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Todos los capítulos de Si tan solo supieras: Capítulo 1 - Capítulo 10
19 chapters
Un pasado que vuelve
ActualidadSídney, AustraliaIanA pesar de resistirnos, hay amores que se quedan anclados en el alma como barcos varados en una orilla olvidada. Quizás porque nunca hubo un adiós real, solo un eco lejano de lo que pudo ser. Tal vez porque la herida sigue abierta, ardiendo con un dolor amargo con el que aprendimos a sobrevivir. O simplemente porque nos cuesta soltar, como quien aferra un puñado de arena, aunque se deslice entre los dedos. Nos aferramos a los recuerdos como si fueran un salvavidas en medio de un océano de soledad, con la absurda esperanza de que el pasado regrese y nos rescate.Pero no es masoquismo. Tampoco es nostalgia romántica. Es algo más profundo, más cruel. Es el silencio que nos ahoga en lo que nunca fue, es el peso de la cobardía, es el miedo a olvidar. Su voz sigue taladrando mi mente, su risa aún resuena en mis noches, y su mirada dulce aparece en los sueños donde desearía quedarme atrapado para no enfrentar la realidad que me devora por dentro. Y su aroma…
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Aun dueles (1era. Parte)
El mismo díaSídneyAmberSupongo que todos, en algún momento, hemos vivido una decepción amorosa. Pero lo verdaderamente desgarrador no es solo perder a alguien, sino la traición del destino cuando te atreves a creer que tu felicidad será eterna. Cuando sientes que nada ni nadie podrá apagar ese amor que parecía invencible… hasta que, en un abrir y cerrar de ojos, todo se derrumba como un castillo de naipes. Es como si el universo te gritara que no tienes derecho a amar.Primero llega la incredulidad, ese instante en que te niegas a aceptar la realidad porque duele demasiado. Luego, la rabia te consume, quema como fuego en las entrañas, convirtiendo cada recuerdo en una daga. La impotencia se instala en el pecho, asfixiante, insoportable. Y después… la resignación. Pero esa última etapa casi nunca nos alcanza por completo. Nos aferramos al pasado, repasando una y otra vez dónde fallamos, en qué momento todo se fue al carajo, por qué no vimos las señales a tiempo. Nos torturamos con p
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Aun dueles (2da. Parte)
La misma nocheSídneyIanNada te prepara para enfrentar tus errores. Puedes haber imaginado el peor escenario, ensayado cada palabra como un actor antes de subir al escenario, repetirte que nada te afectará, que serás indiferente, maduro, fuerte. Pero la realidad es un golpe seco, un puñetazo directo al estómago cuando las heridas siguen abiertas y el dolor, en lugar de menguar, te grita en la cara: idiota. Porque lo eres al pensar que puedes controlar lo que sientes, al creer que puedes mirarla y no quebrarte.Pero te das cuenta de que aún duele. Que su ausencia sigue siendo un eco en tu pecho. Que la herida nunca cerró, solo aprendiste a ignorarla. Que una sola mirada suya es suficiente para desgarrarte desde adentro. Y entonces, el mundo se reduce a una pregunta que te quema la lengua: ¿por qué? ¿Por qué la dejaste ir? ¿Por qué nunca fuiste sincero? ¿Por qué sigue clavándose en tu piel como si nunca se hubiera ido?Y aunque no quieras admitirlo, aunque la rabia te obligue a fingir
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Aun dueles (3era. Parte)
La misma nocheSídneyAmberDicen que nos ilusionamos muchas veces, pero solo entregamos el corazón una vez, a esa persona que logra filtrarse entre las grietas de nuestra vida sin que nos demos cuenta, hasta que un día su ausencia duele más que cualquier golpe. Ahí donde el tiempo se detiene con un roce y una mirada se vuelve un refugio. Donde no tememos rompernos en llanto porque sabemos que alguien recogerá los pedazos y los sostendrá sin miedo.Es ahí cuando entendemos que hemos encontrado a nuestra alma gemela, o al menos, a esa persona que desvirga el corazón con su sola existencia. Quien es tempestad y calma, incendio y abrigo, y con quien se puede abrir no solo el cuerpo, sino también la mente. Porque amar no es solo compartir sábanas, sino también silencios, batallas y cicatrices. Y, sobre todo, es saber, con una certeza visceral, que quieres envejecer con esa persona, ver cómo se marcan sus arrugas y seguir encontrándola hermosa en cada invierno.Son pocos los que pueden dec
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Jugando con fuego (1era.Parte)
La misma nocheSídneyIanEn los negocios, puedes sentarte frente a tu enemigo, medirlo con la mirada, discutir estrategias y al final estrechar su mano en un acuerdo que beneficie a ambos. Pero cuando se trata de una mujer, de conquistar su corazón, las reglas cambian. La diplomacia se vuelve humo, la razón se quiebra, y lo que queda es puro instinto. Dejamos de ser hombres civilizados para convertirnos en bestias, bestias hambrientas que marcan territorio, que sacan las garras con un solo propósito: ganar.Porque en este juego no importa el amor, no importa si ella es feliz o si realmente la haces sentir segura. Para tu rival, no eres más que una amenaza, un intruso que debe ser erradicado antes de que se atreva a quedarse. No es una cuestión de sentimientos; es una cuestión de poder. Para él, perderla no es perderla a ella, es perder contra ti. Y un hombre cegado por su ego prefiere verla infeliz a verla en brazos de otro.Pero no todos somos idiotas. Algunos entendemos que el amor
