La crisis de nuestro bebé había pasado, por fortuna ahora se sentía mucho mejor, y eso definitivamente suponía un gran alivio tanto para Elizabeth como para mí, el doctor Andrews había regresado al pueblo, y nosotros nos comprometimos a visitarlo a la brevedad posible. Andrew será un tipo bastante solitario, con un gran corazón, que merecía ser ayudado en todo lo necesario para que esa hermosa causa que lideraba pudiese rendir los frutos por los que tanto se había esforzado. Yo estaba dispuesto a ayudarlo en todo cuanto me fuera posible, pues de esa manera la calidad de vida de los lugareños mejoraría en gran medida. – Vamos amor, se nos va a ir el día, recuerda que el pueblo está a horas de distancia de la isla – le recordé. – Ya voy, no seas desesperado, aún es temprano – contestó. – Pero ya te conozco, tardas horas arreglándote, yo no sé qué hacen ustedes las mujeres que se tardan tanto, nosotros vamos a lo que vamos y listo, pero ustedes, se tienen que ver en el espejo, darse la v
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