C38 - Fuego.

Eva entró al elevador, frunciendo el ceño al ver que el botón del piso donde vivía ya estaba iluminado.

— ¿Será posible? — murmuró para sí misma, sintiendo una mezcla de curiosidad y confusión. Decidió actuar con precaución y, antes de que las puertas se cerraran completamente, ingresó el código de acceso y puso su huella digital. El dispositivo emitió un pitido satisfactorio, y las puertas se cerraron.

Cuando el elevador comenzó a ascender, Eva sintió cómo su corazón latía con fuerza.

«O sea, que siempre estuvo en su casa.» pensó, y una sonrisa comenzó a dibujarse en su rostro. Cerró los ojos y luego se rió para sí misma.

«¡Mi jefe está loco! Pero debo admitir que me gusta.»

Al llegar a su piso, sacó el celular y envió un mensaje a su jefe cascarrabias: “Así que, todo este tiempo estuve a un piso de mi hogar”.

Dejó el celular sobre la cama y entró al baño, deseando relajarse después de un largo día. Mientras el agua caliente corría sobre su piel, comenzó a tararear una canción, olvid
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