— Hola, Señorita Alonso, me alegro de que haya regresado bien de su viaje.— Por supuesto, vine a buscar a mi esposa, la Sra. Edwards— y el apuesto hombre rubio, parado en sus 1.92 cm, con un impecable traje hecho a la medida azul marino, que resaltaba sus hermosos ojos grises, miraba fijo a una de las mujeres que se encontraban en la reunión.¿El señor Edwards no era un pobre minusválido gruñón en silla de ruedas, de dónde salió este Adonis baja bragas?— ¿Esposa? – Mildrey no podía procesar lo que escuchaba, debería estar en una pesadilla, pero muy pronto se convenció de que no era el caso.— ¡Henry! – Eva reaccionó finalmente levantándose y caminando apresuradamente hacia ese hombre que casi no reconocía.Henry se había hecho un corte de cabello masculino, con un peinado engominado hacia atrás, pero sensual y relajado, su barba había sido eliminada por completo, y solo sus facciones varoniles y frías, quedaban al descubierto.Abrió los brazos, sonriente al ver acercarse a Eva con c
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