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Todos los capítulos de La venganza de la viuda: Capítulo 41 - Capítulo 50
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Solo un milagro
Félix—Te llevaré hasta donde está mi esposa para que escuche de tus propios labios tus sucias mentiras.Félix sentía náuseas. Todo lo que esa mujer había dicho lo repugnaba. Quería vomitar sobre el costoso vestido que llevaba puesto, hacerla sentir el mismo desprecio y humillación que, estaba seguro, ella había infligido a Andrea en el pasado. No entendía cómo su esposa le había dado otra oportunidad a alguien así, alguien que era la personificación del mal, con un rostro hermoso, pero un alma podrida.—¡No puedes obligarme a ir contigo! —protestó ella cuando llegaron a la planta baja, lejos de las miradas curiosas.—Irás conmigo porque necesito librarla de tu influencia para siempre —respondió él con voz gélida—. Eres como un animal ponzoñoso que esparce su veneno, pero Andrea es un alma pura que jamás lograrás contaminar.Aún no comprendía qué ganaba aquella mujer calumniando a su esposa de esa manera. Solo había una explicación: la envidiaba, la odiaba precisamente por su pureza.
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Soy una mala persona
AndreaAbrió los ojos y la intensa luz la encandiló de inmediato. El sonido monótono del goteo de la intravenosa rompía el silencio de la habitación, mientras ella observaba a su alrededor sin atreverse a moverse.—¿Qué pasó? —preguntó con la voz rasposa.Su madre, que hasta ese momento permanecía inmóvil en un rincón, corrió hacia ella con lágrimas en los ojos.—¡Hija! Despertaste.Un dolor punzante recorrió su cuerpo, como si hubiera estado inmóvil durante demasiado tiempo. Intentó enderezarse, pero un agudo pinchazo en el vientre la detuvo. Fue esa punzada la que desató una avalancha de recuerdos que la golpearon con la fuerza de una tormenta.Como si de una película se tratara, cada momento vivido desde su reencuentro con Nel comenzó a reproducirse en su mente. La furia cedió paso al dolor y, en un instante, a la desesperación absoluta.—¡¡Mamá!! —El grito escapó de su boca, primitivo, desgarrador, casi animal. La sensación de pérdida era insoportable. —¡Dime que todo fue una pesa
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Clandestinos
AndreaDesde que salió del hospital y fue a la funeraria por las cenizas de su esposo, Andrea ha permanecido en su recámara, acurrucada en posición fetal. El dolor la inmoviliza, apenas le permite moverse lo indispensable. Se aferra a la almohada con la misma desesperación con la que quisiera aferrarse a la vida que se le escapa entre los dedos.—Voy a pasar —la voz de Cassie resuena a través de la puerta, y un instante después, esta se abre suavemente—. Te traje algo para que comas.Andrea no responde. Siente la boca seca, pegajosa, pues tampoco ha querido beber nada en días. Su cuerpo es un reflejo de su alma devastada: el cabello enredado, la piel opaca, el mismo pijama desde que volvió a casa con las cenizas de Félix. Las profundas ojeras revelan las noches en vela, atormentada por los recuerdos y la impotencia de no poder retroceder el tiempo, de no evitar ese encuentro fatal con aquella mujer que le arrebató su felicidad.—A Félix no le gustaría verte así —insiste Cassie con voz
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El amor que nunca se va
AndreaLas palabras de su tía calaron hondo en Andrea. Esa sería la última noche que se permitiría lamentarse. Al día siguiente, encontraría la manera de reinventarse.Tomó una de las pijamas de su esposo y la roció con su colonia. Luego, la enredó entre sus brazos y se durmió abrazada a ella. Esa noche, por primera vez en mucho tiempo, soñó con él.Como si un filtro hubiera purificado sus memorias, solo los momentos más felices acudieron a su sueño: el instante en que se conocieron, su primer beso, la emoción cuando le propuso matrimonio, el día de su boda, la inolvidable luna de miel y aquella primera grabación para su canal. En su sueño, él la abrazaba con ternura y le susurraba que la amaba con toda su alma, asegurándole que siempre velaría por ella. Pero ahora, era momento de sanar.No sabía si en verdad era él o solo su mente influenciada por las palabras de su tía, pero al despertar sintió algo distinto. Se levantó con un ánimo renovado y lo primero que hizo fue darse una larga
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"Mejores amigas"
Andrea—Sammy, oye, tu programa de hoy fue excelente. El rating alcanzó su nivel más alto hasta ahora. Creo que te espera un buen bono.Andrea sonrió a su compañero, quien lucía entusiasmado. Llevaba ya seis meses en la estación y, poco a poco, se había acoplado a su nuevo trabajo. Además de su labor en la radio, continuaba con su canal de You-Tube, donde su alcance era impresionante. Se podía decir que Félix le había dejado una gran herencia. Al final había adoptado su nuevo nombre, por lo que poco a poco se estaba acostumbrando a que todos la llamaran así.—Con que no me corran, es suficiente. ¿Has escuchado algo sobre el nuevo dueño?Poco después de que Andrea se integrara a la estación, el amable señor Beckmann sufrió un ACV. Su esposa, preocupada por su salud y buscando una vida más tranquila para él, decidió vender sus acciones en la empresa. Andrea la comprendió perfectamente. Las acciones se vendieron de inmediato, y un mes después se anunció que el nuevo propietario estaba a