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Jugando con fuego (2da. Parte)
Dos días despuésSídneyAmberHay momentos horribles, humillantes, vergonzosos, pero sobre todo nefastos, donde desearíamos evaporarnos en el aire con un simple chasquido de dedos, desaparecer sin dejar rastro, como si nunca hubiéramos estado ahí. Son esos instantes donde el caos de emociones nos golpea con tanta fuerza que respirar se vuelve un esfuerzo consciente. Pero si hay algo más dramático y caótico que cualquier otra situación, es el momento en el que ves a tu exnovio del brazo de otra mujer.No es un hecho extraordinario. Pasa más veces de lo que cualquiera podría imaginar, con más frecuencia de la que nos gustaría admitir. Pero lo que realmente importa no es la escena en sí, sino el peso que lleva consigo, la reacción que despierta, el veneno invisible que se cuela en las grietas de nuestra compostura.Algunas mujeres sienten rabia al verlo bien, como si la vida le hubiera dado un premio que no merece. Otras se ahogan en celos, un resentimiento irracional que arde como alcoh
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Jugando con fuego (3era. Parte)
El mismo díaSídneyJosephPara muchas personas, estar rodeadas de lujos y excentricidades nunca es suficiente. Ni siquiera pertenecer a una familia aristócrata lo es si no puedes hacer tu voluntad. ¿De qué sirve tener dinero si eres solo otro ricachón del montón? Un peón más en un tablero donde solo los verdaderos jugadores deciden quién gana y quién desaparece.El poder… ese es el verdadero oro. No importa cuántos ceros tenga tu cuenta bancaria si no tienes la capacidad de inclinar cabezas a tu paso. Lo ideal no es solo comprar voluntades, es moldearlas, hacer que se dobleguen sin que se den cuenta, que crean que siguen su propio camino cuando, en realidad, ya los tienes atrapados en el tuyo. Los rivales no se enfrentan de frente, se eliminan como se arrancan las malas hierbas: con precisión, sin dejar rastros.Y las mujeres… Ah, ese es otro campo de batalla. Siempre hay dos tipos: las que se rinden con facilidad y las que creen que pueden desafiarte. Pero la cuestión no es si caen,
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Aun no te olvido (1era. Parte)
Dos días despuésNew YorkIanDicen que el destino no concede segundas oportunidades, pero cuando lo hace, es un susurro en medio del estruendo, una grieta en el muro del tiempo. Y entonces, ¿qué hacemos? ¿Nos lanzamos al vacío sin paracaídas o dejamos que la duda nos amarre los pies al suelo?Porque si titubeas, si permites que el miedo te apriete la garganta, te condenas a vivir con el eco de las preguntas sin respuesta. ¿Y si lo hubiera intentado? ¿Y si hubiera sido valiente? Esas palabras se clavan como espinas en la conciencia, creciendo como enredaderas hasta sofocarte.Algunos aceptan su jaula de oro, convencidos de que la resignación es sinónimo de madurez. Pero otros, los insensatos, los que aún tienen fuego en la sangre, desafían al destino con las manos desnudas. No huyen, no se conforman. Luchan.Porque hay amores que no mueren, solo esperan en las sombras. Amores que siguen ahí, como un barco encallado en el pecho, resistiendo el paso del tiempo, esperando la tormenta que
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Aun no te olvido (2da. Parte)
El mismo díaNew YorkAmberEl ser humano tiene la manía de cuestionarlo todo, como si la vida misma no pudiera existir sin un porqué. Pero cuando las respuestas no son evidentes, escarba, insiste, busca patrones donde no los hay, porque la incertidumbre lo devora más que la verdad misma. No se conforma con lo que tiene frente a los ojos, no se resigna. La resignación es un castigo que no está dispuesto a aceptar.Tal vez no todo tenga que tener lógica. Tal vez haya cosas que simplemente son. Y es precisamente eso lo que desconcierta, lo que genera esa necesidad absurda de hallar una explicación, incluso en lo inexplicable. Porque la mente no soporta el vacío, porque la duda es un eco que no deja de resonar hasta ser silenciado con certeza.Pero más allá de lo que podemos palpar, más allá de los hechos fríos y objetivos, hay detalles minúsculos, grietas imperceptibles en la superficie de una historia. Y si algo no encaja, si algo parece fuera de lugar, es imposible ignorarlo. Nos impu
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Aun no te olvido (3era.Parte)
El mismo díaNew YorkIanA lo largo de nuestra vida nos cruzamos con muchas personas, pero a muy pocas conocemos realmente. La mayoría son solo sombras que van y vienen, sin dejar huella, sin significar nada. Pero hay otras… otras que se nos clavan en la piel, que se vuelven parte de nosotros, aunque no queramos.Basta un gesto, una mirada profunda, un instante de silencio para descifrar lo que piensan, lo que sienten. Y es jodidamente aterrador. Porque cuando alguien te conoce así, cuando puede leer entre tus palabras y ver lo que intentas esconder, te deja desnudo. Te quita todas las armas, todas las máscaras.Pero incluso con todo eso, con años de conocer sus gestos, sus formas, sus malditas manías… todavía hay momentos en los que te dejan en la incertidumbre más absoluta. No tienes certezas de sus acciones, no sabes si van a abrazarte o a destruirte, si su rabia es odio o solo una forma de disfrazar el dolor. Y eso asfixia. Te consume. Te deja con el corazón pendiendo de un hilo,
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