La sala de reuniones del edificio central de Jason estaba impregnada de una tensión palpable. Los rostros de los accionistas se mostraban serios, y la atmósfera se sentía cargada, como el aire antes de una tormenta. Jason se encontraba al frente de la mesa, con los brazos cruzados y un ceño fruncido que delataba su incredulidad.— ¿Cómo? ¿Por qué deseas retirar todas tus acciones? — preguntó, su voz resonando en el silencio. La mirada del accionista, un hombre mayor con un aire de autoridad, se desvió de la suya, incapaz de sostener la presión.— No me siento seguro con la empresa en este momento — fue la respuesta que brotó de sus labios, como si fuera una justificación válida.Jason sintió que el suelo se deslizaba bajo sus pies. Después de todo lo que había pasado con el escándalo de su sistema, jamás imaginó que la desconfianza llegaría tan rápido.— ¿Cómo fue que pasó? — inquirió Jason, cada palabra cargada de incredulidad y frustración. En ese instante, la asistente de Jason, un
El amanecer en la ciudad se asomaba entre las sombras, pero para Gabriel, la oscuridad de la habitación era un refugio momentáneo. Su celular sonaba insistentemente, rompiendo el silencio de la mañana. Se giró hacia la mesita de noche, donde la luz del teléfono parpadeaba como un faro en la penumbra. Con un suspiro profundo, tomó la llamada, y en el instante en que escuchó la voz de Ben, su rostro se tornó aún más frío.— ¿Qué sucede? — preguntó, mientras observaba la ventana, que comenzaba a mostrar los primeros destellos de luz. La calma de la mañana se desvanecería rápidamente.— Se ha difundido información de su antigua relación con la señorita Leonarda y han involucrado a la señorita Moretti.Gabriel sintió cómo su respiración se volvía pesada. Con cada palabra, la realidad se tornaba más inquietante.— ¿Qué tipo de información? — cuestionó, incapaz de ocultar la preocupación en su voz.— Las redes sociales, las noticias, diarios, revistas… están estallando con esa información, qu
Leo llegó a la casa de sus padres con la mente agitada y el corazón en un torbellino de emociones. La reciente noticia del escándalo que rodeaba a Gabriel y Eva lo consumía, y no podía sacudirse la sensación de que todo se le estaba escapando de las manos. Su madre, al verla entrar, se acercó rápidamente con una mirada preocupada.— ¿Qué fue todo ese escándalo? — preguntó, frunciendo el ceño —. Parece que ahora Gabriel se ha enamorado de verdad.Leo no respondió de inmediato. Se dejó caer en el sofá, sintiendo el peso de la decepción y la frustración aplastarla, pero no le mostraría eso a su madre. Solo sonrió. Miró al suelo, buscando las palabras adecuadas, pero no las encontró. Después de un largo rato, finalmente habló.— Él vendrá a mí, mamá — dijo con una voz grave y decidida —. Y esa será mi oportunidad para arruinar de raíz su cuento de hadas.Su madre se sintió aliviada por un leve segundo, pero luego su expresión se tornó seria.— No crees que es muy extraño todo esto, ¿verdad
Leo, después de hablar con su madre, decidió que era hora de actuar. Se sentó en su escritorio, su mente trabajando a mil por hora. La idea de que Gabriel estuviera enamorado de Eva la llenaba de rabia, y sabía que no podía permitir que eso continuara. Tenía que encontrar una manera de arruinarlo todo y ella quedarse con el premio mayor.Su madre lo observaba con preocupación. Ella conocía la verdad de lo que su hija había hecho y el por qué se marchó. Conocía con certezas sus fallas y aunque fuera injusto, la apoyó. Pero Gabriel a no era el hombre de antes y si llegase a enterarse de la verdad, sería un caos.— ¿Qué tienes en mente, Leo? — preguntó, rompiendo el silencio.— Voy a hacer que Gabriel se arrepienta de haberse metido con Eva — respondió con determinación —. No puedo dejar que se salga con la suya. Esa mujer no merece estar con él.— ¿Y tú sí? — cuestiono recibiendo la mirada desafiante de su hija —. Tú y yo conocemos tus fallas y déjame decirte que son imperdonables.— Na
