Llegamos a la casa bastante agotados, había sido un día lleno de aventuras, la pasamos genial, como hace mucho tiempo no lo hacíamos. Nuestros gemelos y la tía Amelia ya nos esperaban, Alex y yo no teníamos hambre, nos habíamos dado un gran festín en el día de campo con el que terminamos nuestro paseo. – Vaya, pero si se les ve muy bien, sus rostros brillan de manera especial, me da mucho gusto que se hayan divertido – exclamó Amelia eufórica. – tenías razón doña generala, salir me hizo mucho bien – contestó Alex bromeando como siempre. – Con que ahora soy doña generala, sólo eso faltaba, aunque pensándolo bien, el nombre me queda genial – sonrió victoriosa. – ¿Por lo que veo no te puedo ganar una? – Dijo Alex. – Pues claro que no, soy una Turner, recuérdalo – contestó ella. – Eso me queda más que claro, tan parecida pero tan diferente al abuelo – señaló. –Somos hermanos, aun cuando ese viejo necio se empeñe en no querer reconocerlo – expresó Amelia. – Eso tarde o temprano tendrá que
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