Mi esposa parecía una reina, era la mujer más hermosa de la fiesta, bailamos un rato y departíamos con los invitados que nos miraban con admiración. Ella llevaba puesto un vestido rojo ceñido al cuerpo, aún no se notaba el embarazo, por lo que su figura espectacular robaba las miradas masculinas. Eso me causaba un poco de celos, pero a la vez me sentía afortunado de ser yo quien estuviera con semejante belleza. – Luces hermosa esta noche mi amor, pero no me puedo descuidar ni un solo momento, porque tengo a todos estos buitres mirándote Y eso me pone muy celoso, le susurré mientras bailábamos –. – Eres cosa seria mi vida, no pensé que fueras tan celoso, y aun cuando todos me miren, el único que me gusta, que me encanta, es mi guapísimo esposo, al que, por cierto, todas las chicas se comen con los ojos, y eso sí que me molesta, dijo ella–. – A mí sólo me interesas tú, ninguna otra tiene oportunidad, nadie puede competir contigo, porque eres única pequeña, musité con la respiración agit
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