Capítulo 29
Las palabras cayeron como una soga invisible que apretaba el cuello de Sofía, cortándole la respiración. Diego vestía ropa casual de algodón y lino azul marino, su figura demacrada, el cabello completamente blanco y la espalda encorvada.

Sofía abrió la boca, queriendo llamarlo "profesor", pero se dio cuenta de que había perdido ese derecho hace mucho. No lo merecía. Su visión se nubló instantáneamente.

—¡Hola abuelito! —la voz infantil de Patricia resonó como una brisa primaveral— ¿Eres el abuelito Diego del que mamá siempre habla, el destacado educador y brillante matemático?

Diego observó a la adorable y rolliza Patricia, su rostro severo comenzando a suavizarse.

—¿Tu hija?

—Sí, mi hija Patricia —respondió Sofía rápidamente.

—¡Profesor Jiménez, ella resolvió su problema! —exclamó alguien emocionado.

Diego se sorprendió y se dirigió a la sala lateral. Sofía notó que sus pasos eran firmes, no tan débil como Raúl había sugerido.

Frente a la pizarra, Diego observó las fórmulas escritas p
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