Eva miró el reloj en su escritorio. Era media hora antes de su salida, y el nudo en su estómago se hacía más fuerte con cada segundo que pasaba. Sabía que debía salir de la empresa sin que nadie la viera. La situación con Gabriel había escalado de una manera que nunca imaginó, y necesitaba tiempo para aclarar sus pensamientos. Así que tomó su bolso, se aseguró de que no hubiera miradas curiosas y saliera.Mientras caminaba por el pasillo, su mente estaba en un torbellino.«No puedo creer que Gabriel haya dicho eso frente a todos» pensó. «¿Qué voy a hacer ahora?»La única persona que podía ayudarla a aclarar la situación era Valeria, su mejor amiga. Con manos temblorosas, sacó su teléfono y marcó su número, esperando que atendiera rápidamente.Cuando finalmente escuchó la voz familiar de Valeria al otro lado de la línea, la ansiedad se apoderó de ella.— Valeria, necesito hablar contigo — dijo, tratando de mantener la calma —. Sé que seguro estarás trabajando, lo siento por eso.— Si t
Gabriel sintió que el tiempo se había detenido. Cada minuto que pasaba sin saber de Eva lo llenaba de una angustia que jamás había experimentado. La oficina estaba oscura, iluminada solo por la luz tenue de la lámpara de su escritorio, y el silencio se había convertido en un grito ensordecedor en su mente. Había buscado por todas partes, revisando las cámaras de seguridad y tratando de rastrear su celular, pero todo había sido en vano.Su corazón latía con fuerza, y la preocupación se había transformado en desesperación.— ¿Dónde estás, Eva? — murmuró para sí mismo, sintiendo que el miedo comenzaba a apoderarse de él. No podía entender cómo había dejado que las cosas llegaran a este punto. La imagen de ella sonriendo lo perseguía, y cada vez que la recordaba, la sensación de pérdida se intensificaba.Justo en ese momento, Ben apareció en la puerta, con una expresión grave.— Señor, hemos encontrado estos —dijo, extendiendo ambos celulares hacia él —. El celular de la empresa y su celu
Gabriel no podía permitir que un segundo más pasara sin encontrar a Eva. Cuando llegó al hotel, se detuvo bruscamente y salió del coche, sintiendo que la adrenalina corría por sus venas. Gael lo seguía de cerca, con el rostro serio y decidido.— Espera aquí, mamá — le dijo a su madre antes de entrar al recinto.Gabriel se dirigió rápidamente a la recepción, donde un despachante de hotel de mala muerte lo miró con miedo al ver la determinación en sus ojos. Sin dudarlo, tomó al hombre del cuello y lo levantó ligeramente del suelo.— ¿Dónde está Jason Barut? — preguntó con voz amenazante.El despachante, visiblemente asustado, balbuceó: — No sé… solo sé que un hombre elegante entró con una mujer inconsciente, diciendo que era su esposa.— Es mi esposa — gruñó Gabriel, sintiendo cómo la ira comenzaba a burbujear en su interior —. ¿Qué número de cuarto?El hombre, con voz temblorosa, le dio el número de habitación, y Gabriel no perdió tiempo. Corrió hacia el pasillo, con Gael pisándole los
La habitación estaba oscura, iluminada solo por la luz tenue que entraba a través de las cortinas. Gabriel había estado sentado al lado de Eva, observándola mientras dormía. Su rostro, aunque marcado por el miedo y la tristeza, tenía una serenidad que le daba paz. Sin embargo, a medida que el tiempo pasaba, la fatiga comenzaba a pesar sobre sus hombros. Sabía que debía dejarla descansar, que era lo mejor para ella, y que él también necesitaba un respiro.Con un suspiro, Gabriel decidió que era hora de retirarse. Se levantó lentamente, sintiendo la tensión en su cuerpo. Justo cuando estaba a punto de alejarse, sintió una suave presión en su mano. Eva lo había sujetado. Sus ojos se abrieron lentamente, y una expresión de desasosiego cruzó su rostro.— Por favor, no te vayas — murmuró, su voz apenas audible, pero suficiente para que Gabriel sintiera que su corazón se encogía.— Eva, necesitas descansar — respondió él, sintiéndose nervioso por la cercanía de la situación —. Puedo volver má
