Eva entró al elevador, frunciendo el ceño al ver que el botón del piso donde vivía ya estaba iluminado.— ¿Será posible? — murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de curiosidad y confusión. Decidió actuar con precaución y, antes de que las puertas se cerraran completamente, ingresó el código de acceso y puso su huella digital. El dispositivo emitió un pitido satisfactorio, y las puertas se cerraron.Cuando el elevador comenzó a ascender, Eva sintió cómo su corazón latía con fuerza.«O sea, que siempre estuvo en su casa.» pensó, y una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Cerró los ojos y luego se rió para sí misma.«¡Mi jefe está loco! Pero debo admitir que me gusta.»Al llegar a su piso, sacó el celular y envió un mensaje a su jefe cascarrabias: “Así que, todo este tiempo estuve a un piso de mi hogar”.Dejó el celular sobre la cama y entró al baño, deseando relajarse después de un largo día. Mientras el agua caliente corría sobre su piel, comenzó a tararear una canción, olvid
Eva se despertó lentamente, sintiendo la calidez del sol filtrándose a través de las cortinas. Se estiró, pensando en levantarse, pero antes de que pudiera hacerlo, sintió unas leves caricias sobre su mejilla, y al voltearse, lo vio allí, a su lado, mirándola como si ella fuese la cosa más preciosa de este universo.Él no se marchó como solía hacerlo Jason. Él está ahí a su lado.— ¿Estás aquí? — La pregunta salió un poco asombrada. Gabriel frunció el ceño.— ¿A dónde más iría? — Le tocó la nariz —. Ponte cómoda, te traeré el desayuno.Ella se giró para mirarlo, y su rostro se encendió al ver que él se había puesto de pie, completamente desnudo, sin una pizca de vergüenza. Por otro lado, Eva, aún acurrucada entre las sábanas, se cubrió el rostro con las manos, riendo nerviosamente.— ¿Te levantaste demasiado temprano para hacerlo? — bromeó, tratando de desviar la atención de su propia incomodidad.«¡Vamos Eva! No eres una virgen. Tuviste sexo con tu jefe y estás embarazada.» Se reprend
Jason llegó a su residencia con el rostro demacrado, los ojos llenos de furia y frustración. Había pasado el día lidiando con las consecuencias del incendio en su edificio, y lo que más lo indignaba era saber que Gabriel había sido quien había orquestado aquel desastre. La idea de que su rival, su enemigo, hubiera logrado hacerle tanto daño lo consumía. Y lo más frustrante es que no le temía. Se mostraba como sin nada ante él.Al entrar, su padre lo esperaba en la sala, con una expresión de decepción que hizo que Jason se sintiera aún más abatido.— ¡Eres un estúpido, Jason! — le gritó su padre, su voz resonando en las paredes —. ¿Qué demonios estabas pensando? Ahora debo hacer el trabajo sucio por ti porque no puedes manejarte solo.— ¿Qué quieres que haga, padre? ¡Gabriel es un monstruo! — respondió Jason, apretando los puños con rabia —. Ha arruinado mi edificio y mi reputación. No puedo dejar que se salga con la suya.— Eso no es una excusa. Yo te quemaría vivo si fueses a armar u
Gabriel llegó a su departamento después de un largo día cargado de tensiones y amenazas. Había enfrentado a Jason, lidiado con los planes de Penélope y mantenido su mente centrada en lo más importante: Eva. Con el corazón latiendo fuerte, marcó su número, sintiendo una mezcla de ansiedad y emoción.Al escuchar el tono de la llamada, su mente se llenó de imágenes de ella, de la forma en que lo miraba, de la conexión que compartían. Cuando finalmente escuchó su voz, una sonrisa se dibujó en su rostro.— Hola — dijo Eva, su tono suave y cálido, como un bálsamo para su alma cansada.— Ya estoy en mi piso, cariño — respondió, dejando que la palabra fluyera de sus labios —. Pasaré por ti a las siete. Te llevaré a cenar.La palabra “cariño” resonó en la mente de Eva, llenándola de una calidez que nunca había sentido antes. Era la primera vez que alguien la llamaba así, y su corazón se aceleró.— Está bien. Comenzaré a prepararme — dijo, sintiendo una mezcla de emoción e ilusión.Había pasado