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La hija de la traición
Andrea—Les agradezco que me hayan acompañado en esta emisión y espero contar con ustedes el día de mañana. Recuerden que esta noche en mi canal, tenemos un nuevo podcast con un gran invitado. Hasta pronto.Andrea se retiró los audífonos y se estiró en su asiento. Con el pulgar arriba, felicitó al programador de controles que la acompañaba y se puso de pie, lista para ir a casa. Justo en ese momento, su teléfono vibró con un nuevo mensaje.“Señorita Sammy, por favor, preséntese en la oficina de presidencia.”Su corazón comenzó a latir desbocado. El momento había llegado. Sus manos sudaban y su rostro empalideció. No era miedo, sino una ansiedad punzante. Sabía perfectamente que no era una locutora profesional; había llegado allí por su esposo. Y ahora, sin importar cuán bien lo hubiera hecho, tendría que enfrentarlo todo.“Vamos, Andrea, tú puedes”, se dijo a sí misma. Inspiró hondo y se encaminó al elevador, presionando el botón del último piso. Mientras ascendía, su mente no dejaba
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Encuentro en el casino
AndreaCuando terminó el programa de la noche, se despidió de su invitado y, sin demorar un segundo más, se retiró del estudio. Nunca imaginó el golpe tan devastador que recibiría esa noche. Al llegar a casa, sin quitarse siquiera la ropa, se deslizó bajo las sábanas y abrazó la almohada que solía usar Félix. Lo necesitaba más que nunca.Ver a Edward allí, en la posición de su jefe, no fue lo más doloroso de la noche. Lo verdaderamente desgarrador fue el rostro de aquella niña. Con un gesto instintivo, acarició su vientre y las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas. Lágrimas amargas, cargadas de pérdida y anhelo. Si tan solo su bebé no se hubiera ido, al menos tendría un consuelo en su triste vida. Pero el destino había decidido otra cosa.Cada vez que Nel aparecía en su vida, algo importante le era arrebatado. ¿Qué mal karma estaba pagando? La pregunta martillaba su mente sin descanso. Aquella noche no pudo dormir. Y al amanecer, con el cuerpo exhausto y la mente deshecha, dec
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¿Por qué no?
Edward—Dígame, Duval.El jefe de Andrea se comunicó con su superior poco después de su conversación con la joven. No tenía certeza absoluta, pero intuía que el señor Klein había desarrollado un interés particular en la nueva locutora estrella de la estación.—Señor, discúlpeme por molestarlo, pero necesitaba informarle algo.Duval tomó aire antes de continuar.—Sammy presentó su carta de renuncia, pero me negué a aceptarla. Le dije que este asunto solo podía resolverlo con usted y, con su permiso, me tomé la libertad de inventar que había viajado al extranjero. Le concedí unos días de descanso. Perdón por no pedir su autorización primero.Edward guardó silencio, escuchando atentamente. Sabía que acercarse a Andrea no sería fácil, pero con cada día que pasaba, la brecha entre ellos parecía agrandarse.—Gracias, Duval. Hizo bien. La llamaré más tarde para darle indicaciones.Colgó el teléfono y se frotó los ojos, tratando de ordenar sus pensamientos. ¿Cómo lograría que Andrea lo escuch
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Ella no tiene perdón
AndreaEsa noche, al llegar a casa, Andrea sintió que el sueño le era completamente esquivo. La imagen de aquella chica desesperada se repetía en su mente, como un eco angustiante. Pero, sobre todo, le martillaba la extraña frase que había pronunciado:"Por confiar en Madame."Con el ceño fruncido, se sentó en el borde de la cama y encendió su laptop. Necesitaba respuestas.Comenzó a teclear con rapidez, buscando toda la información posible. Sin embargo, el pasado de Nel resultó ser un misterio. No había registros previos a su boda, solo noticias sobre su matrimonio, su vida conyugal y, en especial, la fundación que dirigía.Leyó con avidez cada detalle: su establecimiento, su misión, visión, objetivos. Se sorprendió al ver la gran cantidad de mujeres que estaban bajo su cargo y la variedad de ayudas que ofrecía. Seguridad. Oportunidades. Trabajo."Ellos piensan que tengo un buen trabajo."La frase se coló en su mente como un susurro helado. Un escalofrío le recorrió la espalda.¿Qué
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¿Podemos ser amigas?
AndreaDespués que la chica sale, espera un momento para hacer lo mismo. Debe ser más inteligente y sabe que por ahora no puede hacer nada más.Se moja las manos y se toca las sienes que comienzan a punzarle. Aunque ya tenía ciertas dudas, ahora está más convencida de que todo eso de la fundación es una gran pantalla, donde Nel oculta lo que verdaderamente hace: reclutar mujeres para ser vendidas como mercancía. Se supone que también hay niños, así que se siente asqueada de solo pensar que también pudieran estar siendo utilizados de alguna manera.Tocan a la puerta y el sonido la saca de sus pensamientos.—¿Está bien señorita? —La voz del hombre que la acompañó la saca de sus pensamientos.Seca sus manos y sale de ahí.—Estoy bien. Solo que tomé mucho alcohol. Creo que voy a retirarme. —El hombre solo asiente sin decir una palabra y se asoma dentro del baño, asegurándose de que no hay nadie.Ese gesto, le provoca un escalofrío. Si la chica siguiera ahí, tal vez se hubiera metido en un
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