El aire en el departamento de Eva estaba cargado de una ansiedad palpable. Había pasado el día trabajando en sus proyectos, pero la sensación de que algo no estaba bien la había acompañado todo el tiempo. Incluso esa sensación aumentó cuando Ben la dejo horas atrás. No tenía noticias de Gabriel. A dónde fue y si está bien. Claro. No debería preocuparse; sin embargo, igual lo hacía.Justo cuando comenzaba a relajarse, el timbre sonó, rompiendo el silencio que la envolvía. Sin pensarlo, se acercó a la puerta, imaginando que podría ser Gabriel, ansioso por verla.Al abrir, se encontró con un hombre que no reconoció, pero le parecía familiar. Su aspecto era imponente, con una mirada intensa que la hizo dudar un instante.— Hola, señorita Moretti. El señor Montenegro me mandó a buscarte para una cena — dijo el hombre, su voz firme y convincente.Eva lo observó con desconfianza. A pesar de su apariencia amigable, algo en su tono la hizo sentir incómoda.— ¿Gabriel te envió? — preguntó, trat
Eva llegó a la majestuosa mansión de Gabriel, sintiendo cómo su corazón latía con fuerza mientras contemplaba la imponente estructura. Las luces en el exterior iluminaban los detalles arquitectónicos, y el aire fresco de la noche le daba un ligero escalofrío. Era más hermosa de lo que había imaginado, y en ese instante, una pequeña parte de ella se sintió aliviada de estar allí. Necesitaba un lugar seguro, un refugio después de todo lo que había pasado.Gael ya estaba afuera esperándolos. Apenas puso un pie fuera del coche, rápidamente se acercó a ella para recibirla. Su rostro se iluminó al verla, y antes de que pudiera reaccionar, la abrazó con fuerza.— ¡Cuñada! Estoy muy feliz de que estés a salvo. Aquí nadie podrá hacerte daño — exclamó, su voz rebosante de alegría.Eva miró a Ben, quien la observaba con una sonrisa de aprobación. Asintió, sintiendo que la calidez de la familia Montenegro comenzaba a envolverla.— Gracias, señor Montenegro — dijo Eva, con tono de gratitud —. Lame
La profunda noche avanzaba y parecía ser que los problemas no acabarían, la atmósfera era densa, cargada de tensión. Eva se encontraba en su habitación, sentada al borde de la cama, sintiendo cómo sus pensamientos se agolpaban en su mente. Gabriel había salido unos momentos para atender un asunto, y durante su ausencia, Eva había tenido tiempo para reflexionar. La conexión que había forjado con él era innegable, pero también era dolorosa.Mientras su corazón anhelaba acercarse a Gabriel, su mente la instaba a hacer lo que debía. La venganza que había estado planeando, la necesidad de hacerle pagar a Jason y Penélope por cada lágrima, por cada humillación, por la muerte de su bebé, era más fuerte que cualquier sentimiento que pudiera tener por Gabriel. El odio corría por sus venas, y la sed de venganza se apoderaba de su ser.El sonido de la puerta abriendo la sacó de sus pensamientos. Gabriel entró, su rostro mostrando una mezcla de preocupación y determinación.— Eva — dijo, su voz r
Los días transcurrieron en la mansión de Gabriel, y un incómodo silencio se apoderó de la atmósfera. Después de aquella conversación en la que Eva y Gabriel expusieron sus sentimientos, decidieron no volver a tocar el tema. Gabriel casi no se detenía a hablar con ella, pero Eva podía sentir su mirada atenta en cada uno de sus movimientos. La distancia emocional se había convertido en una especie de muro entre ellos, y cada día que pasaba, ese muro parecía hacerse más sólido.Era una tarde tranquila, alrededor de las seis, cuando Eva decidió salir al balcón de su habitación. Se sentó en una silla cómoda, rodeada de plantas y flores que le daban un aire fresco. Con un libro en las manos, trataba de escapar de sus pensamientos, de las sombras del pasado y de la incertidumbre del futuro. Pero su mente seguía divagando, atrapada entre el deseo de venganza y el amor que sentía por Gabriel.De repente, el sonido de su celular la sacó de su ensueño. Al revisar la pantalla, notó que era un men