Gabriel se despertó de manera abrupta, la oscuridad de la habitación envolviéndolo. Se sentó en la cama, sintiendo el peso de la noche y la tensión acumulada de los últimos eventos. Miró a su lado y vio a Eva, dormida, su rostro tranquilo y sereno. Un suspiro de alivio escapó de sus labios, pero la inquietud seguía presente en su mente.Se levantó, decidido a despejar sus pensamientos. Caminó hacia el salón, cada paso lo acercaba a la realidad de lo que había sucedido. Al abrir la puerta, se sorprendió al ver a sus padres sentados en el sofá, con expresiones de preocupación en sus rostros.— ¿Qué hacen todavía aquí? — preguntó Gabriel, con su característica apatía, aunque una parte de él se sintió incómodo por su presencia.— Te dije que no le gustaría vernos aun aquí, madre — manifestó el menor de los Montenegro.Su madre se puso de pie, junto con Gael, y la preocupación en sus ojos era evidente.— Queríamos saber que todo estuviera bien — dijo ella, su voz suave —. Y decirte que deja
Los días habían pasado en Seattle, y aunque la tormenta parecía haber amainado para Jason Barut, la tensión en el ambiente era palpable. A pesar de que había logrado encontrar un equilibrio, temporal o no, la situación seguía siendo delicada. La prensa había comenzado a lanzar rumores sobre su empresa, afirmando que había caído en quiebra. Pero Jason no estaba dispuesto a dejar que eso lo detuviera.Aquella mañana, Jason se preparaba para una rueda de prensa en la que tenía la oportunidad de desmentir todas las barbaridades que se habían dicho sobre su compañía. Se miró en el espejo, ajustando su corbata con una sonrisa de seguridad.— ¡Jamás! — murmuró para sí mismo, recordando las palabras de su padre. Era un mantra que lo impulsaba a seguir adelante.Una vez en el set, se acomodó en su lugar frente a una variedad exorbitante de reporteros, hambrientos de información.— Bienvenidos, gracias por estar aquí — comenzó Jason, una sonrisa confiada iluminando su rostro mientras se acercab
Eva entró al elevador, frunciendo el ceño al ver que el botón del piso donde vivía ya estaba iluminado.— ¿Será posible? — murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de curiosidad y confusión. Decidió actuar con precaución y, antes de que las puertas se cerraran completamente, ingresó el código de acceso y puso su huella digital. El dispositivo emitió un pitido satisfactorio, y las puertas se cerraron.Cuando el elevador comenzó a ascender, Eva sintió cómo su corazón latía con fuerza.«O sea, que siempre estuvo en su casa.» pensó, y una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Cerró los ojos y luego se rió para sí misma.«¡Mi jefe está loco! Pero debo admitir que me gusta.»Al llegar a su piso, sacó el celular y envió un mensaje a su jefe cascarrabias: “Así que, todo este tiempo estuve a un piso de mi hogar”.Dejó el celular sobre la cama y entró al baño, deseando relajarse después de un largo día. Mientras el agua caliente corría sobre su piel, comenzó a tararear una canción, olvid
Eva se despertó lentamente, sintiendo la calidez del sol filtrándose a través de las cortinas. Se estiró, pensando en levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo, sintió unas leves caricias sobre su mejilla, y al voltearse, lo vio allí, a su lado, mirándola como si ella fuese la cosa más preciosa de este universo.Él no se marchó como solía hacerlo Jason. Él está ahí a su lado.— ¿Estás aquí? — La pregunta salió un poco asombrada. Gabriel frunció el ceño.— ¿A dónde más iría? — Le tocó la nariz —. Ponte cómoda, te traeré el desayuno.Ella se giró para mirarlo, y su rostro se encendió al ver que él se había puesto de pie, completamente desnudo, sin una pizca de vergüenza. Por otro lado, Eva, aún acurrucada entre las sábanas, se cubrió el rostro con las manos, riendo nerviosamente.— ¿Te levantaste demasiado temprano para hacerlo? — bromeó, tratando de desviar la atención de su propia incomodidad.«¡Vamos Eva! No eres una virgen. Tuviste sexo con tu jefe y estás embarazada.» Se reprend