó desbocado cuando me ayudó a lavar mi cabello. Por un momento pensé que pasaría algo sexual porque podía ver lo dura que estaba su polla, así que mis manos quisieron tocarlo para que lo solucionáramos, pero él no me dejó.Cuando regresamos a la habitación vi sus intenciones de quedarse, pero se notaba demasiado tenso, así que mencionó esperarme con los demás abajo. Me senté en la cama pensando qué carajos estaba pasando, si no estaba cansado de mí, ¿por qué se había rehusado a tener sexo cuando evidentemente lo quería?La idea de que de verdad estuviera preocupado por mí pasó por mi cabeza, y una chispa de emoción revoloteó en mi interior.Unas tres horas después llegamos a Miami. Boris y Carter se despidieron de nosotros.Al llegar a la mansión mi jefe me pidió que tomara mucha agua
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34: Te lo juro.
Kenneth.Me removí en el sofá, sintiendo unas manos tocar mi pecho.—Lau, la dejé… No la quiero a ella… —mascullé inconsciente.Sin embargo, al no escucharla hablar o seguir tocándome, mi corazón se aceleró. Abrí los ojos asustado cuando escuché los gritos en la habitación de Nailen.La escena era insólita. Aun y maltratada por el ardor de su bronceado, la pelirroja atacaba a Anika con mucha energía, dejándome sorprendido. Ella no era para nada débil cuando era la rabia la que dominaba.La tomé de la cintura pero se volvió loca, me mordió, la solté y en segundos su cabeza golpeó la esquina de la cama.Me arrodillé intentando hacerla reaccionar pero sus ojos expresivos se cerraron, y de repente su boca rosada perdió el color. Sentí que moría.La tomé en mis brazos, sin poder pensar más que estuviera bien.—¡Lauren reacciona! —le rogué, tocando su rostro.Las chicas sacaron a Anika de la habitación, Maira mencionó buscar alcohol, pero cuando sentí una viscosidad brotar de su nuca, supe
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35: Cajita de cristal.
Lauren.Cuando el señor William me soltó, me sentí llena de cariño.—Sabía que su junta con Anika no traería algo bueno —comentó, y limpié sus lágrimas. Me conmovía que se preocupara tanto por mí—. No sé en qué demonios piensa ese muchacho. Hay tantas mujeres, ¿por qué tuvo que perturbar nuestra tranquilidad?Me sentí incomoda por ello. Cambié el tema diciéndole que me quedaría con él, pero mencionó que debía verse con su abogado, que era mejor que yo me quedara en casa a descansar mientras Kenneth lo llevaba.Ellos salieron. Ni Nailen ni Maira quisieron hablarme después de que vimos a Kenneth sacar a Anika de la mansión, pero desayunamos juntas en silencio. Yo estaba tan agotada. Solo subí a mi habitación, escribí a Patrice para saber de mi madre, y su mensaje me sorprendió.Patrice: Preguntó hace unos minutos por ti. Quiere hablarte.Llamé a la enfermera y reconocí la voz de mi madre.—¡Lauren! Cariño, ¿estás bien?Asentí. Pareciéndome increíble. Los primeros dos años ella solía lla
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