CAPITULO 36
Lyall corrió tan veloz que ya casi llegó cerca de la cabaña, tomó la botella de vino y la regó sobre su cuerpo y se lanzó al suelo fingiendo estar completamente ebrio. El guardia había despertado y no lo había encontrado lo buscó y lo encontró tirado profundamente dormido.

—Gran imbécil....no vas a superar los cuernos de tu mujer....deberías estar agradecido de estar libre. —dijo el guardia cargándola al interior de la habitación. Lo dejó sobre la cama cuando escuchó que Belio llegó entrando como un huracán arrasando con todo y entró a la habitación.

—¿Dónde estabas? —preguntó Belio al guardia furioso.

—Estuve con el toda la noche señor, el hombre está completamente ebrio, bebió toda la noche llorando por la esposa. —respondió temeroso de que al decir la verdad Belio acabará con el en ese momento, sabía de su carácter explosivo y prefirió mentir. Lyall no esperaba escuchar esas palabras del guardaespaldas y no comprendió el por qué mintió, estaba seguro de que para salvarlo a él
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