Llegué a la casa y cuando entré percibí un aura extraña, Elizabeth estaba cabizbaja, se le veía preocupada, me asusté, pensé que algo malo había ocurrido con nuestros hijos así que me acerco a ella para descubrir por qué se encontraba en ese estado. – Hola mi amor, ¿y esa carita? ¿Pasa algo? Pregunté preocupado –. – Mi padre jamás dejará de atormentarme a Alex, hoy me llamó y me dijo que había ido al hospital donde estaban nuestros hijos contestó Elizabeth sumamente angustiada –. – No te preocupes, necesito que le sigas el juego amor, cuando vuelva a llamarte le dirás que le das lo que pida a cambio de qué deje de molestarte propuse –. – Pero no es justo, darle lo que pida es seguir alimentando su manipulación, yo no quiero vivir toda la vida con ese lastre respondió ella –. – Todo será parte de un plan mi amor, así que debes tener mucho cuidado para que no te descubra, Te prometo que muy pronto esta pesadilla terminará le dije tratando de reconfortarla –. Decidí reforzar la seguridad
Definitivamente acababa de vivir uno de los momentos más difíciles de mi vida, a pesar de todas las atrocidades que mi padre había cometido contra nosotros, un sentimiento de profunda tristeza me embargaba, después de todo se trataba de mi padre, y aun cuando nunca fue una buena persona fue la única figura paterna que conocí. Ahora él tendría qué hurgar una larga condena ateniéndose a las consecuencias de todos los errores qué premeditadamente había cometido, no fue fácil recomponerme, debía tomar el valor para contarle a mi abuela todo lo que había sucedido, después de todo se trataba de su hijo y esa noticia no sería fácil de digerir para ella. Fui a su habitación, todavía me causaba un poco de dificultad caminar debido a la cesárea, La abracé con infinita ternura, y le dije que tenía algo que contarle. – ¿Qué sucede hija? Te veo preocupada comentó la abuela –. – Abuelita iré directo al asunto, sé que se trata de tu hijo, pero tú sabes que mi papá es una muy mala persona, hoy fue ca
Me levanté para ir a la empresa como todos los días, esta vez fue un poco más temprano de lo habitual, a Elizabeth le resultaba extraño qué su abuela aún no se hubiese levantado, por lo que decidió ir a su habitación para averiguar qué pasaba. – Espérame en el comedor amor, enseguida bajo, sólo voy por la abuela y estaré contigo en un momento dijo ella –. – Bien princesa, aprovecharé para ir a darles un beso a los gemelos le dije –. – No los despiertes si aún duermen, los vas a mal acostumbrar y después sólo van a querer estar en brazos replicó ella –. – no es justo, a mí me encanta tener cargar a mis peques y tú no me dejas reclamé –. – Ya, deje de discutir señor Turner, voy a ver a mi abuela antes que se haga más tarde amor comentó –. Se aproximó Al cuarto de la señora Rossi, tocó la puerta, pero nadie atendió, comenzó a preocuparse, así que decidió entrar para asegurarse qué todo estuviera bien. Tenía un extraño presentimiento, no era común que la señora Rossi permaneciera dormida,
Elizabeth Dos meses habían pasado desde la muerte de mi abuelita, su partida sería un dolor imposible de superar, no obstante, necesitaba salir adelante, pues llevaba tanto tiempo sumida en la tristeza y eso estaba empezando a provocar un distanciamiento en mi familia. Alex y mis hijos también me necesitaban, y no era justo lo que les estaba haciendo, mi esposo se portó muy comprensivo en todo momento, pero comenzaba a ver en sus ojos un ápice de impaciencia al percatarse Del tiempo que pasaba alejada de ellos. A mi abuelita jamás le hubiese gustado verme en ese estado, al contrario, antes de irse me había dicho qué me aferrara con todas mis fuerzas a la felicidad que estaba logrando construir, Que no tuviera miedo, Y eso es lo que haría. Como primer paso decidí ir a la habitación de mis pequeños gemelos, los tomé en mis brazos y con profundo pesar me di cuenta de que no me recibían con la calidad que yo me esperaba, era lógico, los niños olvidan fácilmente, y al ausentarme, ellos se
