Capítulo 2
Los doctores no encontraron nada malo en Carmela, salvo algunos moratones, pero Tatum insistió en que la hospitalizaran para que recibiera los mejores cuidados con un chequeo corporal completo. Leila pasa todo el tiempo que puede visitando a Carmela.

Los rumores sobre ella se han hecho más fuertes que nunca ahora que Carmela ha regresado, y todo el mundo se pregunta cuándo hará Alfa Tatum de Carmela su Luna.

La pregunta no es si lo hará, sino cuándo lo hará. Todos en la manada están seguros de ello.

En cuanto a Leila, ella finge no oír esos cotilleos e intenta no pensar en ello. Solo está contenta de que su mejor amiga, que la salvó hace mucho tiempo, haya vuelto, pero la felicidad no es plena.

Leila conoce la verdad en su corazón y es el dolor que viene con ella lo que la hace seguir viviendo en la negación.

Alfa Tatum ha pasado incansablemente los últimos dos años buscando a su amor perdido y ahora que la encontró, es solo cuestión de tiempo que ella reciba el golpe del rechazo para que su legítima mujer ocupe su lugar.

Sabía que le había robado el tiempo con él y le parecía bien. ¿Pero el bebé? El bebé llegó en el peor momento...

“No puedo creer que hayas pasado por todo eso, Carmi. Gracias a la Diosa por el poder del amor verdadero. ¿Qué hubiera pasado si el Alfa no te hubiera encontrado?”, le dice Tracy, una de las viejas amigas de Carmela en la manada.

Carmela está tumbada en la cama del hospital con los pies estirados sobre el regazo de Leila mientras otras dos mujeres, Tracy y Edna se sientan a su lado.

“¡Claro que la iba a encontrar!” Edna se ríe con Tracy como si Leila no estuviera presente. “Aquella noche reconoció a Carmi como su pareja, ¿recuerdas? El vínculo de pareja lo guiaría”.

Las palabras de Tracy hacen que el corazón de Leila palpite con una punzada, pero mantiene la cara seria.

“¡Cierto! El vínculo de pareja es sagrado”, responde Edna resoplando y señalando a Leila con el dedo en la cara, “¡No es algo que se pueda robar fácilmente!”.

A Leila le tiemblan las pestañas, pero levanta la mirada con calma. Carmela le da unas ligeras palmaditas en la muñeca a su amiga y le dedica una sonrisa de disculpa. Leila le devuelve una sonrisa amarga y niega lentamente con la cabeza.

En los últimos dos años, estas mujeres han dicho cosas peores.

“El Alfa reconoció a Leila como pareja de segunda oportunidad, así que, por favor, deja lo de que soy la pareja del Alfa, ¿vale? Lo pondría en una posición incómoda”, dice Carmela con una sonrisa elegante pero triste, suspirando ligeramente. “Ya perdí mi oportunidad…”.

Sus palabras fueron como aceite y las llamas de la furia de sus amigas estallaron.

Edna pone los ojos en blanco hacia Leila. “¡Ay, por favor, Carmi, eres demasiado amable! Alfa encontró a su pareja hace dos años, ¡¿recuerdas?! ¡Diablos, tú naciste para ser nuestra Luna! Llevas la marca del fénix, ¿no?”.

Leila se asoma tímidamente cuando Carmela acerca dos de sus hermosos dedos hacia su cuello, con pena y felicidad en su rostro al recordarlo.

Así es. La marca del fénix. Su manada ha sido diferente de todas las manadas donde la Luna es elegida cuando el Alfa llega a la mayoría de edad y encuentra a su pareja predestinada. La Luna de su manada es revelada mucho antes, en una profecía al nacer el Alfa. Tatum nació como heredero y su pareja iba a ser la Luna más poderosa de la historia, con la marca del fénix en su cuerpo.

Carmela recibió la marca en la clavícula cuando tenía diez años, justo donde estaría la marca de la pareja.

Y fue entonces cuando todos empezaron a tratarla como la futura Luna. Tatum también. Él ha estado esperando a que cumpliera la mayoría de edad y así hizo. Encontró el olor de su pareja en aquella fatídica noche, sólo que Carmela fue secuestrada antes de que él pudiera rastrearlo hasta ella y ese olor desapareció como si nunca hubiera estado allí con ella.

“¡Hubieras sido nuestra Luna y te hubieras casado con tu pareja si esta ladrona no te lo hubiera robado!”. Al ver la cara de pena de Carmela, Edna estalla.

La cara de Leila se vuelve blanca como el papel. Levanta la cabeza en sorpresa. Sabía que nunca les había caído bien, pero tampoco se habían atrevido a decírselo a la cara, hasta ahora.

Quiere decir algo, cualquier cosa para decirles que no está bien, pero no puede. Porque no conocen su secreto. No pueden saberlo. Ya la odian, y si supieran que en realidad no es la pareja de segunda oportunidad del Alfa, la destrozarían.

“Está bien”. Tracy le da unas palmaditas a Edna con una sonrisa fingida, mirando fijamente a Leila mientras continúa con su supuesto consuelo. “Ahora que nuestra verdadera Luna ha vuelto, el título será suyo, por fin. Tienes que empezar a preparar tu boda con el Alfa, Carmi”.

Carmela jadea, poniéndose las manos sobre la boca para fingir conmoción.

“No, chicas... no tengo intención de convertirme en Lu…”.

Finge una tos violenta, para no terminar su afirmación y señala el dispensador de agua en la esquina de la habitación.

Leila corre rápidamente hacia el dispensador y vuelve con un vaso de agua para Carmela.

Carmela se incorpora y extiende el brazo, pero el vaso se le cae entre los dedos y se rompe, derramándose el agua por todas partes.

“¿Qué haces?”, regaña Edna a Leila. “¿Es que no puedes hacer nada bien? ¡¿Y si derramas el agua caliente sobre Carmi?!”.

“No te quedes ahí como una tonta, busca algo para limpiar este desastre; haz algo útil por una vez”, le grita también Tracy a Leila.

Leila aprieta los dientes ante su falta de respeto y empieza a sentir la ira y necesidad de recordarles su posición.
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