El día siguiente amaneció con una mezcla de nerviosismo y emoción para Eva. Se había pasado la noche pensando en su cita con Gabriel, en cómo se había sentido viva y feliz a su lado. Pero ahora, al llegar a la empresa, la realidad la golpeó. Sabía que su relación con Gabriel no solo afectaría sus vidas personales, sino también su entorno laboral.Antes de entrar juntos al edificio, Eva sintió que todas las miradas estarían posadas sobre ellos. Algunos compañeros la mirarían con curiosidad, otros con envidia. Gabriel, sin embargo, caminaba con seguridad, como si no le importara el murmullo que podría surgir.— Gabriel — dijo Eva, deteniéndose antes de entrar al vestíbulo —. Por favor, creo que deberíamos ir con calma. No quiero correr en la relación ni levantar rumores entre los compañeros.Gabriel la miró con intensidad, como si estuviera evaluando sus palabras.— ¿Y si alguien habla mal de nosotros? Simplemente lo despediré —respondió, con un tono de despreocupación que la sorprendió
El ambiente en la oficina de Gabriel y Eva era diferente ese día. Se sentían cómodos el uno con el otro, disfrutando de su relación a plena luz del día. Las risas llenaban el espacio mientras compartían historias y se robaban miradas cómplices. La química entre ellos era palpable, y a medida que pasaba el tiempo, su conexión se fortalecía.Eva había llegado temprano, emocionada por lo que el día les depararía. Se sentó en su escritorio, revisando algunos documentos mientras Gabriel hacía lo mismo en su despacho. Cada vez que pensaba en él, una sonrisa se dibujaba en su rostro. El sonido del ascensor hizo que ella levantara la mirada.El ascensor hizo el característico pitido y las puertas se abrieron, pero en lugar de Ben, o algún familiar, una mujer hermosa atravesó el umbral. Su cabello rubio y largo caía en ondas perfectas sobre sus hombros, y su presencia emanaba una elegancia que inmediatamente captó la atención de todos en la oficina. Sin embargo, lo que más impactó a Eva fue la
El aire en el baño del piso Gabriel era tenso. Después de la aparición sorpresiva de Leo, Eva sintió que su mundo se desmoronaba. La humillación y el dolor se entrelazaban en su pecho, y estaba decidida a alejarse de Gabriel, a protegerse de cualquier posible herida. Sin embargo, Gabriel no estaba dispuesto a dejarla ir tan fácilmente.— Eva, espera — dijo, acorralándola y sujetándola con más intensidad. Estaba actuando en contra de sus principios. Este hombre no era él, pero ella lo valía —. No te voy a dejar hasta que lo solucionemos.— ¿Solucionar qué? — Replicó Eva, sintiendo que la frustración se acumulaba dentro de ella —. ¿Qué hay que solucionar? ¿Qué tienes una exnovia que se presenta de la nada y me humilla en mi propio lugar de trabajo?Gabriel cerró los ojos.— No sé qué hace aquí, Eve.— No soy estúpida, Gabriel. Si lo que tenemos es solo sexo, házmelo saber, porque estoy cansada de que me vean la cara.Gabriel la miró con una intensidad que la hizo dudar por un segundo.—
La brisa del atardecer se colaba a través de las grandes ventanas del restaurante del hotel, donde Jason estaba sentado, absorto en sus pensamientos de convencer a Leonarda a su plan de recuperar a Gabriel, mientras él luchaba por Eva. Sin embargo, Leo tenía otros planes, aunque eso implicaba hacerlo creer que si lo apoyaba. Se habia dado cuenta de cuan estúpido era el sujeto.«¿Cómo es posible que sea un magnate de gran calibre?» pensó.La luz dorada iluminaba su rostro, pero su mente estaba nublada por la ansiedad. Había pasado días en la sombra de los escándalos mediáticos, y la presión lo estaba consumiendo lentamente. Fue en ese momento de introspección que, de repente, sintió un destello de luz en su dirección. Giró la cabeza y, a través del cristal, pudo ver a un paparazzi apuntando su cámara hacia él. Hacia ellos. La ira lo invadió.— ¡Me cago en tu puta madre! — gritó, levantándose de golpe de la mesa. La silla fue lanzada hacia atrás, cayendo con un estruendo que atrajo la m