Alex. Habíamos llegado a mi refugio, un lugar maravilloso con todas las características necesarias para pasar un tiempo espectacular en compañía de mi hermosa familia, nunca me había atrevido a llevar a nadie aquel lugar, pues lo consideraba mi santuario, un lugar exclusivamente diseñado para mí. Desde muy joven, empecé a recrearlo, y a ponerle todos los matices necesarios para transformarlo a mi manera. Pero ya era momento de dejar atrás el hermetismo y permitir que las personas más importantes de mi vida pudieran formar parte de ese pequeño mundo mágico. Elizabeth estaba maravillada ante semejante vista, se respiraba un aire de tranquilidad que definitivamente le daría nuevos bríos tanto a nuestra relación como a la vida misma. La casa estaba ubicada en una isla cuyo Mar dejaba entrever su inmensidad, el agua tenía un azul inspirador, el nivel de las olas Era Perfecto, la suavidad de la arena hacía que te relajaras incluso con caminar. En ese pequeño santuario podía verse un atardec
Elizabeth. Las horas pasaban, y me encontraba cada vez más angustiada, no sabíamos nada de Alex, aún no había regresado con el médico, la fiebre de mi bebé no quería ceder y eso ya me estaba causando mucho miedo. Había perdido mucho en los últimos tiempos, y no quería que mi bebé formará parte de esa estadística trágica. Me llene de pánico y las lágrimas brotaban de mis ojos sin parar, era como si una vez más el destino jugará en mi contra para enseñarme que la felicidad no se había hecho para mí. Necesitaba calmarme y pensar con la cabeza fría, entender que las cosas simplemente ocurren y ya, pero cuando se trata de los hijos es muy difícil mantener la cordura, pensar con la cabeza fría se vuelve imposible, así que tendría que respirar profundo y pedirle con toda mi alma adiós para que me ayudara en la recuperación de mi pequeño. Lo metí a bañar varias veces a temperatura ambiente, y de pronto recordé un remedio natural que la abuela utilizaba conmigo cuando era pequeña, por fortuna
La crisis de nuestro bebé había pasado, por fortuna ahora se sentía mucho mejor, y eso definitivamente suponía un gran alivio tanto para Elizabeth como para mí, el doctor Andrews había regresado al pueblo, y nosotros nos comprometimos a visitarlo a la brevedad posible. Andrew será un tipo bastante solitario, con un gran corazón, que merecía ser ayudado en todo lo necesario para que esa hermosa causa que lideraba pudiese rendir los frutos por los que tanto se había esforzado. Yo estaba dispuesto a ayudarlo en todo cuanto me fuera posible, pues de esa manera la calidad de vida de los lugareños mejoraría en gran medida. – Vamos amor, se nos va a ir el día, recuerda que el pueblo está a horas de distancia de la isla – le recordé. – Ya voy, no seas desesperado, aún es temprano – contestó. – Pero ya te conozco, tardas horas arreglándote, yo no sé qué hacen ustedes las mujeres que se tardan tanto, nosotros vamos a lo que vamos y listo, pero ustedes, se tienen que ver en el espejo, darse la v
Nuestra visita al pueblo no pudo resultar mejor, todo lo vivido fue extraordinario, el doctor Andrews se veía muy contento por todo lo que Alex estaba haciendo por él y por los habitantes del pueblo. Entre más pasaba el tiempo, más me enamoraba del ser humano con el que me había casado, su forma de ser tan auténtica, tan genuina, definitivamente hacía que mi admiración por él creciera impresionantemente . el regreso también fue muy lindo, llegamos prácticamente al anochecer, por fortuna los gemelos estuvieron de maravilla esta vez, no hubo ningún inconveniente, Magui se había ofrecido a cuidarlos, a ella le encantaban los niños y disfrutaba mucho de poder estar con ellos. Entré al cuarto donde estaban, Alex y Sofí cada vez estaban más grandes, sus mejillas rosadas daban cuenta de lo fuertes y sanos que se encontraban. – espero que los niños no le hayan dado mucha guerra Maggie – Le dije. – para nada Sra., son un par de angelitos, pero eso sí come mucho, si por ellos fuera se la pasarí