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Los médicos y enfermeras iban y venían, me suministraban toda clase de medicamentos, yo escuchaba las voces a lo lejos, producto de los tranquilizantes que me suministraron, era inexplicable la sensación que estaba experimentando, el miedo de perder a mi hijo me hacía trizas el alma, y por otra parte lo que estaba sucediendo con Alex definitivamente estaba terminando con las pocas fuerzas que me quedaban . Ahora todo estaba en las manos de Dios y de los médicos que incansablemente luchaban por mantenernos estables a ambos, Las horas pasaban y yo seguía sumergida en un letargo que parecía no tener fin, en la sala de espera estaba Alex, acompañado de los abuelos, la nana y el chofer, toda la familia reunida a la espera de noticias. – Esta espera me está matando, ¿que nadie piensa salir a decirnos nada? Dijo Alex visiblemente molesto –. – Tranquilízate Alex, los médicos están haciendo su trabajo, verás que pronto vendrán a informarnos señaló el abuelo –. Alex daba vueltas por todo el lug
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